El mundo cambia…
Víctor Ml. Mora Mesén
Director del Saint Francis College
La sociedad democrática ha hecho que el pluralismo ideológico se evidencie con más claridad en todos los aspectos de la colectividad. El fortalecimiento de las instancias de discusión y el desarrollo de los medios de comunicación han producido una conciencia más clara de la necesidad de información para emitir juicios certeros y oportunos. La sospecha por segundas intenciones está siempre presente en el corazón de los individuos que componemos la sociedad actual, porque ha nacido precisamente de la manifestación de lo plural. Se da por sentado que nada es fortuito, que existen intereses y motivaciones ocultas en lo que se hace y se dice. Por eso, hoy se habla mucho de la rendición de cuentas, de la honestidad de los líderes y de la fidelidad a los fines de instituciones de carácter social o político.
Transparencia. Todos hemos tenido que aceptar que, si una organización se afirma como de interés público, debe ser transparente en todos aquellos aspectos que tengan que ver con sus miembros o con sus destinatarios. En especial esto es importante cuando de realidades económicas se trata. Mucho más si estamos hablando de instituciones que tienen su fundamento en la convicción humana, como es el caso de las iglesias, grupos y movimientos religiosos.
No bastan, por tanto, ni un liderazgo institucionalizado, ni la proclama de buenas intenciones. El pluralismo ha traído también consigo la necesidad de la participación, la discusión de ideas, la crítica a la estructura organizacional y el reclamo por carencias sentidas en las expectativas de las personas. Todo ello se ha mostrado en las noticias de los últimos días acerca del funcionamiento de Servicios Pastorales. Esta institución, creada por la CECOR, se percibe en el medio actual como una parte integrante de la estructura eclesiástica y, por ello, como un ente institucional que debería dar cuenta de lo que es y de lo que aporta a aquellos que se sienten miembros de la Iglesia Católica.
La sospecha, como elemento constitutivo de la forma de brindar información en la actualidad, tiene la función social de requerir información y transparencia. Es posible que parezca una intromisión, pero en realidad es parte de una forma de pensar, sentir y vivir. Lo mismo podríamos exigir de los medios informativos, porque también sobre ellos pesa la sospecha de la manipulación, sobre todo en los ámbitos más críticos de la sociedad. Hay que vivir en medio de esta atmósfera, pero hay que hacerlo de una forma nueva, porque no se trata de un ambiente negativo per se, es más bien una oportunidad para comprometer y responsabilizar a todos aquellos que se sienten parte de una misma realidad colectiva.
Nuevo liderazgo. Todo esto para afirmar que el mundo ha cambiado y que la Iglesia tiene que aceptar como positivas las nuevas posibilidades sociales. Se tiene que caminar hacia una nueva forma de ejercer el liderazgo, que supere el anquilosamiento de estructuras que no son más aceptadas por la sociedad actual. Es claro que esto no supone una destrucción ni de la jerarquía ni de los valores propios de la vida cristiana.
Más bien hay que trabajar en la transparencia de una vida vinculada de manera radical al fundamento mismo de la realidad eclesial: Jesús y el estilo de vida de la comunidad que fundó. En fin, no solo se trata de dar cuenta de cómo se manejan los fondos de un organismo administrativo. Se trata de algo más profundo: mostrar de manera convincente cómo se toman decisiones pastorales, económicas e incluso políticas, para ser consecuentes con los criterios evangélicos y del magisterio eclesial; y, al mismo tiempo, promover una participación activa en esa toma de decisiones, de todos aquellos que dentro de la Iglesia quieran ser portadores de la buena noticia de la vida.
periódico La Nación 28 abril 2008.

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