Columna DIGAMOSLO
Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
* Nadie puede caminar si tiene los pies sujetos por grilletes. Ni una embarcación puede navegar si no suelta las amarras y leva el ancla. Así, ninguna nación puede progresar y salir avante si no rompe las cadenas que lo atan a la inercia, la molicie y el atraso.
* Es lo que nos está sucediendo en Costa Rica, desde hace muchas décadas. Los pocos avances que hemos logrado son, solamente, el resultado de débiles rayos de luz que providencialmente nos llegan del exterior.
* Pero estos avances son meramente en el aspecto material. Son dádivas que nos caen del cielo. Pero en lo que debemos avanzar y que realmente nos transformaría en un país moderno y progresista, no lo hacemos, porque eso no se puede recibir por Internet: requiere de la iniciativa propia.
* Una de las cadenas más fuertes que tienen prisionero el espíritu de progreso, de avance, del pueblo costarricense es la que hemos forjado a lo largo de nuestra historia. Me refiero a la maraña de leyes y decretos que nos asfixian e inmovilizan como a moscas en una telaraña.
* Empezando por la Carta Magna, que nació vieja y obsoleta, pues fue clonada en 1949 de la que se redactó en 1871, con muy pocos agregados rescatables.
* Es una Constitución Política obsoleta, que es preciso modernizar totalmente, si queremos tener instrumentos y herramientas legales y filosóficas que nos muestren y demarquen el camino hacia el desarrollo.
* En todos los campos: social, político, económico, cultural, científico, artístico y de todo otro orden. Es un imperativo histórico, ineludible, que no debemos postergar más.
* Hay material de sobra como base para empezar. En los archivos de la Asamblea Legislativa y en varias publicaciones existen interesantes proyectos de una nueva Constitución Política.
* Entre otros, recuerdo el que presentó el doctor Walter Coto Molina, con muy interesantes propuestas y otro del doctor Rubén Hernández Valle, hermano de quien escribe.
* Y otras reformas constitucionales aisladas, como aquella que propendía a exigir que la Asamblea Legislativa avalara o no los nombramientos de embajadores costarricenses, previo examen de sus atestados y de la comparecencia de los candidatos ante el parlamento, para su interrogatorio.
* De esa manera, el país no correría el riesgo de verse representado, en el exterior, por funcionarios no capacitados en los tejes y manejes de la diplomacia y sin una cultura general y experiencia acordes con la dignidad de tan elevado cargo.
* Digámoslo: ¿Tenemos que esperar una nueva guerra civil para atrevernos a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, o podemos hacerlo en tiempos de paz?
periódico La Prensa Libre 29 abril 2008.

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