LA RONDA DE LOS LIBROS
Alfonso Chase
Al sur de la frontera, al oeste del sol
Haruki Murakami
Tusquets Editores, 2007
En la reciente Feria del Libro de Bogotá, dedicada a Japón, el éxito de los libros de Haruki Murakami (Kioto, 1949) fue fulminante, en sus dos versiones editoriales: tapa dura y libro de bolsillo, en un total de seis títulos, los cuales ya habían empezado a circular a partir de 2001, que lo convirtió en un autor de éxito, y para algunos en un escritor de culto, habiendo recibido los más destacados premios literarios de su país y traducido ya a más de 15 idiomas, en un insólito suceso internacional. Particularmente, en esta novela logra el autor la extrema perfección formal de escribir una historia de amor, desdichado, en esos puntos de encuentro y divergencia, al amar a dos mujeres diferentes, ambas misteriosas, en referencia a su percepción de ellas, una ubicada en la adolescencia, recuerdo, nostalgia, misterio, y otra, la esposa, en el quehacer cotidiano y en el silencio que dimana de una intimidad sin fantasías, al menos hasta casi el fin de la historia.
Las obras de Murakami siempre perfilan muy bien la historia y sentido del narrador, del cual sabemos casi todo, aunque muchas veces se altere la historia por nuevos descubrimientos, situados en el sutil mundo de los recuerdos o los símbolos, como en el caso de este narrador, Hajime, cuyo nombre significa ‘principio’, en japonés, y del cual parte la singularidad de su historia, rodeado todo —así lo entendemos— por los propios escarceos autobiográficos del escritor, quien ha sido traductor, dueño de un club de jazz, obsesivo acumulador de datos perdidos, que hace que los hados, la fortuna y la casualidad lo empujen muchos años después de sus aprendizajes en brazos de su primera mujer, Shimamoto, especie de imagen recurrente, de amor carnal suspenso sobre la imaginación, y la presencia de su esposa, Yukiko, que lo retrae a la vida real y al amor fundado en la certidumbre.
Pero la novela no es solo la historia de un conflicto amoroso, sino un regreso a lo furtivo sentimental, recobrado por la imaginación, o por la realidad, que le permite hurgar en el pasado y descubrir los rostros de las mujeres que amó y ama, mientras su conciencia avanza hacia la madurez.
Lo importante no solo es la historia, hay muchas otras como esta, dispersas en la historia de la literatura, sino también la secreta profundidad de quien escribe, con sutileza pero con audacia, buscando en la memoria aciertos y retazos de un mundo que ya no existe, pero prolonga su presencia en un hombre de mediana edad, con un universo estructurado en su matrimonio.
La capacidad de Murakami de lograr efectos de gran calidad literaria se hallan presentes en las escenas de encuentro consigo mismo, los elementos bizarros de un erotismo —diríamos, a la japonesa— con extraños comportamientos de moral sexual, que implican la negación, pero también la sustancia de los cuerpos en el deseo de lograr el amor físico total, que en esta novela queda en suspenso por la increíble naturaleza de Shimamoto, y con ella las otras mujeres que el personaje central conoció, algunas entrevistas por la casualidad, completamente diferentes a como fueron o habrían sido.
Tokio Blues:
Norwegian Wood
Haruki Murakami
Tusquets Editores, 2008
Una de las primeras novelas de Haruki Murakami, de 1998, en su cuarta edición, y también una de las iniciales, conocidas en español, que lograron interesar a múltiples lectores y fijaron al autor en los gustos de sus admiradores.
Otra historia de dos a tres, donde la canción de los Beatles que le da nombre tira al personaje sobre el pasado, para buscarse en el recuerdo, mientras aterriza en el aeropuerto de Hamburgo, donde la audaz cultura del escritor se pone a prueba al lograr percibir —y lo hace discretamente— al mundo como si fuera una pintura, y donde los sentidos: oído, ojos, gusto, gestos, tienen un papel fundamental en la construcción de la obra, que le abriera paso hacia lectores fieles, entre los iniciados, o perceptores unos pocos esnob, entre los que lo compran por estar al día y conocer, por medio de la literatura, lo que les gustaría que fuera la novela de su vida.
Como en todas las novelas de Murakami, los elementos son presuntamente autobiográficos y el autor coloca fechas de los años 60 —1969 por ejemplo— para dar paso al tiempo, 20 años, que se acerca y dispone sobre la memoria, siempre con un extraño trastorno que lo saca de su ámbito y lo remite al pasado.
Esta novela es también una obra de formación y aprendizaje, en esa salida de la adolescencia hacia una supuesta madurez, donde las relaciones personales, su amigo íntimo, la novia de este, conforman un marco cronológico en el que la belleza de la época se combina con los sentimientos y los recuerdos, para dar forma a una obra en la que la melancolía tiene un papel protagónico, luego del suicidio de su compañero y la variable relación que se establece entre Toru Watanabe y la ex novia, y la aparición de otra mujer, que trunca cualquier destino conjunto.
Midori tiene un papel muy acertado en la historia y los recuerdos, no solo por su belleza, sino también por el diálogo que se establece entre el personaje, ella y el mundo.
Es una novela de melancolía, construida por recuerdos, crecimiento del espíritu y presuntamente de las afinidades electivas, que hacen que entre ambos se establezca un mundo especial, construido con trascendencias y asuntos que hacen que la obra no sea solo otra novela de sentimientos.
Es una historia de jóvenes, por la cual podemos rastrear los rasgos culturales de la época, el pensamiento femenino en las actuaciones de Naoko, Reiko Ishida, Midori y los profundos escarceos afectivos y sexuales entre el protagonista y ellas, con esas historias de Murakami, siempre teñidas de misterios, encuentros, silencios establecidos, confesiones y la muerte cimbrando entre todas las palabras.
Pienso que es una novela fresca, estructurada sobre los recuerdos, lo que pudo ser, donde el sentido de tristeza del blues, en los años 60 en Japón, nos permite entender la fuerza de la cultura universal y la simultaneidad de los sucesos en todos los otros países del mundo.
Crónica del pájaro
que da cuerdo al mundo
Haruki Murakami
Tusquets Editores, 2008
Escrita a mediados de los años 90, editada en japonés en 1994, y en español en 2001, en una cara edición, puede el lector acceder ahora a esta edición, en formato de libro de bolsillo, que empezó a distribuirse en febrero de este año y que fue, o es, uno de los libros más vendidos en la Feria del Libro de Bogotá.
En la obra que abre, para el autor, el ciclo de novelas por las cuales se intenta proyectarlo hacia el Premio Nobel, desde hace casi una década y en mi criterio es la más experimental, aguda, radical de todas las obras de Murakami, aceptada como lectura por múltiples personas, aunque en verdad no la hayan terminado nunca, y casi biblia de indagación sobre la modernidad por los fans de esta obra singular, que da comienzo con una misteriosa llamada que abre la novela hacia un sentido del trastoque, la creación de seres singulares, la explosión verbal, los acomodos y desquicios a que nos tiene acostumbrados este autor ya celebérrimo, donde una imaginación desbordante, sin embargo, estructura una obra en tres partes y 900 páginas, que uno no puede dejar de leer de una sola sentada, kilométrica en horas, imposible de cuantificar en palabras la saga de Tooru Okada y sus transformaciones.
La historia tiene múltiples argumentos y los personajes son cambiantes, como la vida misma, de acuerdo con las circunstancias. Los detractores de Murakami dicen que ha encontrado la fórmula para escribir como si fuera una receta de cocina, dando forma a un universo dentro del cual cabe todo: los sentimientos personales, las fobias, la música occidental, la gastronomía japonesa, la extravagancia de personajes al borde de la enajenación, o más allá de ella, con frases remarcables que definen el tiempo psicológico, la heredad de una clase social con contradicciones, más la historia dentro de la historia que se novela, con personajes que escapan a cualquier clasificación, al menos en esta obra, que también mezcla la intriga policial, el crimen, las ideas esotéricas, pero todo planeado con perfección, buscando crear un mundo que al parecer es inolvidable, tal como sucede con las historias previas de Carver, Falinger, Fante o del chileno Roberto Bolaño, que permiten que se escriban pastiches abominables, para ser pasados por “influencias” en autores más recientes, pero que no pueden igualarse con los originales.
Los signos culturales internos de los personajes de esta novela nos permiten entender cuánto ha permeado la cultura occidental en las nuevas generaciones japonesas, y también la presencia de las tecnologías en la configuración en la manera de actuar ellos en referencia a la sociedad.
En esta novela se puede apreciar la belleza llevada a su límites, las relaciones ambiguas entre los seres humanos, la desgracia entre personas que alguna vez se amaron, el odio establecido a consecuencia de traumas irresolubles, que muchas veces toman la herencia del humorismo para defenderse en su vulnerabilidad. Es cierto que todas las partes de esta novela encontramos algo así como un realismo fantástico, como siempre ha existido en la literatura, pero despojado de cualquier adorno de color local, a lo tropical, para que accedamos a una nueva propuesta narrativa que viene a transformar todo lo que conocemos de lo que se escribe actualmente, donde la tragedia asume la máscara de la farsa, y la infelicidad sea, es y será un acceso a la nostalgia, con los toques eróticos que el autor nos brinda, de una manera colorida, hermosa, íntima, pero acercándonos a los límites del deseo más profundo.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 1 mayo 2008.

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