Columna ESAS COSAS RARAS
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
Hay jóvenes que lo quieren todo fácil en la vida. Si bien es cierto que la huelga promovida por la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) afectó a los estudiantes que deben enfrentar en noviembre los exámenes de bachillerato, sin ser ellos causantes de ese lapsos perdido, muchos alumnos celebraron la pérdida de clases.
Claro está, cientos de jóvenes buscaban también sacar tajada en el asunto: obligar a las autoridades de Educación Pública a suspender los exámenes de bachillerato. El objetivo es ese, o bien al menos replantearlos, hacer que no abarquen toda la materia o cambiarlos por un trabajo de grupo.
Viéndolos manifestarse frente a la Asamblea Legislativa me pregunto ¿cómo harán estos estudiantes del Liceo de Costa Rica o del Colegio Superior de Señoritas para enfrentar los desafíos del futuro?
No se trata tampoco de atropellar los derechos de cada estudiante, quienes ciertamente resultaron afectados con el periodo de huelga de los educadores. Yo fui estudiante de una escuela pública y también temí no aprobar algún examen.
Soñaba con que eliminaran el bachillerato y no ocurrió. Hoy me siento más vencedora al no haber necesitado prescindir de ellos para ser hoy una profesional. Gané las pruebas académicas y superé el temor. ¡De eso se trata!
La actitud de los estudiantes debe ser otra. El desafío debe replantearse entre jóvenes y profesores.
Cambiar de fecha los exámenes, asistir a más horas de clase o ir a clases de recuperación como le llamábamos en mis años de escuela a las horas de más que dedicábamos a la materia que nos costaba un poco.
Pero en este caso, el remedio que sugieren es el portillo que cientos de jóvenes por años han deseado. ¡Que quiten los exámenes de bachillerato! Concederles ese beneplácito es una alcahuetería.
No digo con ello que los exámenes son la mejor manera de calificar el rendimiento de un estudiante. Ese es tema de psicólogos y pedagogos.
Pero, si se quiere ser un profesional de éxito en nuestros días, hay que ser competitivo, estudiar e incluso trabajar bajo presión. Si no preparamos a nuestros estudiantes para enfrentar grados de estrés, no los estamos preparando para la realidad.
Así es que los alumnos en lugar de organizarse para no ir a clases y reclamar por el tiempo que perdieron durante la huelga de profesores, deberían estar estudiando. A fin de cuentas entre compañeros y aulas, también se encuentra tiempo para el recreo.
Por cierto, el mes de abril terminó con
aguacero. Sin vino tinto y sin serenata. Terminó también sin cuartos de mitades. Y con escándalos nuevos en la opinión pública. Atrás quedo el tema de las FARC y los 480 mil dólares encontrados en Santa Barbara de Heredia.
Como en el silencio yace ahora la nueva Ministra de Seguridad, ante tanta demanda por inseguridad en las calles.
periódico LA Prensa Libre 2 mayo 2008.

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