La tarea del héroe
Memorable ‘El clavel negro’ recuerda la conducta solidaria del diplomático Harald EdelstamCineLa tarea del héroe
Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com
El cine de militancia política parece haber recuperando parcialmente el protagonismo que ostentó durante los años 60 y 70, a pesar de las reservas de un nutrido sector de la crítica inclinado hacia el cine de autor contemporáneo.
De la generación de cineastas caracterizada por una estética realista y comprometida, destacan aún las figuras de Gianni Amelio, Constantin Costa-Gavras y Ken Loach, galardonado recientemente con la Palma de Oro del Festival de Cannes por la película El viento que mece la cebada (2006).
Recientemente, el director sueco Ulf Hultberg se ha perfilado como un candidato meritorio para ingresar en la pequeña cofradía del cine comprometido, gracias a El clavel negro (2007). El filme, que ha sabido hermanar las buenas costumbres del documental con los malos días del totalitarismo político, fue estrenado en tierras europeas el 11 de septiembre del año pasado, por razones muy lejanas a la simple y caprichosa casualidad.
Recurrencias. Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. El golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet conduce a la muerte del presidente Salvador Allende. Los dramáticos y decisivos acontecimientos de aquellos días quedan registrados detalladamente en La batalla de Chile , documental dirigido por Patricio Guzmán y compuesto por tres episodios, estrenados entre 1975 y 1979.
Tres años después, el director Constantin Costa-Gavras filma Desaparecidos (1982), película precisa y conmovedora, obra modelo del llamado ‘ thriller político’, que estimula entre la cinefilia internacional el debate sobre la dictadura chilena.
Por su parte, Ulf Hultberg sigue de cerca las lecciones del cineasta griego y, con El clavel negro, erige una apología cinematográfica por la resistencia y el compromiso político.
El telón de fondo es de nuevo la ciudad de Santiago durante los días posteriores al golpe de Estado. El protagonista es Harald Edelstam, el embajador sueco que arriesga su vida y salva de la muerte a más de un millar de personas.
En apariencia, Edelstam es un diplomático como cualquier otro, enviado al extranjero con la misión de repartir sus días entre la firma de documentos y el consabido brindis por la paz del mundo. Sin embargo, su conciencia lo empuja a descubrirse como una figura decisiva en medio de la conmoción que estalla a su alrededor.
Vidas ejemplares. La tradición occidental propicia la visión del héroe como un ser dotado de características singulares, que lo diferencian decididamente de sus congéneres. Esta perspectiva ha prevalecido y prevalece hasta hoy en el biopic, término que deriva de la conjunción de las palabras ‘biographical pictures’.
Así puede comprobarse en los numerosos filmes hechos sobre las vidas de Alejandro Magno, Napoleón, Lenin o Hitler.
Durante los últimos años, la tendencia ha cedido algún terreno al descubrimiento de los héroes anónimos, mucho más cercanos en su caracterización a nuestra cotidianidad, aunque provistos de una determinación que los induce a actuar de forma decisiva en circunstancias especiales.
Como la película fundadora de esta variante, usualmente se considera a La lista de Schindler (1993), filme que recuerda al empresario que rescató de la muerte a más de mil prisioneros judíos. Algunos cinéfilos esforzados han encontrado un precedente clásico en El diario de Ana Frank (1959), dirigido por el injustamente olvidado George Stevens.
El modelo sugiere una cierta continuidad: Hollywood prepara otro biopic de rasgos similares a La lista de Schindler y El clavel negro , sobre la polaca Irena Sendler, quien salvó a más de dos mil niños del Gueto de Varsovia.
Simetrías. Ulf Hultberg es un cineasta formado en los territorios del documental, aunque quizás deba considerarse más bien un retratista que ejerce el oficio del cineasta. Su anterior largometraje , titulado La hija del puma (1994), despliega el esbozo biográfico de la activista guatemalteca Rigoberta Menchú.
Las simetrías entre La hija del puma y El clavel negro residen además en la búsqueda de una imagen realista, lo que lleva a Hultberg a filmar la primera película en los campamentos ubicados en Chiapas, y a proponer el rodaje de El clavel negro en aquellos lugares donde ocurrieron los hechos representados.
Esta particularidad confiere al filme desarrollado en torno a Edelstam, una atmósfera densa, en algunos pasajes incluso fantasmagórica, lo que resulta particularmente notorio en las secuencias filmadas en el Estadio Nacional chileno, donde los militares concentraron a miles de opositores, quienes luego fueron torturados, murieron o desaparecieron.
Paradojas. Conforme avanzan los primeros días de la férrea dictadura de Pinochet, Harald Edelstam se desprende de su confortable traje de diplomático y redescubre su excepcional espíritu solidario. La ecuación es sencilla: el embajador ayuda a escapar de la muerte a miles de latinoamericanos, hasta el punto de quedar fuera de los códigos de lealtad dictados por su país.
De esa manera, Edelstam pierde su patria a la vez que reconquista su dignidad. En la aceptación de esta paradoja descansan su impetuosa tarea y su condición de héroe.
¿Qué mayor pertinencia se le puede pedir a un filme como este, en tiempos en que el ejercicio diplomático se parece demasiado a una compra y venta de rango internacional? ¿Quién encuentra las siete diferencias entre los postulados de la diplomacia contemporánea, y aquellos intereses que regían el turbio universo de Por unos dólares más (1965)?
Con El clavel negro, Ulf Hultberg ha dirigido un filme de clara vocación solidaria y humanista. “Demasiado humano”, dirán seguramente aquellos cinéfilos acostumbrados al preciosismo hueco de la alta industria cinematográfica. “Demasiado escaso”, dirán, satisfechos, aquellos espectadores que disfrutan de las paradojas y del cine que invita en igual medida al pensamiento y al compromiso.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 1 junio 2008.

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