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RESONOCO

06/06/2008 GMT 1

Obama, el escribiente

marfuerte @ 02:34

Alfonso Chase
El senador Barack Obama es un caso. Una especie de trayectoria, cumplida, de los afroamericanos para convertirse en reales americanos, con todas las raíces culturales penetrando a un país que es el más joven del mundo, y el más viejo en las culturas, por las migraciones que llegaron al través del tiempo y cuna de las luchas por los derechos civiles, la libertad de expresión y movimiento y contra los prejuicios raciales, en los sectores más combativos y cultos de su pueblo.

El caso Barack Obama hay que verlo desde múltiples ópticas. Es un auténtico afroamericano de este tiempo, ya que su padre pertenece a la etnia luo de la diáspora keniana, y su madre es una “americana blanca”, para hablar en términos que se manejan soterrados, pero son reales y, creado por padres blancos, fue a escuelas y universidades de renombre y su trayectoria política es brillante, límpida, impulsada por su voluntad de pertenecer a la representación política de Estados Unidos, dueño de una lúcida manera de expresarse, con una retórica oratoria que lo proyecta como dueño de ideas, y conocimiento, de las aspiraciones de su electorado. La historia de Obama está escrita por el propio Obama, según dijera el New York Times hace unas semanas, porque parte de los detalles de su formación hasta en los últimos discursos y en el campo formal de su lucha por una aspiración presidencial al descubierto. Todo esto tiene un halo de sinceridad, rayana en la audacia, cuando toca temas muy específicos sobre la vida norteamericana, que produce controversia y crispaciones, en una sociedad que podríamos ubicar antes como profundamente conservadora, pero que en el segmento de los demócratas, y los independientes, se trasluce ahora como más liberal, en el sentido en que se le da en esa nación, que no tiene que ver, para nada, con los neoconservadores que hacen gobierno bajo la máscara del neoliberalismo.

Su crecimiento político, su proyección nacional e internacional, se define en el sentido de ofrecer su propia historia como elemento sustancial para captar votos, con una naturalidad que asombra, con encanto de tener 46 años, querer ser Presidente y tener ideas que se escapan de lo convencional a la franqueza de vivir en el siglo XXI, y no en una chabola del pensamiento. La audacia de la esperanza, el título y el tema de su discurso, lo hacen decir cosas, y referirse a temas, que desde cuando tenía 28 años le preocupan, y que se refieren a asuntos sociales, oportunidades para todos, las relaciones interraciales, y la búsqueda de sus orígenes en las dos vertientes: la africana y la norteamericana, en ese mestizaje que lo define como un hombre de su tiempo. Los libros que ha escrito, no todos publicados, le dan permitido pasar de los primeros 10 mil lectores a ser leído por millones, ahora, y en ediciones de bolsillo, según esperan sus amigos y editores. La vida del precandidato no ha sido un lecho de rosas, aunque sí más fácil que la de muchos otros afroamericanos. Pero el milagro real de este hombre ha sido sentirse, ser, vivir como un norteamericano, que es lo que significa su vida, al igual que los múltiples irlandeses, alemanes, vietnamitas o hispánicos que han hecho de ese país el entorno natural para desarrollar su vida, combatir los prejuicios étnicos y darle a su existencia un destino concreto. ¿Enemigos? Los tiene y son legión. Desde los que adversan su “audacia”, como miembro de una comunidad específica, hasta los que desde el punto de vista de sus intereses creen que Barack Obama tiene opiniones demasiado divergentes sobre lo que son, y deben ser los Estados Unidos, en su fuero interno o en su política internacional o los manipulables sectores clientelistas, de origen hispano, que se siente sobrinos del Clan Clinton, y perciben que podrían ser desplazados en el interés político, hasta llegar a los extremos: aquellos que señalan el pensamiento del precandidato como cercano a los comunistas o al pensamiento islámico, en ese disparador de ideas con el cual se busca aniquilar al adversario.

Un punto de partida para analizar el caso Obama puede ser su herencia idiosincrática, que lo remite a las grandes luchas contra los prejuicios raciales a partir de la década de los cincuenta, que abrieron portillos para la integración, hasta la existencia hoy de una gran burguesía afroamericana, cercana a los cristianos fundamentalistas, cuya alianza con los sectores neoconservadores los ha convertido en amanuenses de las elites sociales anglosajonas, según se dicen ellos, cuyo mayor aspiración es establecer la mítica Nueva Jerusalén en Estados Unidos, país escogido por el Creador para establecer un “nuevo pacto”.

El interés de Barack Obama por comunicar sus ideas se remite a los días de estudiante, cuando estaba seguro de que ser un escritor, como lo es, le permitiría aclararse dudas sobre sí mismo, hasta llegar a ser el primer afroamericano en aspirar a relevantes puestos políticos, dentro de la órbita del Partido Demócrata, y alcanzar la nominación presidencial. Esa labor comienza en 1995, cuando tenía menos de treinta años, y en todas las referencias a sus contenidos se enfatiza en los claros valores que profesa en el campo de la política y la espiritualidad, siempre centrados en su propia experiencia como persona. Los índices de ventas ahora son altos, también la consulta de sus artículos tiene grandes cuotas de lectores, y en ellos se pueden encontrar versiones, levemente divergentes, de lo que piensan sus adversarios, en temas tan sensibles como la política exterior o la inmigración, así como en la educación y la salud.

El éxito de Obama reside en el conocimiento que tiene del ámbito que lo ha proyectado a la política, sus divergencias con un modo de pensar vertical y el sentido de que algo nuevo se plantea, hacia sectores específicos de jóvenes, clase media culta, grupos etnoculturales, y un mensaje claro a los hispánicos de que deben sentirse partícipes de sus ideas.

Puesto en marcha el ventilador de una campaña agresiva y denigrante en su contra, como último recurso de ataque, este puede revertirse en contra de sus enemigos, desde aquellos que usan el lapso semántico para llamarlo como Barack Osama, una verdadera monstruosidad, hasta otros que lo ubican en un extremismo políticamente “incorrecto”, al referirlo al fundamentalismo islámico. Los naturales prejuicios raciales salen a flote en los últimos días, por parte de la clase media, burócratas y evangélicos, que se siente herida con la mera presencia del precandidato en diversos foros, pero que no encuentra razones para impulsar a otro político, como no sea, y casi a desgano, al republicano John McCain, pero nunca junto a los miembros del grupo de Hillarylandia, que ya luce devastado por la deserción de muchos de sus emblemáticos partidarios.

La lectura política de los escritos y opiniones de Barack Obama nos permite entender que algo está ocurriendo en la sociedad norteamericana y que, por primera vez en años, el pasado, el presente y el futuro parecieran ser un punto de referencia, en la construcción de un auténtico norteamericano de este siglo.
periódico La Prensa Libre 2 junio 2008.

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