Seguridad y salud global
Édgar Cascante Zúñiga
La reducción de los accidentes está al alcance de todo
Analista internacional
A dos años de finalizar la primera década del siglo XXI nadie pone en duda que existe un proceso denominado globalización. Es común valorar este proceso desde la perspectiva del acceso a los mercados de las mercancías y apreciar el optimismo por el nivel de integración económica alcanzado a través de la Organización Mundial del Comercio o la creación de áreas de libre comercio.
En esta búsqueda de lograr más y mejores mercados para los productos de exportación, los Estados promueven una economía global donde las reglas y normas son el medio para alcanzar el ideal de un comercio libre, justo y recíproco.
Orden. Desde cualquier punto de vista, todo orden económico debe respetar la dignidad de la persona, en el tanto que constituye el principal activo de la sociedad. Así, en el proceso productivo destinado para satisfacer la demanda nacional o internacional, implica proteger a la persona trabajadora del accidente laboral y la enfermedad relacionada con el trabajo.
No obstante, los datos divulgados por la Organización Internacional del Trabajo con ocasión del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo (28 de abril), sugiere que la economía global derrocha el recurso humano en razón de la violación de las normas de seguridad y salud en el trabajo.
La O. I. T. informa que ocurren 270 millones de accidentes laborales no mortales equivalente a 810 millones de días de trabajo perdidos como mínimo. Además, la cantidad de 160 millones de personas trabajadoras con alguna enfermedad laboral no mortal. Asimismo, llama la atención que la población laboral más predispuesta al riesgo de trabajo es aquella entre los 15 a 24 años, que es precisamente la que hace su primer ingreso en el mercado laboral.
Igualmente, 2,3 millones de personas trabajadoras mueren al año en razón de dos varones por una mujer. Es decir, los accidentes mortales adquieren una dimensión de pandemia por cuanto cada 15 segundos fallece un trabajador en el mundo.
Tal parece que el impacto en la productividad global es fuerte, pero permanece inadvertido para los empleadores y el Estado. Según la O. I. T. la atención de los accidentes y enfermedades equivale al 4% del producto interno bruto global o más de 20 veces el monto global que se destina para la ayuda al desarrollo, sin estimar aún la afectación a la familia de los trabajadores.
Prevención. A diferencia de otras pandemias como la gripe, sida y viruela, la reducción de la siniestrabilidad laboral está al alcance de todos. Solo requiere de los administradores de empresas la implementación de una simple ecuación: “A mayor prevención, menor es el índice de accidentes y riesgos laborales y mayor productividad de la empresa”.
Citando a Harol James en su artículo Estados grandes , imperiales y pequeños (La Nación 24/4, pág. 33A) , “en la globalización pura, a los Estados pequeños les va mejor, porque son más flexibles y pueden adaptarse más fácilmente a los mercados de rápida evolución”.
Costa Rica, que según el último Índice Mundial de Globalización y el Índice Latinoamericano de Globalización es la segunda nación latinoamericana de mayor inserción a la economía mundial, tiene más posibilidades de éxito para cumplir con la sugerencia, citada anteriormente, de la O. I. T. relativa a implementar una gestión de riesgos en el entorno laboral, que disminuya la siniestrabilidad del país.
En este sentido, hay una tarea pendiente. Según las estadísticas de riesgos del trabajo del INS, la siniestrabilidad laboral en el año 2006 –último disponible– es superior al año anterior. Los accidentes de trabajo se incrementaron un 12%, accidentes mortales, un 20%, y el costo por atender la siniestrabilidad, un 33%.
Para contribuir con el objetivo trazado por la O. I. T., el país cuenta con el Consejo de Salud Ocupacional del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, cuya participación tripartita (Estado, empleadores y trabajadores) garantiza de entrada la movilización sostenida y el diálogo sectorial suficiente para superar los principales desafíos en materia de salud ocupacional. Entre ellos destaca un sistema nacional de registro y notificación de accidentes y enfermedades del trabajo, actualización y aplicación de legislación en salud ocupacional y modernización de la inspección del trabajo, entre otros.
En complemento, la gestión del país se fortalecería con la ratificación del Convenio núm. 187 sobre Seguridad y Salud en el Trabajo de la O. I. T. Este convenio tiene como objetivo general el desarrollo de una “cultura preventiva de seguridad y salud en el trabajo” a través de políticas y programas nacionales. Se trata de una valiosa herramienta para crear trabajos seguros y lugares de trabajo saludables en una economía global.
periódico La Nación 6 mayo 2008.

Meneame
del.icio.us