Los nazis
Agustín Ureña Álvarez | 4m-ureville@ice.co.cr
Usar la masacre para intentar lograr un golpe efectista es una irresponsabilidad
Profesor Universitario
Los nazis constituyen uno de los puntos más bajos en la historia de la humanidad, por haber dicho lo que dijeron, por haber hecho lo que pensaban, por haber transformado el odio en una maquinaria estatal, al punto de que el Estado fue convertido en una institución casi “religiosa” cuyo objetivo fundamental era preservar la presunta raza superior, torturando y eliminando, de paso, a todos los demás, por inferiores.
Esta aberración humana, política y social, ocurrió en la Gran Alemania (incluida Austria) así como en aquellos territorios conquistados por los nazis, y por los cuales pasó la maquinaria tétrica de la eliminación étnica, sin importar si eran militares o civiles, hombres, mujeres o niños. El nazismo fue la mejor vitrina para las peores perversiones humanas, ahí donde lo más siniestro del espíritu se disfraza de ideología y sale a las calles, a arrasar la tierra y a exterminar todo lo que se mueva o piense distinto de mí.
Lo que hicieron. En el Partido Nazi, la perversión llega a su mayor refinamiento tecnológico en toda la historia de la humanidad, porque ya no solo se humilla y degrada al “enemigo” –¿mujeres y niños?–, sino que además se les mata separados de sus familias, aterrados, niños sin sus padres, para que antes de morir, sufran el dolor de la separación, pierdan la esperanza y se les muera primero el alma, para que el propio cuerpo sea testigo, en vida, de su propia muerte espiritual. Ya sin alma, degradados a pedazos de carne a los que se les ha quitado hasta las piezas dentales que pudieran tener algún valor, son matados en masa, eficientemente, con precisión alemana, en cámara de gas, sin derramar sangre y así evitar la molestia de limpiar el reguero que eso pudo representar.
Eso hicieron los nazis. Eso recordamos, eso sabemos, porque hay suficiente evidencia testimonial, fotográfica, forense y judicial, para sentir el dolor de los que fueron exterminados. Las víctimas merecen respeto.
Irresponsabilidad. Usar la masacre fuera de contexto, en condiciones totalmente diferentes, con adversarios totalmente distintos, solo para intentar lograr un golpe efectista, es poco serio y una verdadera irresponsabilidad histórica, porque esos vientos de fronda no deben agitarse de manera tan cortoplacista, para intentar endilgarle a los enemigos, defectos que no tienen, pero que por lo grande del insulto, tal vez se la crean. Eso es ser nazi, eso es usar a Goebbels: “… miente 100 veces que algo queda.”. Lo que pasa es que, cuando las mentiras son tan evidentes y tan irrespetuosas con el sufrimiento y degradación a que fueron sometidas las víctimas, el que pierde es el calumniador, porque retorcer la historia y conceptos tan abominables no solo resulta censurable, también es poco serio y sospechoso.
Finalmente, usar a los nazis como si los demás no leyéramos o estudiáramos, es también un insulto a los terceros en la contienda, porque nos está subestimando, nos está tratando de tontos, carentes de la más elemental edu- cación, como si solo esa persona hubiera leído. He estado en el Museo de los Niños, en el Museo del Holocausto en Jerusalén, y he sentido el llanto de esos bebés, tanto como ahora siento al irresponsable que piensa usar su dolor para fines mediocres y de corto plazo. Si el manipulador que trata de hacernos creer que puede retorcer la historia y los conceptos, no se respeta a sí mismo, haciendo el ridículo tratando de engañarnos de manera tan burda y pedestre, que por lo menos respete a las víctimas.
periódico La Nación 4 junio 2008.

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