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RESONOCO

17/06/2008 GMT 1

La ruptura secreta de Sarkozy

marfuerte @ 01:57

Pascal Boniface | Copyright: Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.org Traducción de Kena Nequiz.@nacion.com

Sarkozy ha creado una ruptura en una esfera inesperada: el consenso en política exterior

Pascal Boniface es Director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París. Su libro más reciente es Football et Mondialisation (El futbol y la globalización).

PARÍS –Hace un año, durante su campaña por la presidencia de Francia, Nicolas Sarkozy prometió una “ruptura” con el pasado. Hasta ahora, pocos franceses han visto la ruptura que Sarkozy prometió. Pero se equivocan si piensan que nada ha cambiado en el primer año de su presidencia. De hecho, Sarkozy ha creado una ruptura, aunque en una esfera inesperada: el consenso en política exterior que ha existido desde la época de Charles de Gaulle.

Naturalmente, es imposible en una etapa tan temprana evaluar con precisión las repercusiones estratégicas a largo plazo de la aparente decisión de Sarkozy de reintegrar a Francia al mando militar integrado de la OTAN y fortalecer el compromiso francés con las operaciones de esa organización –por primera vez en su historia– en Afganistán. Pero las implicaciones de estas decisiones son claras: bajo Sarkozy, Francia está de nuevo en el corazón de la Alianza Atlántica.

Fuerte oposición. Si bien esto puede no parecer importante fuera de Francia, la revolución de la política exterior de Sarkozy ha generado una fuerte oposición en el país. En efecto, todos los partidos de izquierda denuncian la ruptura de Sarkozy con la herencia militar y diplomática de la Quinta República. Por supuesto, la raíz del verdadero problema de la izquierda con la política de Sarkozy es su concepción de la relación de Francia con Estados Unidos. Sin duda, la desconfianza hacia Estados Unidos no ha sido una postura exclusiva de la izquierda. Muchos gaullistas a lo largo de los años también han dado muestras de sentimientos antiestadounidenses. Sin embargo, aunque Sarkozy no haya convencido a su partido de los méritos de los Estados Unidos de George Bush, sí ha suavizado su habitual recelo de ese país. Como resultado, se ha abierto una división entre izquierda y derecha en esta área central de la diplomacia francesa –una división que no se veía en Francia desde hace cuatro décadas–.

La izquierda francesa rechaza los impulsos atlánticos de Sarkozy, lo que no es sorprendente, y lo acusa frecuentemente de haber traicionado el legado del general De Gaulle. Sin embargo, la mayoría de los franceses parecen estar a favor de mejorar los lazos con Estados Unidos.

Algo irónico. En esto hay algo muy irónico. En el año en que los socialistas celebran el cuadragésimo aniversario de las manifestaciones de mayo de 1968 contra de Gaulle, también intentan apropiarse de su ropaje diplomático al proclamarse defensores de la política exterior francesa independiente que él defendía.

En los años sesenta, tanto los izquierdistas como los centristas denunciaron la postura “antiestadounidense” de De Gaulle. En temas como la OTAN, la política francesa en Medio Oriente o la Constitución, Francois Mitterrand (el líder socialista en esos años) y la oposición criticaron duramente los métodos individualistas de De Gaulle por haber destruido el consenso de la Alianza. En efecto, los socialistas se opusieron a la decisión de De Gaulle de retirar a Francia del mando militar unificado de la OTAN, a la creación de un arsenal nuclear francés independiente (preferían la garantía nuclear estadounidense) y se mostraron hostiles a la ruptura de De Gaulle con Israel después de la Guerra de los Seis Días.

Cambio de opinión. Pero los socialistas empezaron a cambiar de opinión a finales de los años setenta y a aceptar el concepto de la disuasión nuclear como garantía de la independencia nacional y comenzaron a distanciarse de Estados Unidos. Si bien Mitterrand se mantuvo firme con Estados Unidos en cuanto al emplazamiento de misiles Pershing en Europa a principios de los años ochenta, lo que le valió el respeto del presidente Ronald Reagan, en esos momentos el consenso gaullista sobre los aspectos fundamentales de la política exterior francesa ya se habían extendido a todos los grupos políticos. Incluso se puede decir que el Partido Comunista básicamente había adoptado sus principios.

Ahora, Sarkozy ha roto con esta supuesta orientación “gaullista-miterrandista”, que se basaba en la persistente creencia en una “condición de excepción” francesa en el campo de las relaciones exteriores. Esto no significa que la Francia de Sarkozy apoyará a Estados Unidos en todos los asuntos internacionales, ni mucho menos. Pero significa que Francia ya no se opondrá a Estados Unidos simplemente por oponerse a ese país.
periódico La Nación 5 junio 2008.

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