Columna A FONDO
A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Puede ser entretenido para el pueblo oír la sarta de mentiras con las que pretenden solucionar algunos los problemas del país, y para los políticos y para los diputados, que no son lo mismo necesariamente, esta retórica de ocurrencias son un medio providencial para salir de apuros.
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Veamos: para dejar de atiborrar los Juzgados de Tránsito de la Corte Suprema de Justicia, idearon una solución: las apelaciones por infracciones impuestas a los ciudadanos conductores, ya no serían resueltas por esos despachos sino por la Dirección General de Tránsito por medio de una oficina de nombre muy pomposo: “Departamento de Control y Atención de Recursos de Inconformidad”.
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Había razón. Con las multas vigentes de 2 mil, 5 mil y 10 mil colones resultaba absurdo el ocupar a juzgados tan calificados resolviendo estos asuntos de tan poca monta. El país aplaudió, pues como fuera, esto tenía que aligerar también la resolución de los expedientes que cada costarricense interponía por cualquier disgusto en la multa.
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El día 13 de setiembre de 2006 este humilde escribidor fue sujeto a una multa de ¢5 mil. Inconforme y aprovechándome de que no tendría que utilizar los servicios profesionales de un abogado, lo cual le encarece unas diez o quince veces la multa a cualquiera, interpuse una apelación ante aquella egregia instancia administrativa.
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Pues bien: el pasado 29 de abril fui notificado de la resolución dictada el diez de ese mismo mes, sobre el caso. Entonces, ¿año y seis meses para resolver una multa de ¢5 mil?
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Lo que hicieron, sin duda, fue aliviarle la carga a los Juzgados de Tránsito, lo cual no es nada malo. Pero sin que les interesara para nada, darle ninguna ganancia al ciudadano en la calidad del servicio público.
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¡Qué clase de soluciones! ¡Por Dios! Algún charlatán saldrá, años después, a vanagloriarse de haber “impulsado y logrado” la reforma a la Ley de Tránsito, sin decir que el votante sufre más, pues ahora es juzgado por un personal menos preparado y calificado para resolver sobre leyes.
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Por eso, entre reír, llorar o molestarse… ¡es mejor reírnos!
periódico La Prensa Libre 8 mayo 2008.

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