Columna A FONDO 2
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Una connotación diferente a cualquier otro nombramiento similar tiene el de Embajador en la República Bolivariana de Venezuela. El Presidente Arias, en otras circunstancias, hubiera emergido como un líder regional al portar, no solo sus dotes de estadista, sino el significativo Premio Nobel de la Paz. Centroamérica así lo reconoció cuando Arias fue elegido hace un par de años.
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Sin embargo, ante los pueblos, ante la prensa y ante el poder político internacional, la imagen de nuestro presidente ha sido opacada por Hugo Chávez, como ha opacado a cualquier otro. Y lo ha hecho por atributos muy diferentes a los de don Óscar: una verborrea prácticamente antidiplomática, ausencia de estadismo, disparo de dinero, prepotencia militar, entre otras gracias.
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Desde cada uno de ambos egos ha emergido la necesidad de acrecentar sus diferencias de visión hemisférica. Inclusive, y sin atrevernos a afirmar que haya sido por celos, nuestro mandatario no asistió a la última reunión de República Dominicana. El sabía que no sería quien robaría las cámaras y, dicen los que lo conocen, que don Óscar es muy vanidoso en ello.
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Por tal distanciamiento, el representante nuestro en el país que es imán de miradas mundiales y el de más influencia en el continente, era trascendental. Venezuela y Chávez son demasiado importantes para no colocar ahí a un hombre inteligente, estadista, orador. Y, como cereza en el pastel, de un fondo ideológico que no incomodara a Chávez, pero con mayor prudencia.
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Entre todos los cuatro millones de costarricenses, pocos con tantos dotes como Vladimir de la Cruz de Lemos. Lo vemos como un hombre ideal para el puesto.
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De la Cruz tiene una profundísima firmeza ideológica, con la ventaja de que, aunque sea con un color socialista, su formación histórica supo amamantarse de nuestros preclaros patricios izquierdistas de los años cincuentas, los cuales propugnaban una mayor justicia social sin guerras fraticidas, sin violencia. Vladimir de la Cruz tiene la cultura y la formación política e ideológica para construir un puente muy deteriorado. Ha sido un acierto innegable de nuestro Gobierno. Un embajador al que mostramos orgullosos.
periódico La Prensa Libre 5 junio 2008.

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