LA RONDA DE LOS LIBROS 2
Alfonso Chase
Le megazine litteraire
No. 475 Mayo 2008
Le nouvel observateur
No. 2.269 Mayo 2008
La mayoría de las publicaciones francesas están celebrando el centenario de Claude Lévi-Strauss, vivo y actuante entre el mundo, todas buscando darnos nuevos perfiles sobre su vasta obra investigadora, su aventura viajera y del espíritu, así como las características de la relación entre literatura y ensayo, sus notas de estudio, las entrevistas y polémicas, para denominarlo el pensador del siglo, con ese aprecio, entre exagerado y pomposo, con el cual tiende a calificarse la obra de este autor sobresaliente, que puso en querella la antropología, la etnología y el sistema de visión de mundo conocido como estructuralista.
Los autores que se atreven a escribir sobre Lévi-Strauss son relevantes, audaces y originales: desde Salomon Malka hasta Michel Maffesoli y los temas tratados son novedosos, bizarros o previsibles. Desde las relaciones entre Heidegger y el autor hasta los aportes del antropólogo a las ciencias cognoscitivas, dándole a todos estos dossier-homenajes un punto de vista que combina, sabiamente, su vida en el siglo pasado y sus aportes, revisados en el siglo actual, buscando lo ya establecido en sus libros y muchos de los enigmas que dejó planteados en los laberintos del pensamiento salvaje. El famoso nieto del Gran Rabino de Versalles, es analizado como estudiante de derecho, filosofía, historia y su propia labor como profesor en un liceo renombrado, hasta que hace maletas para dar clases en Brasil, comenzando a partir de 1935 su obra de investigación, contacto entre culturas y el valor de lo que escribe como aporte literario, aspecto poco difundido de su carrera, en donde se magnifica su estilo, la elegancia de su prosa, la claridad de las ideas. Resulta inusual que se celebre el aniversario de una personalidad al borde de los 100 años, en la plenitud de su reconocimiento, y cuya obra, como homenaje en vida, pueda salir en la colección La Pléiade, siendo ya miembro de la Academia Francesa y de El Colegio Nacional.
Pero lo que logra destacarse en ambas publicaciones, es su carácter de investigador científico, fundador de la teoría estructuralista francesa, su vida en Brasil, Estados Unidos, Oriente y sus estudios de textos poco usuales en su tiempo o la confrontación con los otros, cultos o salvajes, para darnos la muestra de una universidad irreprochable. Se trata de que lo veamos como un hombre de notable inteligencia, que descubre en el ser humano la grandeza de la creación y en la formación de las diferentes culturas puntos de encuentro y de divergencia, cuyo itinerario marcha unido a los variados quehaceres de sus colegas, tanto a nivel teórico, como a nivel práctico y no solo como ejercicio académico, a pesar de la enorme importancia de sus propuestas a descubrir.
La visión editorial de sus próximas obras de aniversario recoge siete de ellas, algunas notas inéditas y el celebrado: “Mirar, escuchar, leer”, de reciente factura y enorme importancia literaria.
La vida de Claude Lévi-Strauss es la del siglo XX y su labor la de los creadores viajeros que, en diferentes situaciones y lugares, logran darle forma al hombre universal y singular, con una mirada inquisitiva, amigable, buscando las aristas del conocimiento que nos unen como habitantes del planeta. Rodeado de los ecos de Marcel Proust y la música de Wagner, y cuidando sus recuerdos, se prepara a recibir sus cien años, en noviembre próximo, el último de los gigantes, genios, sociólogo de la vida, revolucionario de las ciencias sociales.
Cien años de poesía popular
en Costa Rica
(1850-1950)
Compiladores: Mario Oliva Medina-Rodrigo Quesada Monge
Colección “Historia Cultural de Costa Rica” Tres tomos
Editorial Euned 2008
Los autores son ampliamente conocidos en el campo de los estudios de la historia costarricense y la proyección académica de su labor intelectual. El primer tomito tiene el sugestivo título de “Héroes y pueblo por escrito en el siglo XIX” y recoge composiciones poéticas entre 1857-1901, en las cuales puede percibirse el valor socio histórico de lo escrito por incipientes literatos, algunos de los cuales pasan a formar parte de la Lira Costarricense o se convierten en poetas importantes en el desarrollo de su oficio, como Emilio Pacheco, Félix Mata Valle, Rafael Machado o Lisímaco Chavarría. Pertenecen a la literatura de fundación de escritura, con interesantes acopios de lectura al momento de su producción, pero la mayoría con escasos recursos poéticos, lo que llevara a decir a Rubén Darío que en Costa Rica se producía buen café, pero exigua poesía. Nos interesa, de su lectura, los valores semánticos, la mímesis con otros autores hispanoamericanos y la misma sensibilidad de la época, cuyos valores determinan el patriotismo, el amor por lo nuestro, la lucha entre lo moderno simbólico y lo antiguo crepuscular más los interesantes poemas patrióticos que resultan de las gestas de la Campaña Nacional, con contenidos realmente importantes en la formación de la identidad colectiva nacional. También los valores de solidaridad, observación de la vida cotidiana, en lo que Oliva ya reseñara como el pensamiento de los obreros y artesanos de esa época. El poema patriótico, si así puede llamarse, o épico en otros contenidos, logra hermosos ritmos, tradicionales algunos, novedosos otros, como los propuestos por Juan Fernández Ferraz, sin duda el más culto y mimético de los incluidos.
La otra lectura que puede hacerse de lo allí recogido, nos remite a los hechos sociales, a las luchas internas entre la fe católica, el evangelio obrero y el soterrado miedo a los cambios sociales, socialismo incluido, que forman parte de lo real sucediendo y no de imaginarios evanescentes.
En muchos de los poemas podemos encontrar elementos del habla popular, lo que luego se llamó costarriqueñismos, pero es muy poco porque los cánones imponían el seguir el modelo hispánico castizo, con algunos toques de lecturas de un tímido modernismo. Lo importante y valioso de la recolección del primer tomito es que nos permite observar una vía intelectual republicana, defensora de nuestra soberanía, más valiosa por lo que intenta decir que por lo que realmente expresa. Es literatura de fundación, menos literatura popular de lo que los autores proponen, pero sí surgida de los hechos sociales del pueblo costarricense, antes de que se diera forma a la literatura real fundacional en sus dos vertientes: Joaquín García Monge, en prosa, Lisímaco Chavarría en poesía, más los aportes de Aquileo J. Echeverría, el otro y casi desconocido, pilares del desarrollo de la literatura costarricense a partir de 1900.
El tomo II, más enjundioso, nos presenta la selección bajo el nombre hermoso de “Musa Proletaria”, (1903-1948), aunque llega hasta 1946. Nos presenta el nacimiento de una literatura proletaria, artesano obrera la llaman (1903-1924) y nos remite a una época prodigiosa, es mi criterio, de la historia costarricense, en donde el desarrollo de las ideas políticas, presentes en la poesía y en la prosa, llevan a un lugar muy importante, desde el punto de vista de las ideas y el propio concepto de lo literario. Anarquismo, pensamiento ácrata, socialismo a la risa, tópicos del aprismo, mariateguismo solapado, la influencia de los poetas proletarios franceses, todo sutilmente enmascarado para darnos los pilares de los que luego fue la poesía social costarricense, todo visto de una manera conservadora, en la forma, pero cuyos contenidos podríamos llamar ya casi universales.
Es la época de la unión obrera, para ser vivida por obreros, artesanos e intelectuales que producen una poesía casi panfleto, con notables excepciones, para agitar, mover, incitar, toda llena de una hermosa alegría de futuro que, si nos detenemos en la lectura, nos permite entender que mucho de lo escrito en esa época adopta una forma tradicional, pero los contenidos son subversivos o hasta revolucionarios, manteniendo esa idea de lo cristiano insurgente, evangélico, donde las nuevas ideas de la dialéctica proponen un humanismo social, que deja el elemento religioso de lado o que encarna, en lo seleccionado, en la figura casi redentora del General don Jorge Volio, su Partido Reformista, léase bien, y sus cantores, que muchas veces siguen los cánones impuestos por Víctor Hugo, en muchos de los poemas allí recogidos, que rozan el amable plagio formal aunque lo que se dice es original, o parece serlo.
Entre el obrerismo y la camándula se podía pensar que escriben algunos de esos poetas apasionados, que luego harían eclosión en la unidad entre el socialcristianismo, el catolicismo y el comunismo a la Mora, que hizo la historia y la sigue haciendo, pero cuyos orígenes podemos localizar en fechas tempranas. En los años finales de la década de los cincuenta todavía se “declamaba” el poema “Himno a los Hambrientos”, 1924, La Prensa, atribuido a Domitilo Abarca, que nos ponía los pelos de punta a los chiquillos del Liceo del Sur, intoxicados ya de Neruda, López Velarde o Juan Ramón Jiménez, para gracia de la poesía de ese auténtico futuro.
“Banana Gold” abre el espacio a la poesía con temática comunista, poema de Arturo Echeverría Loría, recitado por única vez en un mitín del 1° de mayo de 1936 y la primera obra del realismo socialista (¡risas del autor en algún punto de la Nebulosa de Andrómeda!) antes de que mi profesor, don Carlos Luis Sáenz, cayera en los bordes, casi histéricos, del más feroz estalinismo y le hiciera escribir los poemas aquí recogidos, olvidados por su autor, con maldición expresa a quien los volviera a leer.
Reflejan una etapa muy importante del nacimiento de la otra sensibilidad en el medio nacional, al llegar al país otras vertientes de poesía popular o proletaria, influidas por el realismo socialista, si así puede llamarse ese engendro literario, experimento de los espantosos poemas de don Carlos Luis Sáenz, epocales para suerte de la poesía costarricense, sumergidos en el olvido que solo una antología de este tipo puede sacar de su nicho literario. Evidentemente que no son poesía popular en su estricto término y todos confluyen en una poesía satírica, y muy criticada en su momento, de Pedro Porras (P.P.) que corresponde al autor Adolfo Herrera García: Nikolai Lunin, 1942, que más bien parece, y es, una siniestra humorada, pues su nombre es el de un joven soldado que parece casi idéntico al memorable revolucionario ruso. ¡Cosas de la “poesía popular”, hecha por uno de los hombres más refinados y cultos de nuestro país!
El tomo III recoge la poesía escrita como consecuencia de los hechos armados de 1948, después del desfile de la Victoria, y es el que menos pertenece al ámbito de la lírica popular, pues se trata de poemas laudatorios sobre los líderes revolucionarios, vivos y muertos, escritos por connotadas personas del medio nacional, algunos poetas secundarios en el parnaso criollo, otros bondadísimas personas, hombres y mujeres, desde Lilly Artavia hasta don Claudio Sánchez Fernández, todos estos “poemas” hechos con la intención de cantar a los vencedores o elogiar las glorias que se fueron, y las que vendrán, publicados en el Diario de Costa Rica los más, y los de los perdedores editados en Repertorio Americano, dos de Carlos Luis Sáenz que nos permiten darnos cuenta del entusiasmo lírico que provocara la gesta de 1948, con escasos recobramientos para la poesía costarricense, incluida la de tema circunstancial, pero que gracias al trabajo de los compiladores nos permite entender el nivel de aprecio, subjetividad y servilismo que puede darse en la época posterior de un hecho relevante como este.
Revista Abanico. periódico La Prensa Libre 5 junio 2008.

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