Cuando segundas partes resultan buenas
Saúl Weisleder | saulwe50@gmail.com
El país recuperó la confianza en el Gobierno y hasta en los partidos políticos
Exdiputado
Vivía el país la incertidumbre de un segundo gobierno continuo sin políticas claras de progreso y bienestar. Los ciudadanos se preguntaban ansiosos si los aspirantes presidenciales que se proyectaban en el horizonte, tendrían la visión, la determinación y la legitimidad para que la patria pudiera retornar al sendero del bienestar creciente.
Un exitoso recurso ante la Sala Constitucional restituyó el derecho ciudadano de reelegir a sus ex presidentes. Entonces, la candidatura de D. Óscar Arias comenzó a devolverle a la gente la esperanza que había perdido frente a un Gobierno que pedaleaba en neutro, haciendo que el país se moviera solo por inercia y otro que lo había decepcionado por los actos de corrupción de los que se le acusaba y los escasos cambios de fondo que logró.
Un buen capitán. Luego de su triunfo, don Óscar, que ya en campaña había escogido a dos brillantes profesionales como sus candidatos a vicepresidentes, completó su equipo de gobierno con un grupo de profesionales y políticos mayoritariamente jóvenes y bien capacitados para ejercer sus responsabilidades. Lo más importante, como se había dicho en la campaña, era tener un buen capitán al frente. Y desde los primeros actos, esto se fue comprobando.
Educación. En estos dos años, nuestra sociedad ha visto un esfuerzo titánico por transformar la educación pública; desde lo institucional, pasando por el estilo, hasta lo programático. Leonardo Garnier ha resultado el ministro de Educación que el país necesitaba a gritos. Al contrario de declaraciones acartonadas e intrascendentes como la de “año de la educación” que, como gran aporte hizo su predecesor, Leonardo se ha entrado a los problemas a fondo. Y ha inaugurado un método de realizar el cambio del modo que mejor responde a la cultura de los muchachos: dialogando con ellos, ofreciéndoles confianza y arte, pidiéndoles esfuerzo y dedicación, a cambio de relevancia en los programas y motivación de los docentes mediante estímulos correctos.
Hacienda. En Hacienda se ha sabido aprovechar la buena marcha de la economía para mejorar la recaudación tributaria (en monto y en calidad) y hacer una mejor asignación del gasto, en función de las prioridades gubernamentales. Se ha optimizado el uso de la tecnología y la maduración de reformas administrativas, por ejemplo en las aduanas, ha redundado en una gestión superior. La transformación estructural de la economía a lo largo de 2 décadas y media ha hecho obsoleto aquello de que “el mejor ministro de Hacienda es una buena cosecha de café”. No; lo es quien entienda los vericuetos del ámbito fiscal, mantenga un compromiso con las metas de gobierno, sepa aplicar bisturí, negocie bien con sectores y grupos (incluyendo a los diputados de las diversas fracciones) y tenga la confianza del Presidente y el ministro de la Presidencia. Y Memo Zúñiga tiene eso.
Áreas estratégicas. Escojo algunas áreas estratégicas, por no poder referirme a todas. En el MOPT se nota un nuevo dinamismo, una voluntad de hacer y planificar hacia el futuro. El país comienza a recuperar una infraestructura que debió ser sacrificada a raíz de la gran crisis de principios de los ochenta, mientras se recomponía el aparato productivo y de comercialización del país. El alicaído sector de la salud pública ha tenido una notable recuperación, así como el combate a la pobreza y los programas sociales. Hay mayor orden y disciplina en sectores menos proclives a lucir sus logros: Justicia, Trabajo, Cultura, etc.
El difícil tránsito del TLC necesariamente ha consumido energías y capital político, y a pesar de ello, el país ha visto que por fin ha progresado en la Asamblea Legislativa, sin las convulsiones sociales que anunciaban algunos profetas del Apocalipsis. Y lo más sorprendente en esa tesitura, el Presidente ha logrado una popularidad creciente y la consolidación de su equipo de gobierno.
Logros mayores. Los logros de los buenos Gobiernos muestran una vez más, que en esta época de ritmo acelerado en todos los ámbitos, cuatro años resultan cortos para poder completar los proyectos y dejar consolidadas las transformaciones que necesitan más tiempo; ya sea por su mera magnitud (caso de la infraestructura) o porque solo adquieren solidez si cambian la cultura misma de la actividad (educación, seguridad, salud). Por eso mismo, pueden señalarse carencias y vacíos; pero esto no cambia la esencia de la visión integrada: el país recuperó la confianza en el Gobierno, en el quehacer público y hasta en los partidos políticos.
Son estos logros mayores, que no pueden darse por descontados. Nuestra sociedad necesita seguir teniendo gobernantes probos, jerarcas que conozcan su campo de acción y se dediquen a su trabajo devotamente. Pero, sobre todo, requiere capitanes de equipo, directores de orquesta, que marquen el rumbo ético, programático y ejecutivo. Si el pueblo logra acertar en ello cada vez que se le convoque a las urnas, podremos tener nuestras esperanzas renovadas, tal como lo sentimos hace 24 meses.
periódico La Nación 9 mayo 2008.

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