Columna PRISMA
PIERDA EL MIEDO... ¡HÁGALO!
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
Cuando estábamos chiquillos los maestros nos decían una y otra vez que “la única forma de aprender a nadar es lanzándose a la piscina”, esto quiere decir que la manera de saber si podremos o no desarrollarnos en alguna cosa que queramos emprender es intentándolo, no hay otra forma. La única manera de perder el miedo a hacer algo es haciéndolo, porque a medida que superamos situaciones ganamos confianza y seguridad, lo cual genera un estado de satisfacción que sin duda alguna redundará en beneficio de nuestra salud física, psicológica y emocional, así es, nos elimina la incertidumbre de pasar el resto de nuestras vidas preguntándonos si lo hubiéramos podido lograr…
Lo que pasa es que mucha gente, por estar envidiando y criticando el éxito de los demás, olvida luchar por cumplir sus propias metas, eso ocurre porque para los mediocres es más sencillo llorar que luchar por obtener el triunfo, por estar buscando las causas por las que el ex compañero de colegio triunfó al frente de la una empresa y él no, no emprende nada y empiezan a echarle toda la responsabilidad de su fracaso a la suerte, cuando en realidad a la suerte hay que ayudarle porque difícilmente “el maná caiga del cielo”.
Para inducirlos a que dejen de lado el pesimismo, hoy les adapté una linda historia que me enviaron por correo electrónico y que sin duda alguna le dará una forma más positiva de ver la vida. Resulta que había un hombre parado en frente de un pelotón de fusilamiento y se le concedió un último deseo. El capitán de la guardia se acercó y le dijo que debía escoger entre ser fusilado o entrar a una cueva que estaba a lo lejos, en la oscuridad, más allá del pantano y de los bosques. Él miró, vio la cueva y preguntó: “¿A dónde lleva?”. El capitán de la guardia contestó: “¡Nadie lo sabe!”. El hombre volvió a mirar una y otra vez, vio el pantano desagradable, los bosques oscuros y estaba tan asustado que dijo: “¡Disparen!” y... hasta ahí llegó su vida.
Después del fusilamiento, un joven soldado -quien presenció lo ocurrido- consultó si podía ir a investigar qué había dentro de la cueva. El capitán se estremeció y dijo: “Es su vida, ¡pero yo no lo haría si fuera usted!”. El joven soldado metió cabeza y se fue hacia la cueva. Se arrastró a través del pantano y caminó en la oscuridad, llegó a la cueva, entró y descubrió que el otro lado llevaba hacia la libertad, la hermosa libertad…
La moraleja de la historia es que la mayoría de las personas prefiere conformarse con “lo malo conocido que con lo bueno por conocer”, no se aventuran porque son inseguros, no tienen ambición de crecer, no se lanzan a la piscina porque creen que morirán ahogados, sin embargo, mi humilde recomendación es que lo intenten una y otra vez, Dios no los dejará solos, él premia el esfuerzo, y como dice mamá: “Quien quita un quite y triunfe en el primer intento”.
“Antes de empezar todo parece imposible, pero cuando lo terminamos todo se ve mucho más pequeño”, inicie hoy y verá que al finalizar el día se sentirá más desahogado. Finalizo con esta cita de Sidney J. Harris: “Cuando escucho a alguien quejarse de que la vida es dura, siempre estoy tentado a preguntar: ¿Comparada con qué? Sí, la vida está llena de retos, pero también de posibilidades hermosas”.
Diario Extra 10 mayo 2008.

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