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RESONOCO

02/07/2008 GMT 1

NO TEMEMOS A LA VERDAD

marfuerte @ 02:50

Óscar Arias Sánchez *
El filósofo polaco Leszek Kolakowski condensó el reto fundamental de nuestros tiempos en la necesidad de hacer conciliar “bondad sin indulgencia universal, coraje sin fanatismo, inteligencia sin desesperación y esperanza sin ceguera”. Pocas oportunidades han sido tan propicias para recordar sus palabras como este momento, en que el mundo se ha lanzado sin brújula en un remolino aturdidor en que se mezclan, sin reparos, el egoísmo y la generosidad, la indiferencia y la sensibilidad, la hipocresía y la sinceridad.

No podemos ser indulgentes con la actitud de ciertas naciones que, teniendo en sus manos el poder para solventar muchas de las grandes injusticias de la humanidad, no hacen sino perpetrarlas. Costa Rica se encuentra unida por amistad a los demás países del orbe, pero eso no le impide decir la verdad.

El Congreso de los Estados Unidos aprobó recientemente una Ley Agrícola de 307 mil millones de dólares, que profundiza las inequidades existentes entre los agricultores estadounidenses y los del resto del mundo, al tiempo que agudiza la crisis alimentaria internacional. A pesar de que el ingreso de los granjeros estadounidenses ha crecido alrededor de un 56% durante los dos últimos años, la nueva Ley les otorga mayores beneficios. Por ejemplo, un hogar que gane hasta 1.5 millones de dólares al año, podría recibir subsidios por parte del Estado; un criador de caballos de carrera en Kentucky puede recibir beneficios fiscales que claramente no necesita. ¿Qué es esto si no una ofensa a los 862 millones de personas que viven en estado de subnutrición en el mundo y que necesitan, ellos sí, ayuda por parte de los Gobiernos de naciones poderosas? La forma en que cada país decide gastar sus recursos es una cuestión que debe ser respetada. Pero debe ser también criticada, cuando ello implica la postergación de necesidades que son sencillamente impostergables.

En esta irracionalidad y contradicción, Estados Unidos no está solo. En la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina, en Perú, los representantes europeos formularon declaraciones elocuentes sobre la necesidad de fomentar un mayor desarrollo en América Latina. Días después, sin embargo, los Ministros de Agricultura de la Unión Europea se negaron a eliminar los subsidios a sus adinerados productores agrícolas. Lo he dicho muchas veces: la prédica, por un lado, del libre comercio y la cooperación internacional; y la práctica, por otro lado, del proteccionismo comercial y el egoísmo, son signos de una hipocresía indefendible, rasgos de la doble moral de quienes gritan “a la carga” y se quedan convenientemente atrás.

Esperábamos que esta actitud, basada en el cálculo político, desapareciera en la reciente Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial, celebrada en Roma y convocada por la FAO y la ONU. Sin embargo, la reunión de 180 países no produjo un compromiso concreto en materia de ayuda económica.

Es claro que la situación mundial sólo podrá corregirse si los países abandonan su torcida lógica de prioridades en materia de gasto. La cifra de 307 mil millones de dólares para la agricultura podría parecernos descomunal, pero ¿qué hay de los casi 600 mil millones de dólares que Estados Unidos gasta cada año en armas y soldados? ¿Qué hay de los 38 mil millones de dólares que América Latina destina al sector militar, para supuestamente proteger a una población cuyos mayores enemigos no son los ejércitos vecinos, sino el hambre y la ignorancia?
El dinero que se gasta en subsidios innecesarios a la producción o en armamento militar, no es dinero que se gasta en vano. Es dinero que se deja de invertir en escuelas y colegios, en vivienda y salud, en reducción de la pobreza y la desigualdad social. Esa es la idea que descansa detrás del Consenso de Costa Rica. Necesitamos un cambio de paradigma, porque el problema no son las coyunturas en las cuales nos encontramos momentáneamente, sino los lastres que arrastramos a perpetuidad. Hoy necesitamos recursos para combatir el aumento en el precio de los alimentos y los combustibles, mañana los necesitaremos para garantizar el acceso al oxígeno y al agua. Si los países del mundo, particularmente los más desarrollados, no son capaces de implementar políticas coherentes de solidaridad internacional, si no son capaces de ver más allá de sus narices y más allá de sus fronteras, las crisis como ésta vendrán y vendrán, y los perdedores serán, como siempre, quienes tuvieron la mala suerte de nacer en naciones empobrecidas.

Hay aún motivos para la esperanza, pero no para la ceguera, como bien adivinó Kolakowski. Costa Rica ha tomado numerosas acciones para combatir el impacto que la crisis pueda tener en nuestra población, desde un Plan Nacional de Alimentos hasta el aumento de la ayuda directa a las familias más humildes del país, a pesar de nuestras enormes limitaciones presupuestarias. Precisamente eso nos da la autoridad para denunciar las injusticias que atestiguamos. No le tememos a la verdad: lo cierto es que los países desarrollados dan poco en comparación con lo que pueden dar, y muy poco en comparación con lo que los demás necesitan. Hoy más que nunca, deben revisar sus prioridades y comprender que la mejor garantía de seguridad –alimentaria o nacional– es una humanidad satisfecha.

* Presidente de la República
Diario Extra 12 junio 2008.

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