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RESONOCO

08/07/2008 GMT 1

Columna ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 03:24

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr

¿Hace falta un hombre en casa?
Me encanta cuando llueve. Recuerdo que de niña me asomaba por la ventana para ver llover y resultaba toda una sensación cuando la lluvia caía con granizos.

La lluvia a veces provoca que nos metamos a la cama con una humeante y deliciosa bebida caliente. Pero otras veces, la lluvia en exceso causa desesperación. El domingo llovió torrencialmente.

En mi casa encontré filtraciones de agua en mi cuarto. Con el afán de descubrir que me estaba ocasionando el problema me subí al cielo raso. Las rodillas me temblaban, no hallaba como sostener la linterna mientras me sostenía de los hierros que amarran la estructura del techo.

Me sentí francamente inútil. Sin embargo, de cuclillas, poco a poco me di confianza, hasta que llegue al extremo donde intrusa estaba el agua humedeciendo el concreto, pero no hallé el cómo se transformaba en hileras de agua por la pared del cuarto.

Con resignación, bajé de nuevo. La lluvia no daba tregua. El asunto me molestaba.

En eso, apareció Manuela Soledad para decirme: ¿Cuántas personas tienen casitas más humildes, donde las goteras y las filtraciones no tienen posibilidades de arreglarse pronto? O peor aún, aquellas familias que ven amenazadas sus vidas porque sus casas están cediendo ante laderas o ríos y tienen que abandonar sus viviendas.

Al día siguiente, toqué fondo. Extrañé a un compañero, a un novio, a un hermano, ¿cuánta falta hace un hombre en casa? Pocas veces mi orgullo femenino cede, pero… Una gotera, cortar el césped, pintar las verjas, engrasar el portón, cambiar la lleve de un tubo, limpiar las canoas, entre muchas otras labores pesadas, son habitualmente actividades masculinas.

Y ahí estaba yo, haciendo maniobras para meter la escalera a la casa para revisar el techo del patio de luz en mi baño. Quería averiguar si su drenaje estaba funcionando bien.

Me lastimé la pierna izquierda a la hora de mover la escalera otra vez para el patio. Ahora, hacía malabares para subirme al techo. De algún modo tenía que encontrar el origen de la filtración de agua.

Ya en el techo, todo parecía normal, hasta que vi lo que creo la causa de mi desvelo. El repello de la pared de mi vecino se está cayendo.

Las laminas de mi techo que colindan con esa pared se están despegando por la caída del repello.

Con el tiempo ajustado, decidí ir a la ferretería para comprar pegamento y sellar nuevamente esas laminas que pegan con la pared del vecino.

Las canillas nuevamente me temblaban, no es tan fácil subir y bajar del techo sin ayuda. Además, el estrés aumentó cuando costó colocar el pegamento en la “pistola” que me facilitaría hacer uso de la mezcla. Luego utilicé los dedos para esparcirlo. Dos días me llevó hacer ese trabajo.

¿Pero saben qué? no se me metió más el agua... Concluí que ser mujer es tener también una fuerza ilimitada. Solucioné el problema sin la ayuda de un “hombre” en casa.

periódico La Prensa Libre 13 junio 2008.

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