LOS HIJOS
Juan Luis Mendoza
Obviamente, que el nacimiento de un hijo trae consigo cambios en el seno familiar. La pareja se hace a otros hábitos, otros compromisos, otras fuentes de satisfacción, otras responsabilidades para con el recién nacido. Todo lo cual puede acarrear alguna suerte de tensión que hay que prevenir y conjurar.
He aquí, entre otros, los siguientes condicionamientos, creencias, erróneas, falsedades que se dan en la relación de los padres con los hijos que completaré en un próximo escrito de la serie:
Considerarlos una propiedad. Decimos “mis hijos”, que, en realidad, no lo son. Los padres los traen al mundo -si son fruto del amor, como es de suponer- pero pronto hallan en los hijos un refuerzo, y al mismo tiempo un algo agradable que produce gran satisfacción, lo que lleva fácilmente a un sentimiento de pertenencia, de propiedad. “Pero, como lo advierte Bernabé Tierno Jiménez, nuestro hijo no nos pertenece; pertenece a la vida, a su vida, y nuestro objetivo como padres es enseñarle a vivir con autonomía e independencia”.
¿De verdad que los hijos han de hacer lo que los padres quieran? Según. Cierto que los mayores por su edad, formación y experiencia pueden estar más capacitados para guiar y orientar a los hijos; pero también es cierto que nuestras expectativas y deseos no tienen por qué ser los mejores y ni mucho menos coincidir con los de nuestros hijos. Así pues, dos cosas: no imponerles nada así porque sí, en virtud de “santa obediencia” -el deber de los hijos es obedecer a lo que se les mande- y buscar más bien en el diálogo la conveniencia o no de lo que se piensa que han de hacer. Definitivamente de acuerdo. Hay que ayudarles a que se decidan desde ellos mismos.
Completo el tema, Dios mediante, otro día.
Diario Extra 14 junio 2008.

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