Columna Surco.
Francisco Barahona R.
Desde la primera administración del actual presidente Arias, se tomaron las primeras medidas para desmantelar el agro en relación con la producción de granos, con el argumento de que salía más barato comprarlos en el exterior que producirlos internamente, sin ningún miramiento por la cultura campesina y familiar que por décadas integraba una forma de vida rural, cultural, económica, política y social que eran un orgullo para nuestro país y que ha sido golpeada de manera casi irreversible.
Desde entonces, los de un partido y los del otro se unieron y abrazaron planteamientos doctrinarios del neoliberalismo, impulsado por las grandes potencias, productoras todas ellas de esos granos, pero con subsidios imposibles de dar por pequeñas economías en desarrollo como la nuestra; es más, todo el sistema financiero internacional, impulsado por esas grandes potencias, recomendó lo mismo y nuestros políticos se olvidaron de sus ideologías reformistas y nacionalistas y adoptaron, sin remordimiento alguno, estos nuevos dictados; y ello pese a las advertencias que se les hicieron de que semejantes políticas al mediano y al largo plazo traerían pobreza y hambre a nuestros ciudadanos, dado el encarecimiento de los precios, la migración del campo a la ciudad, el aumento de la pobreza y el desmantelamiento de las instituciones que como el MAG, el IDA, el CNP y otros que ya no necesitaban contribuir con la producción de alimentos, pues en buena teoría, si el Banco Central tenía dólares para comprarlos en el exterior eso era un buen negocio para el país. ¿Se habrá visto mayor ejemplo de ceguera e intoxicación ideológica?
Hoy, los tiempos de las vacas flacas se nos echan encima, sin que nunca hayamos visto y menos disfrutado a las vacas gordas, salvo en la propaganda oficial, así se impone por lo menos un llamar a cuentas a todos aquellos que desde los gobiernos, congresos, prensa, universidades, partidos políticos y cámaras patronales, impulsaron esa ola del neoliberalismo egoísta inhumano, condenado por la Iglesia Católica como aberrante, que nos tendrá dentro de poco en serios problemas de alimentación básica para nuestros ciudadanos, pues son cifras de aumentos enormes por encima del 200%, como también es el caso del precio del petróleo que puede llegar, de acuerdo con expertos, en diciembre a $200. La espiral de aumentos en toda la escala productiva a partir de estos datos puede ser gigantesca y trastocar cualquier cálculo conservador que se tenga, con las consecuencias graves que se producirán en toda la escala social; solo basta observar lo que sucede en Haití y en algunos países orientales, de hambruna y rebeldía total, para prever lo que podría suceder en nuestro país.
Qué pasará con nuestra gente de bajos y medianos ingresos; podrá el Gobierno compensar estos aumentos mediante el alza de los salarios en un tiempo donde la recesión campea en Estados Unidos. Podremos compensar esta nueva realidad, ya anunciada, o sufriremos las consecuencias descarnadas en miles y miles de conciudadanos que engrosarán las estadísticas de la pobreza y la marginalidad, del hambre y del desamparo y ello sin mencionar los aumentos de la criminalidad, la inestabilidad política y las raíces mismas de nuestro sistema de convivencia pacífica.
periódico La Prensa Libre 15 mayo 2008.

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