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RESONOCO

10/07/2008 GMT 1

El carácter del consumista.

marfuerte @ 01:46

Prof. Edilberto Escobar Cascante *
En una sociedad carente de opinión y de voluntad propia, que se entrega a lo que le impongan, las variables del carácter de sus individuos son sumamente notorias y características, pues sus elementos viven embriagados por el consumo, todo aquello "novedoso" que ofrece el mercado es la marca de vida, es vida. Por eso, el consumista es irascible por naturaleza. Todo le incomoda, dado que su única razón de vida es buscar lo que no ocupa, lo que apenas le satisface momentáneamente y que lo saca de toda actitud y manifestación productiva de la vida. Que le sacia en el cumplimiento de su cometido existencial. Y su cometido de vida, es consumir.

Los juicios del consumista son deformados, solo repite lo que otros quieren que el diga, sin cuestionar su validez u origen. Es decir, el consumista, como el autómata, no tienen juicio propio, sus valores se afincan en todo lo que relumbra frente a sus narices, más allá de eso, nadie se plantea nada. Eso, porque vivimos en una sociedad cuyos pilares son: la propiedad privada, el lucro, el poder y la acumulación de bienes terrenales y chécheres viejos. El hombre de hoy, como ninguno otro en la historia de la humanidad, llegó al extremo de ponerle precio a la vida, como se le pone "valor", a un objeto, a una simple cosa, a una mercancía inerte. Esa es la gran paradoja.

La existencia vale lo que vale un vehículo, un teléfono móvil, una casa, un reloj de mano, unos zapatos y hasta una prenda de vestir, cualquier objeto, porque la existencia misma es un simple objeto, una cosa y la regla de su consecución, debe ser la más fácil, sino lo consigo, destruyo lo que me lo impide. Mato, en lo mejor de sus expresiones.

Como bien lo decían los culturalistas del siglo pasado, las normas con las que vive la sociedad moldean el carácter de todos sus miembros y escaparse de eso es la única batalla que puede librar el alma humana, con las mejores probabilidades de salir avante. Si el grupo social tiene privilegiada la violencia como valor, sus miembros lo harán igual. Si el grupo sitúa los mejores valores de nuestra cultura, sus hombres actuarán igual. Si el consumo absorto y pornográfico no es más que el deseo de adquirir y poseer enfermizamente, nada se satisface en la esfera de la vida y ésta pierde sentido, dado que en el grupo, el que más consume es el más admirado, el Ser Superior.

Las normas bajo las que funciona la sociedad veintiunesca son una amarra más difícil para la voluntad de los hombres, frente a la patología consumista y solo un verdadero esfuerzo liberador, puede salvar a la especie humana de la hecatombe que le aguarda. El ejemplo más sorprendente es la destrucción del hábitat humano, como consecuencia de la cultura consumista que las economías poderosas han creado.

En el carácter del consumista nada alcanza el valor más allá que el de una cosa y en tal examen valorativo solo se hace hincapié en poseer sin descubrir el valor que realmente tienen los objetos de tal comportamiento. Ningún adulto posee mayor experiencia, porque esta se puede adquirir como se adquiere una baratija. Hasta el saber humano carece de sentido frente al consumista. Su concepto enfermizo de poseer desflora todo producto y elemento de la razón y del propio ingenio humano, dado que el carácter acumulativo en la sociedad mercantil sujeta todo a dicha enfermedad. Basta con observar, el comportamiento de quienes lo padecen. Es el espíritu de este tiempo y de esta época. No crea, amigo lector, que la clase gobernante no lo tiene claro.

*Abogado y Notario Público
periódico La Prensa Libre 15 mayo 2008.

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