La salida de Araya.
Ocean Castillo Loría.
No es sorpresiva la noticia que recientemente comunicó la prensa escrita, en el sentido de la renuncia que hace al Partido Liberación Nacional (PLN) el Ing. Rolando Araya Monge. Araya dio sus luchas por ser candidato presidencial en medio de fuertes polarizaciones y cuando el canibalismo político campeaba en la agrupación.
Las aspiraciones de Araya fueron pospuestas, primero por su derrota ante el recordado Dr. Carlos Manuel Castillo y posteriormente, por la emoción Figuerista que llevó a la presidencia a Don José María. Araya lanza su postulación en 1994 de cara a mantener vigencia política. Desde ese momento, es promocionado como un estudioso de la realidad nacional, como un ideólogo del PLN y con la expectativa de elevar el nivel de la discusión política que se vivía en aquel momento. Lo cierto es que el resultado de esa convención le es totalmente desfavorable (1.5 % de los votos)
Es innegable que Don Rolando ha tenido el valor de exponer sus ideas a través de sus libros. En 1995 publicó su texto: “promesas de la nueva historia”, ya en ese escrito presenta afinada su propuesta ideológico – programática, y de donde se deduce su ubicación ideológica en el marco de la socialdemocracia más actualizada.
Es en este periodo donde el político más se centra en analizar las repercusiones de la era de la información y, donde visualiza el progreso nacional como fruto de la acción colectiva más que de la individual de un gobernante.
Ahora, resulta cierto que en esta etapa, Araya se mostraba un poco más flexible de lo que es en este momento ante el modelo de liberalización económica. Las ideas de Araya penetraron el IV Congreso Ideológico del PLN y fueron la base del programa de gobierno que bajo su liderazgo se presentó al electorado en el 2002.
En la convención para elegir candidato de cara a esas elecciones, Araya se presenta como un postulante renovado, bien posicionado en la televisión y con una síntesis programática denominada: PCN (Participación – Conocimiento – Naturaleza). Esto, sumado a un buen manejo publicitario, le deparó la candidatura presidencial del entonces su partido.
Lo cierto es que Araya no supo presentarle una imagen fresca al electorado, la gente lo percibía como un político tradicional. Esto provocó la desconfianza en los electores. Don Rolando y su comando de campaña cayeron en desorientaciones propagandísticas en las que se perdió valioso tiempo frente a la habilidad de los publicistas y estrategas del PUSC y hasta del mismo PAC.
Asimismo, no puede cerrase los ojos a los efectos negativos de la salida de Ottón Solís a la candidatura de Araya. Éste mismo no supo comunicar con claridad la propuesta de gobierno del PLN. Resultó una dura verdad que el candidato no sedujo la emoción de los votantes.
Cuanta razón tiene el Diputado Oscar Núñez cuando expresa: “Rolando Araya dio mucho a la causa del partido, por eso es lamentable que haya renunciado. El partido le dio una hermosísima oportunidad a Rolando de ser presidente de la República, le puso en sus manos una campaña electoral cuyo éxito o fracaso dependía en gran medida de él…”
Por otro lado, en su carta de renuncia, Don Rolando reconoce la obra de Liberación Nacional, pero refleja su fuerte oposición a la línea actual de la agrupación. Araya afirma que de las motivaciones que permitieron construir lo que es hoy Costa Rica, ya no queda nada: ¿Es esto cierto?
El político afirma que desde hace veinte años en el PLN se ha dado una introducción del neoliberalismo, esto implicaría que él también fue parte ya sea por acción o por omisión de esta dinámica.
Araya dice que desde la primera administración de Arias se ha llevado adelante un programa de desmantelamiento Estatal. En honor a la verdad histórica, debe reconocerse que el modelo de liberalización económica tiene un fuerte impulso desde 1983, en plena administración Monge. Es claro que este no es el espacio para debatir si este impulso fue un acierto o un error.
Don Rolando refiere a la bancarrota moral del partido. Es claro que la observación resulta injusta y resulta injusta por ser una generalización. Si bien es cierto hay sectores partidarios que se han olvidado de la moral, hay otros, valga decir la mayoría, que un día sí y otro también luchan por la moralización del campo político.
Ya otros han afirmado algo que vale la pena reiterar. No es cierto que no haya partido, no es cierto que no quede nada del movimiento fundado en 1951. Basta observar los debates partidarios, basta observar el espíritu crítico de importantes segmentos pese a que el partido está en el poder.
Araya señala el canibalismo político que ha vivido el partido. Debe reconocerse que en esa divisa se han dado etapas de este fenómeno, él mismo fue víctima de eso en la década de los noventas del siglo pasado.
Don Rolando expresa que el PLN es un instrumento de sus enemigos históricos. Aquí se vuelve a un debate en el que mayor o menor medida se ha llevado a cabo en esa agrupación: ¿Qué es ser socialdemócrata hoy? ¿Es renovación o remozamiento el promover el libre mercado en detrimento de la intervención del Estado en la economía?, ¿Es ser socialdemócrata el olvidar la distribución de la riqueza en pro de su producción?, ¿Es ser socialdemócrata el seguir creyendo en un Estado que presenta defectos sin admitir ningún cambio?
La salida de Araya subraya desafíos: Solo para hablar de uno, debe trabajarse fuertemente en una línea ideológica que despeje dudas y confusiones, una línea ideológica que permita ver en el libre mercado el medio para la producción de la riqueza pero que fortalezca al Estado para su distribución. Una línea ideológica que solidifique al partido como el brazo político de la clase media.

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