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RESONOCO

10/07/2008 GMT 1

Variaciones con el cine

marfuerte @ 01:57

Múltiple El cineasta francés Olivier Assayas crea teoría fílmica mediante una obra personal y diversa

Jurgen Ureña Arroyo | jurgenurena@yahoo.com
Entre sus mayores logros, la revista Cahièrs du Cinéma cuenta con la invención definitiva del concepto de ‘autor cinematográfico’, desarrollado durante los años 50 y 60 del siglo pasado. La entusiasta crítica francesa no fue la primera en desarrollar esta noción; sin embargo, fue alumna aventajada en las lecciones de elocuencia y cinefilia.

A viva voz, los muchachos de Cahièrs proponían que el cineasta de la gran industria merece lucir el sombrero del artista siempre que en su filmografía se evidencien universalidad y recurrencias de estilo. En la década de los 80, la autoría cinematográfica encontró una variante en la figura de un joven cineasta, salido de las propias filas de Cahièrs , de nombre Olivier Assayas.

Los filmes del agudo y camaleónico Assayas permanecen inéditos en las salas comerciales de nuestro país, a pesar de considerárselo uno de los directores más importantes del cine francés contemporáneo. Como gesto compensatorio, la próxima semana se proyectará una muestra de su filmografía con la película Finales de setiembre, principios de agosto .

Desplazamientos. Tras filmar algunos cortometrajes y escribir durante cinco años para la revista Cahièrs (Cuadernos), Assayas decide seguir el oficio de guionista, heredado de su padre. En 1986 dirige su ópera prima, Desorden, con la que gana el Premio de la Crítica del Festival de Venecia. A partir de este instante, Assayas experimenta con los desplazamientos dramáticos y con los saltos de registro, en los filmes El muchacho del invierno (1989), París despierta (1991), Una nueva vida (1993) y El agua fría (1994).

En 1996, tras diez años de experimentación, llega su película más anárquica y autobiográfica, titulada Irma Vep . El filme, protagonizado por la musa y compañera de Assayas, la actriz hongkonesa Maggie Cheung, muestra las dudas de un director frente a su trabajo y le significa al cineasta la admirada atención de la crítica internacional.

El título del filme es un anagrama de la palabra ‘vampire’, lo que recuerda que Irma Vep es, en primer término, un remake y una sátira de Los vampiros (1915), la serie de películas silentes interpretadas por la bella y misteriosa Musidora. Por otra parte, el filme es un homenaje nostálgico que recuerda la frescura de la Nueva Ola francesa; una obra de culto y una respuesta a la parafernalia pop de Pulp fiction (1994), dirigida un par de años atrás por el estadounidense Quentin Tarantino.

Los vínculos entre Irma Vep y el cine de Tarantino recuerdan además el entusiasmo que sienten ambos cineastas por el cine oriental, lo que ha llevado a Assayas a incluir elementos de esas latitudes en sus películas, a coordinar un número especial de Cahièrs dedicado al cine hongkonés y a dirigir un documental sobre el cineasta Hou Hsiao-Hsien, titulado HHH (1997).

Ambivalencias. En 1998, Assayas dirige Finales de setiembre, principios de agosto , película de ficción envuelta en los ropajes del documental. El filme ofrece una estructura fragmentada, carente de ornamentos y de excesos retóricos, y se inspira levemente en la amistad gestada entre Assayas y el célebre teórico y crítico de Cahièrs, Serge Daney.

La cámara de Assayas contempla a un grupo de treintañeros desconcertados ante el abismo que se abre entre la institución educativa y el horizonte laboral, y perdidos a medio camino entre el impulso de convivir con una pareja estable y el violento alegato de la aventura individual.

Tal como ocurría con Singles (1992) y Antes del amanecer (1995), dirigidas por Cameron Crowe y Richard Linklater, Finales de setiembre, principios de agosto hace referencia a la deriva emocional de la llamada Generación X, una vez que sus integrantes han abandonado la adolescencia y deben vestir el traje de la responsabilidad.

Por otra parte, la película adopta algunos rasgos del Dogma 95, movimiento cinematográfico de origen nórdico que fue inaugurado ese mismo año con La celebración (1998). Estos elementos conforman un texto inequívocamente contemporáneo y a la vez ambivalente, concebido entre el ensayo sobre el propio lenguaje del cine y el atento registro de lo cotidiano.

El cine camaleónico. Con Los destinos sentimentales (2000), Assayas evidencia su tránsito entre géneros cinematográficos. El nuevo reto del cineasta es una gran producción de época, con vestuarios suntuosos y antecedentes literarios decimonónicos, que gira en torno a un ministro protestante, heredero de la famosa fábrica de porcelanas de Limoges.

El próximo filme dirigido por Olivier Assayas, titulado Demonlover (2002), expone el sórdido enfrentamiento entre dos compañías multinacionales que se disputan el control de una empresa de dibujos animados pornográficos. El cineasta no ahorra detalles narrativos ni estilísticos para expresar el vértigo de un universo regido por la ley del más fuerte. La metáfora social construida es tan recargada como oportuna.

Dos años después, Assayas desvía sus pasos hacia los territorios del melodrama, aunque una vez más se permite alguna experimentación visual. La línea argumental de Clean (2004) esboza la lucha de una madre por recuperar a su hijo. El papel protagónico, interpretado de nuevo por Maggie Cheung, preludia el regreso por los caminos transitados.

Tras la propia huella. Boarding gate (2007) es un thriller en el que una joven y seductora italiana viaja de Londres a Hong Kong, para huir de las violentas relaciones con un magnate de las finanzas y un asesino a sueldo. Algunos elementos recurrentes como el tráfico mundial, las mercancías ilícitas y la representación del sexo como arma fulminante, hacen pensar que Boarding gate conforma un díptico junto a Demonlover .

La impresión de que Assayas vuelve sobre sus huellas se confirma en su última película, Horas de verano (2008), producida por el Museo d’Orsay, de París. El filme regresa sobre los motivos explorados en Los destinos sentimentales y concede otra vuelta de tuerca al tema del paso del tiempo, tan cinematográfico como relegado en nuestros días.

Con más de una docena de largometrajes a su haber, Assayas sorprende aún por la frescura y sinceridad de su cinematografía, trazada siempre a contracorriente de las expectativas del público. A pesar de haberse alejado de la crítica hace un par de décadas, Assayas parece teorizar con la práctica cinematográfica sobre el significado del cine de autor en nuestros días.

La síntesis argumental que puede adivinarse de sus propuestas es sencilla: el director autor es un artista que distingue la frontera entre el estilo personal y la simple explotación de fórmulas dramatúrgicas. Es el intérprete de un lenguaje apenas explorado, lenguaje demasiado joven para padecer los síntomas de la desmemoria, la parálisis o el aburrimiento. El director autor ensaya nuevas rutas para el cine, con el cine.

Suplemento Áncora. Periódico La Nación 15 junio 2008.

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