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RESONOCO

12/07/2008 GMT 1

Librero

marfuerte @ 02:19

Sueño, ficción y realidad

Enrique Jaramillo Levi

Justicia poética

Cuentos

EUNED

Pedidos: 2234-7954

Rafael Ángel Herra
rafaelangel.herra@gmail.com

La colección de relatos Justicia poética , del escritor panameño Enrique Jaramillo Levi, que acaba de publicar la UNED, consta de 26 cuentos, casi todos breves.

El conjunto de los textos tiene algo en común: el narrador es mutante, y muta no solo en la forma de contar. El que habla es personaje de un segundo o tercer narrador sobre el cual cuenta algo el primero.

El ejercicio de transformación del narrador se apoya en la manera en que se entrelazan el sueño, la ficción y lo real: a veces sueño y vigilia se oponen y, a veces, la ficción se apodera de lo real y el sujeto narrado pasa a ser el narrador.

Para decirlo de otra forma, en esta colección de relatos, los juegos de poder entre la ficción, la realidad y las obsesiones oníricas comprometen al narrador, suceden a su vista y paciencia o se imponen contra él. El narrador muta cuando de pronto pasa a ser otro o, al revés, cuando el otro del que habla resulta ser él mismo. Como consecuencia, el yo pierde la supremacía en el mundo.

Desde el punto de vista estilístico, el lenguaje es sobrio, no se interesa por cargar la mano en la adjetivación a fin de marcar las emociones, aunque a veces se excusa ante el lector, tal vez sin que sea necesario.

En el relato que le da nombre al libro, un hombre empieza a describir a otro. Este otro es malvado como el que más. El monstruo ha hecho tanto mal, que merece morir. El narrador se mira al espejo, ve que es otro y le dice:

“¡Hasta aquí llegaste, cabrón! [...] y entonces, decididamente –no vaya a ser que renazca de pronto su ancestral maldad–, matándome, lo aniquilo”.

En El silencio cercano de tu iglesia , el narrador habla de sus amores cibernéticos con Lorena, a la que conoce solo por esa vía. Lo relatado resulta ser una carta que lee en computadora portátil otro personaje llamado Claudia, mientras vuela rumbo a Florencia. Ahí la espera su tío, el gran cirujano que la operará de la columna. Claudia-Lorena se ha enamorado de aquel interlocutor anónimo al que llama Nacho. Nacho no sabe nada de su mal ni de su operación. Solo le dirá quién es si la operación es exitosa. Después es Claudia quien habla de Nacho y de sí misma con el nombre de Lorena. En su cuento, se ha inventado a Nacho y le ha atribuido sus propias frustraciones.

Punto y aparte sigue el relato inicial: Lorena llega a Florencia. Durante el vuelo fantasea amoríos con su tío, que la salvará con su operación milagrosa.

Al final quien escribe es el médico, el tío y a la vez escritor. Ha operado a su sobrina, se ha casado con ella, a pesar del escándalo. Nacho existe, él ha leído los correos, se los devolverá para que “el cabrón vea qué hace con la vida”.

En este cuento un narrador va dejando su tarea al otro. El lector se da cuenta paso a paso. En cierto modo, los personajes narrados se hacen reales y narran la ficción o realidad (sin que esto se discuta) de los otros.

Como ven, sueño, ficción y realidad se hacen trampas. Ni esta ni aquella son seguras. No hay refugio posible. Ni siquiera el ego es firme, pues se fragmenta una y otra vez.

Esta literatura tan posmoderna y sugerente recoge una tradición cuyos inicios están en un autor que inventó casi todos los trucos de la novela moderna. Hablo de Cervantes. En Don Quijote aparecen todos los recursos del texto en el texto, la locura y la ficción en la realidad, el ego en crisis, las contradicciones del narrador. Enrique Jaramillo Levi pertenece a una digna estirpe literaria.

Suplemento Áncora. periódico La Nación 15 junio 2008.

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