‘Nunca dejé Costa Rica’
Poeta en casa Jorge Boccanera vuelve con motivo del Festival Internacional de Poesía
Víctor Hurtado Oviedo | vhurtado@nacion.com
Por unos días, el poeta Jorge Boccanera ha tornado a una de sus patrias. Nacido en la Argentina en 1952, exiliado político en México en 1976, entre 1989 y 1997 vivió en Costa Rica, donde hoy se encuentra. Él reside en su país natal.
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En Costa Rica, Boccanera escribió buena parte de su obra; acá también comenzó Palma real , poemario inédito que acaba de ganar el Premio de Poesía Casa de América, de España.
Entre sus poemarios se cuentan Los espantapájaros suicidas (1973), Contraseña (1976), Los ojos del pájaro quemado (1980), Polvo para morder (1986), Sordomuda (1990) y Bestias en un hotel de paso (2002).
Boccanera también ha publicado libros de crítica literaria y de semblanzas de escritores y músicos, como Malas compañías y La pasión de los poetas. Ejerce el periodismo y la docencia universitaria.
Poco antes de su llegada para participar en el Festival Internacional de Poesía, conversamos con Jorge Boccanera.
¿Se conoce en la Argentina la poesía actual de Centroamérica?
Hay un déficit general entre nuestros países, apuntalado por una globalización que revuelve todo y escamotea lo sustancial. Lo que se conoce es escaso: Asturias, Cardenal, Sergio Ramírez, y algunos jóvenes, como el salvadoreño Horacio Castellanos y el costarricense Luis Chaves. Todo es exiguo frente a lo que se ignora: Salarrué, Fallas, Salomón de la Selva, Coronel Urtecho, Cardoza y una larga lista no solo de nombres, sino de experiencias y búsquedas diversas.
¿Se debe aquello a que Centroamérica se asociaba a hechos políticos ya pasados, como la revolución sandinista y las guerras internas centroamericanas?
Mucho de lo que se difundió tenía que ver con esos hechos, sin demérito de la producción literaria. Un ejemplo es el caso del gran poeta salvadoreño Roque Dalton.
¿Ha mantenido contacto con poetas costarricenses desde que dejó nuestro país en 1997?
Eso lo contesta el hecho de que justamente empecé a escribir Palma real en Costa Rica, y mucho tuvieron que ver poetas locales, como Popo Dada. En lo personal siento que nunca “dejé” Costa Rica desde un lejano 1976, cuando llegué desde Panamá atravesando el Cerro de la Muerte. Los amigos ratifican esa sensación cuando retomamos charlas pasadas como si nos hubiéramos visto ayer.
“Ese contacto se mantiene además en la obra de poetas costarricenses que releo y que comento en mis clases de la universidad.
“Algunos incluso participaron en festivales de poesía, como el de Rosario. Hay diálogo con los poetas, sí, y también lectura. Entre otros autores, estudio la poesía de Eunice Odio y a Joaquín García Monge y su Repertorio Americano .
¿Podría caracterizar la poesía reciente de la Argentina?
La riqueza de la poesía se apoya en lo diverso; opciones y caminos diferentes que van urdiendo la búsqueda formal junto a las preguntas que interpelan a fondo la realidad. Todo esto, que aleja la idea de una línea predominante y acerca la de un cruce de discursos, se está dando en varias regiones de la Argentina, como el noroeste y la Patagonia.
¿Qué diferencias presenta el poemario Palma real con respecto a sus libros anteriores?
Ese es un tema para los críticos. Palma real es un solo y extenso poema que en su recorrido se va vinculando con asuntos diversos que hacen a mis obsesiones: el deseo, el lenguaje, la muerte, el exilio. Es un libro de viaje, donde cada paso es una pregunta porque viajar es ir a lo que no se conoce, descubrir, irse formando con lo diferente.
“En Palma real hablan los personajes del follaje, inmersos en una selva que, en lugar de crecer, imagina. Trato de mostrar ese todo encaramado del bosque, cuya suma siempre da un número poderoso que se pudre en el día. En ese espacio, pájaros y reptiles dan sus aforismos, a la vez que Ana Frank camina de la mano de Rimbaud.
¿Cómo se originó Palma real?
Es lindo pensar que comenzó en Dos Ríos de Upala, donde el poeta Norberto Salinas me regaló un laurel negro con el que hice una biblioteca, para darme cuenta de que con ese tronco habían entrado a mi casa todas las texturas del verde; o en Barra del Colorado, o en Tortuguero, o en la Tigra, arriba, en Monteverde, donde alguien escribió para el viajero estos dos mensajes: “Escucha, huele, mira” y “Deja solo tus huellas”. Así pues, Palma real surgió en Costa Rica en 1995 y lo fui reformulando durante todos estos años.
¿Cómo definiría el premio que usted ha ganado, en el ámbito de la poesía en español?
Los premios son alicientes, y este me pone contento y a trabajar. La Casa de América de España tiene un registro cultural que motoriza diversos ámbitos y promueve una interacción que alcanza lo social con sus documentales y sus debates –por ejemplo, ahora, sobre la independencia de Puerto Rico o la inmigración–. El jurado, presidido por Juan Gelman e integrado por poetas como el español Luis García Montero, duplica el orgullo.
Gelman acaba de recibir el Premio Cervantes. ¿Qué significa este acontecimiento?
Se premia a un poeta grande que apuesta a lenguajes de riesgo y no vive de glorias pasadas. Al momento de recibir el Premio Cervantes, aparecían las reseñas de su último libro, Mundar .
¿Puede hablarse de influencia o “escuela” de Juan Gelman en la poesía argentina?
Poetas como Vallejo, Tuñón, Lezama Lima, Girondo, Neruda, se negaron a fundar escuelas y a encapsularse en dogmas. Su legado fue, entonces, la libertad, la que mejor se avenga con la respiración de cada uno.
“En ese sentido, con su propia búsqueda –que va de la cuerda mística a la oralidad, y del fraseo tanguero a la textura surrealizante–, Gelman propone caminos y trasiegos. He visto bastante ‘vecindad’ con la poesía de Gelman, y no solo de poetas argentinos. En mis inicios, su fraseo me pegaba mucho.
Suplemento Áncora. periódico La Nación 18 mayo 2008.

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