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RESONOCO

15/07/2008 GMT 1

El libro de la ignominia

marfuerte @ 02:00

Antisemitismo En 1941, una comisión parlamentaria recomendó expulsar muchos judíos ‘polacos’

Harry Wohlstein Rubinstein | hwohlstein.cr@wohlstein.com
Resguardado por gruesas tapas, un pesado y voluminoso libro (de 743 folios) oculta uno de los episodios más nefastos de persecución racial que se hayan presentado en Costa Rica. Sobre la cubierta se lee: Comisión Investigadora del Congreso. Índice general alfabético de ciudadanos polacos. Resumen general . De este libro (impreso en 1941), consultamos uno de los pocos ejemplares que existen, y lo mencionamos para que la memoria histórica de Costa Rica sea más completa.

Segregación. Apenas iniciada su gestión (1936-1940), el presidente León Cortés anunció que ordenaría investigar al gobierno anterior, de Ricardo Jiménez (1932-1936).

Aunque no sea usual, esa decisión puede considerarse previsible en un gobierno que comienza; pero lo que llama la atención es la insistencia en investigar un aspecto de la gestión de Jiménez: su política migratoria, en particular la que permitió el ingreso de muchos polacos.

Tal afán de Cortés contrastó con el amplio criterio de tolerancia que privó en el mandato de don Ricardo con respecto a los inmigrantes.

A principios de los años 30, innumerables europeos, especialmente los de fe y cultura judías, procuraron sobrevivir a la barbarie genocida que se avecinaba en Europa; por ello buscaron desesperadamente dónde asilarse. Costa Rica fue uno de sus muchos destinos y, ciertamente, la gran mayoría de esos inmigrantes judíos provinieron de Polonia.

Cortés había proclamado su neutralidad ante el conflicto político e ideológico que vivía Europa, pero los hechos lo revelaron partidario del régimen nazi. Al aplicar una política contra los polacos, Cortés promovió una deliberada confusión: mencionaba a los nativos de Polonia, pero se refería a los judíos en general.

El gobierno de Cortés tomó medidas para restringir el ingreso de polacos, actitud que culminó con el cierre total de su inmigración. A título de ejemplo, transcribamos parte de la circular n° 667-F de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del 7 de noviembre de 1939, dirigida a los representantes consulares:

“Ruego a usted abstenerse de visar pasaportes que a esa oficina consular presenten individuos pertenecientes a la raza judía […]. Esta prohibición es general, y por ningún motivo se concederán excepciones en el procedimiento”.

Esas medidas discriminatorias contaron con el respaldo de cierta prensa, como el Diario de Costa Rica y La Trib una, y de un personaje tenebroso, Max Efinger, influyente en el aparato migratorio del gobierno. Efinger, de origen alemán, apareció misteriosamente en el país y desapareció del mismo modo.

‘Shock’. El grueso de la migración judía a Costa Rica se produjo en la primera mitad de la década de 1930. Los judíos llegaron habiendo experimentado con crudeza el drama de la persecución, el desarraigo familiar, el despojo de sus bienes y la consigna de su aniquilación. Era gente sencilla; muchos eran sastres, zapateros, panaderos, etc. Personas pacíficas, respetuosas de su fe y de la ajena, buscaron aquí la paz que diera sosiego a sus almas.

A pesar del “shock” cultural, nada fácil de asimilar, su inserción fue favorecida durante los primeros años 30 por la receptividad, lo que permitió a los judíos desenvolverse en paz. Sin embargo, esa situación empezó a deteriorarse desde el inicio del gobierno de Cortés.

Lo que menos imaginaron los judíos fue que se vieran sumidos, de nuevo, en otro tipo de persecución: la que tomó como pretexto sus prácticas “exóticas” para ejercer el comercio.

Las ventas casa por casa, pagadas a plazo mediante ínfimos abonos, resultaron ser una excelente forma en la que mercancías necesarias (ropa, cortes de tela y calzado, en especial) estuvieron al alcance de gente pobre: sobre todo de los campesinos de los alrededores de las ciudades de la Meseta Central.

Sin embargo, esa novedosa práctica comercial provocó la furia de la Cámara de Comercio, que dedicó su influencia a desprestigiar tales ventas a domicilio.

Dicha Cámara se montó así en el carro de la campaña oficial de exacerbar el rechazo a la presunta influencia nociva de los “polacos”. La fantasía popular llegó a creer que ellos eran cerca de 2.000 y hasta 4.000 personas, cuando escasamente llegaban a las 750.

La palabra ‘polaco’ fue difundida con sentido peyorativo y de subestimación, con iguales connotaciones que el sambenito usado en la época del Tribunal del Santo Oficio.

Popularmente se llegó a identificar aquel tipo de ventas domiciliarias como ‘ventas a pagos polacos’. No obstante, con el tiempo, muchos comerciantes ticos aprendieron con éxito ese oficio.

La Comisión. La reacción de la Cámara de Comercio fue acogida en el Congreso de la República y desembocó en el establecimiento de una comisión especial investigadora de polacos. La integraron Bernardo Benavides y Miguel Carballo (diputados), Luis Jiménez y Miguel González (en representación del Poder Ejecutivo), y Francisco Chacón, José Llobet y José Barzuna (por la Cámara de Comercio).

Los llamados ‘ciudadanos polacos’ iban a declarar, y se les elaboraba una ficha centrada en datos de la condición migratoria. La investigación se refería a ‘polacos’, pero empadronaron igualmente a los judíos provenientes de países como Alemania, Austria y Rusia. Un caso de excepción fue el de Alexander Karpinsky, inmigrante polaco no judío.

Con el voto salvado del diputado Benavides, la recomendación mayoritaria de la Comisión fue esta: deportar al grueso de los investigados.

La defensa. A nombre de la Comunidad Judía de Costa Rica, su maestro, León Gruzco (folio 204), dirigió su defensa mediante un documento que en parte dice:

“A pesar de nuestro pequeño número, se nos considera indeseables porque nuestras actividades son vistas como de carácter monopolizador. No se demuestra, sin embargo, con hechos, por qué los israelitas residentes son perjudiciales en el ramo del comercio. La comisión investigadora se pasa abiertamente a un campo antisemita y cita literatura de un saber muy conocido. [Se percibe] el eco del plagio de los Protocolos de los sabios de Sion ”.

Tales Protocolos son un folleto antisemita escrito por agentes zaristas y publicado en Rusia en 1903. Los autores imaginaron que un judío revela los “planes” semitas para controlar el mundo mediante la masonería y el comunismo. Los Protocolos se han usado para desprestigiar a los judíos, especialmente en el régimen nazi.

Más adelante, León Gruzco agrega: “No nos avergonzamos de nuestra calidad de judíos. Sobre nuestras frentes, una historia de 4.000 años de sufrimiento y lucha titánica ha grabado arrugas que exigen respeto. Aplaudo con todo corazón que al menos uno, el Hon. Bernardo Benavides, supo colocarse, en cuanto a este punto, a la altura de los principios éticos del verdadero cristianismo”.

El gobierno de Cortés acabó, y el nuevo presidente, Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944), desechó la recomendación de la Comisión. No lo hizo necesariamente por simpatía con los judíos de Costa Rica, sino para congraciarse con la política de los Estados Unidos y sus aliados, enfrentados a la Alemania nazi.

Atrás quedaron las intenciones de la Comisión, pero el mundo se sumía ya en el oscurantismo del nazismo y en la ignominia de la más sangrienta guerra que ha sufrido la humanidad.

EL AUTOR ES ABOGADO Y AMBIENTALISTA. FUE MINISTRO DE GOBERNACIÓN Y SEGURIDAD PÚBLICA (1980-1982).

Suplemento Áncora. periódico LA Nación 18 mayo 2008.

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