Columna Ojo Crítico.
Rodolfo Cerdas
politólogo
Hace poco se discutió en la Asamblea el tiempo que debe corresponderle a las fracciones para debatir, pues su reglamento no distingue entre fracciones mayoritarias, minoritarias y ni siquiera diputados individuales; sufre de tantas falencias, que cada vez que hay urgencia, se debe recurrir a reformas ad hoc que solo complican.
Costa Rica vive una transición profunda. El viejo sistema de partidos dejó de existir y no se perfila aún uno nuevo. No hay órganos partidarios que dirijan y controlen sus fracciones. La oficial no coordina con el Ejecutivo: le obedece. Las de oposición deciden sobre la marcha lo que van a hacer. El reglamento interno, con una importancia inusual, en vez haber sido modernizado, se ha ido cambiando según la conveniencia y mayorías del momento, con mociones e interpretaciones que lo hacen más confuso.
Esto ha creado una maraña legal de la que se aprovecha quien puede, tomando de ella lo que le conviene, sin percatarse del daño que se le hace el régimen parlamentario. Hasta hoy ha faltado la voluntad política para reformarlo a fondo, lo mismo que ha ocurrido con el obsoleto régimen presidencialista y su caduco sistema de representación política. Por eso no se rinden cuentas, no hay reponsabilidades políticas, ni se sabe a quién se elige.
Hay que superar el miope aquí y ahora que hace creer a algunos que son muy pragmáticos y realistas por mantener el statu quo y rechazar los cambios. El país está en un proceso de recomposición de su clase política dirigente, de los partidos y su sistema; es un país nuevo y distinto, más complejo en lo social y más integrado al mundo (económica, cultural y políticamente) que el que existía cuando en 1949 se adoptó la nueva Constitución.
Esta, el reglamento, los partidos, la visión de país y la composición de su clase política dirigente se correspondían con una realidad sociopolítica, nacional e internacional, que feneció. De allí que su ciudadanía actual, más educada, con muchos más años de vivir en democracia, testigo presencial de los cambios operados en todo el mundo, escéptica de los dirigentes y los partidos, reclame una nueva y mejor calidad de la representación política, mayor participación ciudadana, verdadera rendición de cuentas y una real responsabilidad del Gobierno ante el elector.
El debate no debería posponerse. Debe realizarse en todos los ámbitos y abordar no solo el entrabamiento del reglamento legislativo, sino los cambios requeridos en el régimen político actual. Solo así este se elevará hasta el nivel de las mejores aspiraciones democráticas de nuestro pueblo.
periódico La Nación 18 mayo 2008.

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