El aislamiento de Taiwán
(y la doble moral de Occidente)
Jaime Ordoñez
Ya va siendo tiempo de que la comunidad internacional reconozca el aislamiento y la discriminación de Taiwán como uno de los casos de mayor cinismo y doble moral de la diplomacia occidental. Hasta 1972, la pequeña isla de Taiwán era plenamente reconocida por la ONU y prácticamente todos los países de Occidente. Sin embargo, después de los acuerdos Nixon-Mao Tse-Tung, la real politik y la avaricia económica de los mercados occidentales decidieron dejarse doblar el brazo por Mao y su buró del Pekín, y desconocieron a Taiwán.
De la noche a la mañana, Taiwán fue expulsada de la ONU y el gobierno de Pekín ha presionado desde entonces a Occidente para aislar a sus 22 millones de habitantes y a su gobierno, impidiéndole formar parte de todas sus instituciones, como el PNUD, UNICEF, UNESCO; incluso negándole entrada a entidades de carácter humanitario como la Organización Mundial de la Salud (OMS), violándose así derechos humanos que son de carácter universal. Ni siquiera en el trance peligroso de la gripe aviar, que generó muchas muertes en Asia hacia 2003 y 2004, se permitió el ingreso a Taiwán a la OMS. China Popular presiona y Occidente, que con un caja registradora en una mano y haciéndose el ciego en materia de derechos humanos, deja hacer impunemente.
El espejismo y la codicia que despierta el mercado económico de China popular--- el cual todavía marea a muchos de nuestros políticos, a pesar de las brutales violaciones a derechos humanos del régimen de Beijing--- ha hecho que las democracias occidentales, en forma hipócrita e instrumental, abandonaran a la pequeña isla de Taiwán, la cual ha vivido un proceso de extraordinario desarrollo económico y de avances y consolidación democrática, confirmada en los últimos 30 años con libertad de prensa, elecciones libres y alternancia política.
• El espejismo y la codicia que despierta el mercado de China popular –a pesar de sus brutales violaciones a derechos humanos– ha hecho que Occidente, en forma cínica, abandone a Taiwán y a sus 22 millones de habitantes
La falsa tesis de Una China.- Los diplomáticos de Beijing presionan constantemente a Occidente defendiendo la tesis de la existencia de una sola China, apoyándose en un pretendido principio de “indivisibilidad nacionalista”, en la práctica inexistente en el derecho internacional. La pregunta es simple: ¿Por qué si la ONU y la mayoría de las naciones del planeta reconocieron en su día como países independientes a Alemania Occidental y Alemania Oriental (justamente por sus diferencias políticas); Yemén del Norte y Yemén de Sur; o, actualmente, Corea del Norte y Corea del Sur, no hacen hoy lo mismo con el caso de China Popular y la República de China en Taiwán? ¿Cuál es la diferencia? Absolutamente ninguna. Sólo la codicia de Occidente.
Como ha escrito recientemente Charles Tannock, Relator del Parlamento Europeo sobre la Dimensión Oriental de la Política Europea en Bruselas, el mensaje que envían la ONU y las principales potencias occidentales con el reconocimiento sin cuestionamientos de “Una China” es que se respeta más a una dictadura comunista grande que a una pequeña democracia con múltiples partidos.
Incluir a Taiwán- Taiwán merece reconocimiento en la ONU, como un país independiente y con plenos derechos, al igual que Corea del Sur. En primer término, en cumplimiento del principio de libre auto-determinación de los pueblos, tutelado por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de la ONU, de 1966, y otros instrumentos internacionales. En Taiwán viven actualmente 22 millones de personas que mayoritariamente han manifestado su interés en la autodeterminación, y ese es un valor que tiene que ser obligatoriamente reconocido por la ONU como un derecho humano no negociable. Esos 22 millones de personas viven todos los días de su vida con la Espada de Damocles sobre su cuello, esto es, cientos de misiles chinos apuntando hacia la isla, ante la indeferencia vergonzosa de Occidente.
En segundo término, de acuerdo con el derecho internacional procede el reconocimiento de Taiwán toda vez que no ha estado bajo la autoridad del gobierno central chino en más de cien años. La antigua isla de Formosa (hoy Taiwán) fue conquistada por Japón a fines del siglo XIX y continuó así hasta la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, nunca ha sido parte de la República Popular China, y los alegatos hechos por Beijing en ese sentido son inconducentes.
• El reconocimiento internacional de Taiwán puede ser un poderoso instrumento de presión para cambios políticos en China.
Como ha afirmado el Relator del Parlamento Europeo, “Taiwán es, de facto, un Estado independiente no reconocido, con una democracia fuerte y niveles altos de derechos humanos. Puesto que Taiwán no ha permitido que se le convierta en una víctima, el mundo simplemente no siente culpa y, por lo tanto, lo ignora. La comunidad internacional debe hacer más para incluir a Taiwán. Las potencias occidentales siempre han sido defensoras de los derechos humanos y la autodeterminación dentro de los límites del derecho internacional. Las campañas que llevó a cabo Occidente durante los años ochentas, en solidaridad con las fuerzas democráticas de la Europa oriental controlada por la Unión Soviética, contribuyeron a acabar con el dominio comunista. Un compromiso similar con los derechos democráticos de los taiwaneses podría tener efectos benéficos en China.”
Una oportunidad que se abre.- Es hora de que Occidente le haga saber a China Popular que no es tolerable continuar el desconocimiento de Taiwán. De acuerdo al derecho internacional, tanto Beijing como Taipei deben tener reconocimiento pleno en la ONU. Hay señales positivas en los últimos días, como resultado de la nueva administración de Taiwán, y la reunión de alto nivel celebrada entre el presidente de China, Hu Jin Tao, y el presidente de Taiwán Ma Ying-jeou, la cual abre oportunidades para un diálogo fructífero. Sin embargo, en política las cosas no suceden solas. Sin un apoyo decidido a Taiwán, ese diálogo no generará resultados. Como ya demostró el caso de la antigua URSS y Europa del Este, quizá el reconocimiento internacional de Taiwán pueda ser un poderoso instrumento de presión para cambios en China.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 17 junio 2008.

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