Gobernar es escoger
Óscar Arias Sánchez
Se requiere un esfuerzo para que el hilo no se reviente por la parte más delgada
Presidente de la República
Solo quien ocupa la Presidencia de la República conoce el peso de las decisiones que un gobernante debe adoptar. Para quien ve los toros desde la barrera, como se dice popularmente, es muy fácil creer que es cuestión de aplicar soluciones perfectas que beneficien a la totalidad de la población nacional. Ojalá fuera así. Muchos años al servicio del pueblo de Costa Rica me han enseñado que, por el contrario, gobernar es escoger. Escoger entre opciones que no siempre son todo lo que quisiéramos; sopesar los beneficios y los perjuicios; evaluar las posibles consecuencias, e intentar decidir siempre a favor de la justicia y la equidad. Lejos de las mitificaciones que habitualmente se atribuyen a la tarea de un presidente, lo cierto es que gobernar es una constante sucesión de difíciles escogencias.
Crisis. No me cansaré de repetirlo: los costarricenses deben comprender que nuestro país no vive en una burbuja, aislado de los golpes y victorias que cosecha la humanidad. Pretender que lo que acontece en el resto del mundo no nos afecta, es perseguir un espejismo y evadir la realidad.
La crisis alimentaria y energética que ha sacudido al mundo durante los últimos meses, disparando el costo de la vida, nos perjudica tanto como a los demás países. La factura petrolera de Costa Rica para el año 2008 será de alrededor de $2.860 millones, el doble de lo que fue el año anterior y casi una tercera parte del valor de todas nuestras exportaciones. En mi primer año de gobierno, la factura petrolera representó el 5,5% del PIB. Este año representará más de un 9%. Solo el aumento en la importación de petróleo del año pasado a este, es prácticamente idéntico a la suma de las exportaciones de banano, piña y café durante el año 2007.
Debemos entender este fenómeno en las dimensiones que tiene y comprender que no existen salidas fáciles ni fórmulas mágicas. En el largo plazo, la única opción viable es lograr que los costarricenses abandonen su dependencia de los combustibles fósiles, para lo cual hemos incentivado, entre otras cosas, la adquisición de vehículos híbridos y eléctricos. En el corto plazo, sin embargo, debemos asegurarnos de que esta crisis no afecte más a quienes menos tienen, aunque eso implique sacrificios para el resto de la población.
Desde la campaña electoral, fui muy claro en afirmar que este sería un gobierno para las personas más humildes de Costa Rica, y he cumplido esa promesa con cada una de las acciones de la agenda social de esta Administración. En medio de una crisis internacional, no seré yo, ni será mi gobierno, quien grite “sálvese quien pueda”. No seré yo, ni será mi gobierno, el que abandone a quienes cuentan las monedas para pagar el bus, la carne o el arroz. Quiero ser muy enfático y muy categórico en esto: no podemos permitir que los efectos de la crisis energética se distribuyan por igual. Porque eso significaría, en última instancia, impedir que los que menos tienen puedan cubrir sus necesidades más básicas. Si para una persona adinerada el aumento en el precio del petróleo significa cambiar su carro 4x4 por un automóvil más económico, y para la persona de clase media significa guardar su vehículo y transportarse en bus; para quien vive en la pobreza el aumento en el precio del petróleo significa tener que escoger entre usar el dinero para llegar a su trabajo o para comprar la comida del hogar.
Proyecto de ley. Es por eso que he tomado la decisión de enviar a la Asamblea Legislativa un proyecto de ley para eliminar el impuesto al diésel y trasladarlo a la gasolina. La razón es muy sencilla: del diésel depende el transporte de carga, el transporte público y la agricultura nacional. Si no somos capaces de brindar atención especial a estas tres áreas estratégicas, no solo sufrirán quienes cuentan con menos recursos, sino, también, toda la producción nacional.
Esta ayuda se ve complementada con un presupuesto extraordinario ya dictaminado en la Asamblea Legislativa, que incluye transferencias monetarias a las familias más pobres de Costa Rica, becas para nuestros estudiantes, ayudas económicas para quienes intentan terminar la primaria, y un aumento en los recursos destinados al IMAS. Agradezco a los señores diputados y diputadas por la celeridad y el interés con que han tramitado esta ley.
Estamos haciendo mucho pero no podemos hacer milagros. Aunque algunos quisieran que el Gobierno elimine el impuesto a todos los combustibles, eso no será posible. Dejar de contar con los recursos que proporcionan estos impuestos, nos obligaría a destinar dinero de otros rubros –probablemente de la agenda social– para mejorar el servicio de transporte público y poder construir y reparar caminos, puertos y aeropuertos. He dicho que gobernar es escoger, y yo ya escogí: no sacrificaré las becas para los estudiantes de primaria y secundaria, ni las pensiones para los adultos mayores; no sacrificaré la creación de más Ebais y más Cen-Cinai; no sacrificaré la construcción de viviendas para erradicar tugurios, ni la instalación de escuelas de música y centros comunitarios inteligentes; no sacrificaré la contratación de más policías, ni el apoyo a los micro, pequeños y medianos productores. No sacrificaré ninguna de las políticas sociales que con tanto esfuerzo hemos puesto en marcha.
Respaldo. En tiempos de bonanza es muy simple tomar decisiones y acatarlas. Es en épocas de dificultad en que el Gobierno requiere más que nunca del respaldo de los trabajadores, de los empresarios, de los estudiantes, de las amas de casa, de cada uno de los ciudadanos. Quizás no exista tarea más difícil para un gobernante que la de pedir sacrificios a su pueblo. Sin embargo, llegada la hora, puede que no exista tarea más necesaria.
He pedido al pueblo de Costa Rica que se ponga la mano en el corazón y que ponga los pies en la tierra, y que asuma el desafío del ahorro, el sacrificio y la solidaridad. Hoy tenemos en nuestro poder la capacidad de lograr que, por una vez en la historia, el hilo no se rompa en la parte más delgada.
periódico La Nación 19 junio 2008.

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