Los ticos también lucharon en el 68
Permeados por el acontecer de un fenómeno global los jóvenes alzaron la voz, salieron a las calles y plantearon su manera de asumir el mundo.
Andrea Méndez Montero
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Mayo de 1968 marcó un precedente respecto a la participación del movimiento juvenil en diferentes latitudes del mundo, sin que Costa Rica se quedara atrás. La adopción de ciertas políticas por parte de los gobiernos causó malestar en este sector, pues consideró que iban contra su bienestar e ideales.
La efervescencia de la situación permeó a los distintos espacios de la sociedad y el tono fuerte de las manifestaciones callejeras se complementó con vestuarios, música, prácticas y consignas específicas, que más tarde se convirtieron en el estilo de vida de una parte de esa generación.
En el movimiento
En esa época Manuel Monestel, hoy músico y director del grupo Cantoamérica, tenía 18 años y comenzaba su vida como estudiante de la carrera de inglés en la Universidad de Costa Rica (UCR).
Monestel comentó que aunque al inicio no tenía claro lo que pasaba, poco a poco se fue sumando a la tendencia del movimiento de finales de los años sesenta. “Lo primero que llegó fue la música”, explicó.
Bob Dylan, Jimi Hendrix, John Lennon y los Beatles, así como de la nueva canción de Joan Manuel Serrat, comenzaron a denunciar los problemas del momento.
La visión de mundo que traían las letras de esos músicos marcó un precedente en la “politización de la juventud y del movimiento estudiantil”, sector que empezó a oponerse a la guerra de Vietnam y a la opresión, pero también a los malestares que los afectaban, como la pérdida de la soberanía y la desigualdad social.
Según Monestel, “la juventud del mundo comenzó a manejar un mismo código” y “aunque no nos escuchaban nos hicimos escuchar”. En medio de manifestaciones y marchas abogaron por “la paz, la justicia, la hermandad de los pueblos y combatían contra el imperialismo”.
Mientras se solidarizaban con jóvenes en el extranjero, como en Estados Unidos y México (donde ese año murieron decenas de estudiantes en Tlatelolco), los ticos también hicieron frente a la represión policial.
Junto al despertar de este movimiento juvenil “activo y esperanzado”, tomó fuerza el fenómeno hippie, del que Rubén Pagura, reconocido músico y actor, recuerda haber sido parte cuando apenas llegaba al país procedente de su natal Argentina.
A sus 21 años, Pagura aprovechó sus primeros pasos en la carrera de Artes Dramáticas en la UCR para unirse a las actividades que realizaban los hippies en los alrededores de la universidad. El jardín de la Facultad de Educación y la Plaza 24 de abril eran puntos claves para los encuentros de los universitarios con pantalones ajustados y campana, camisas rasgadas de llamativos colores y cabello largo, quienes se reunían para cantar, bailar, hacer teatro y fumar.
Pagura aseveró que los propósitos de este comportamiento eran denunciar su inconformidad con lo que sucedía, solidarizarse con los afectados y crear conciencia en la sociedad mediante un llamado colectivo de cambio, concientes de que lejos de tomar acciones individuales necesitaban unirse en una sola voz para luchar por el modelo de sociedad que querían tener.
Monestel y Pagura coincidieron en que luego de esta época se dio un periodo de “adormecimiento” en la juventud costarricense, que empezó a cambiar a finales de los noventa y despertó en el 2000 durante la lucha contra el combo del ICE y recientemente contra el tratado de libre comercio con Estados Unidos, cuando se volvió a sentir un movimiento crítico similar al de mayo del 68.
periódico Vuelta en U. 21 mayo 2008.

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