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RESONOCO

26/07/2008 GMT 1

El APOTEÓSICO RECIBIMIENTO AL DR. CALDERÓN GUARDIA EN 1958

marfuerte @ 02:27

Gonzalo Fajardo Salas
Vinieron los costarricenses desde los más recónditos lugares de la Patria. Desde la Zona Sur… y del Atlántico. Desde las llanuras de Sarapiquí y de San Carlos. Desde Guanacaste; o desde mi querida tierra … Puntarenas. Se movilizaron en sus propios medios de transporte. Unos, en bote, en panga o en lancha primero; y luego en tren desde los puertos. Otros, en cazadora, o en bus, como ahora decimos; o a pie; o en bicicleta, desde las barriadas y lugares vecinos a la capital.

Todos queríamos estar ahí. Fue un desplazamiento humano espontáneo. Sin precedentes en la historia nacional, que nunca más volvimos a ver. Lleno de fervor cívico, de agradecimiento y de profundo afecto. No acudieron por el llamado bullanguero de las cuñas divulgadas por la radio o por altavoces en las ciudades, barriadas y caseríos de nuestros pueblos. Tampoco estuvieron ahí: en el Paseo Colón; o en las avenidas y calles cercanas, porque se repartiera dinero o comida a quienes asistían; o para que se movilizaran en transporte pagado.

Fue una bella demostración sentida por miles de personas congregadas en calles, aceras y avenidas, como una poesía de amor y afecto sincero, que quería con su presencia –al menos verlo de lejos- para testimoniarle con un saludo, con su alegría y con un ¡VIVA CALDERÓN GUARDIA!, repetido una y otra vez, todo cuanto había hecho él por todos los costarricenses, especialmente por los trabajadores y campesinos; por los ancianos, enfermos y desvalidos; por los niños y los jóvenes, a riesgo grave de su vida y del bienestar propio y el de su familia.

No había diferencias sociales, ni distinciones en cuanto a la edad de quienes deseábamos estar ahí. Hombres, mujeres; niños y ancianos. Era una marea humana entusiasta y apacible. Paciente. Sin producir incidentes; ni tumultos. En espera de verlo aparecer, después de una década de ausencia. No recordamos turbas, ni malvivientes que hubieran aprovechado ese mar humano para hacer daño.

Esa multitud silenciosa, se movió al influjo de un único sentimiento y propósito. Teníamos que verlo. Nada importaba para muchos dormir a la intemperie. Movilizarse luego, después del magno evento, a como diera lugar. Eso no importaba. Lo que contaba era demostrarle al Dr. Calderón, Reformador Social de Costa Rica, su gratitud por todo lo que hizo por las grandes mayorías de nuestro país.

Ese reencuentro de un pueblo con su líder, con su conductor, fue una sinfonía. Luego de un doloroso exilio en México. Esa mirada profunda, cariñosa y llena de magnetismo del Dr. Calderón Guardia ¿cómo olvidarla? Fue correspondida con miles de aplausos y vivas entusiastas. ¿Y cómo no recordar sus brazos extendidos hacia el cielo y esas manos agitadas para saludar a quienes concurrimos al evento; o su inconfundible voz emocionada y entrecortada ante su pueblo?, no podemos olvidarnos de todo ello, y de mucho más, quienes vimos al Dr. Calderón, aunque fuera de lejos ante el imponente evento popular que presenciamos y vivimos.

Serenamente a la distancia, ahora medito y comprendo, que a mi edad no tuve las vivencias que miles tuvieron para estar ahí. Porque se entremezclaron sentimientos y recuerdos de cada quien. Pero estoy seguro que centenas de quienes asistieron al evento, también querían ver y expresar su agradecimiento al médico generoso, desprendido y solícito en curar y atender al enfermo. A la persona, al ser humano, lleno de profundo cariño, amor y desprendimiento para miles de familias humildes de nuestro país; a su Dr. Calderón Guardia.

Al día siguiente de ese hermoso día, ya en Puntarenas, donde cursaba el cuarto año en el Liceo José Martí, no lo olvido: un 9 de junio de 1958. Ávido por leer las noticias en La Nación, porque me imaginé que el despliegue de ese medio sería extraordinario. Especialmente porque las multitudes que se dieron cita, posiblemente a la manifestación pública más grande no organizada en nuestro país, de toda su historia, obligaban a un medio como ese periódico, a informar de manera veraz sobre un hecho sin precedentes.

Extrañamente el 9 de junio, no salió información alguna del evento. Me dije, ¿cómo se le olvidó al jefe de las noticias nacionales de La Nación, no consignar la noticia?
No fue sino hasta el 10 de junio de 1958, cuando la noticia del recibimiento del Dr. Calderón Guardia fue consignada en La Nación. Pero al leer la breve referencia que ese medio hizo me sentí triste y mortificado. El espacio publicado era minúsculo, del tamaño de un aviso económico. Y mezquino porque refería la información a que un grupo de amigos recibimos al Dr. Calderón Guardia y luego lo acompañamos a su casa. Allá escondido en el tiraje de ese día, se insertó la noticia. Escondiéndose la verdad de lo ocurrido por el número de asistentes y, por supuesto, porque no se publicó una sola foto de la manifestación. ¡Cuánto fanatismo y cuánto encono!
Cincuenta años después La Nación vuelve a incurrir –con menosprecio de la verdad periodística que dice defender– en el mismo doble error. En primer lugar, al publicar el 10 de junio del 2008, que el pasado domingo se cumplían 50 años que el Dr. Calderón Guardia, luego de un decenio de ausencia, fue recibido por un grupo de amigos y acompañado a su casa. ¿Cuál grupo de amigos? Si quienes asistimos éramos miles de personas, muchísimas de las cuales, nunca habíamos visto personalmente al Dr. Calderón, como en mi caso. Y, en segundo término, se repitió su carencia de objetividad en ese medio, al no publicarse tampoco, una foto de la manifestación y mantener la versión histórica –que debió rectificarse– de la movilización popular más grande de costarricenses que fuimos a recibir al Aeropuerto de La Sabana al Dr. Calderón y a su estimable familia.

Agradezco al DIARIO EXTRA la publicación de este artículo, junto con la fotografía del apoteósico recibimiento al Dr. Calderón Guardia en 1958, como una muestra elemental y simbólica de gratitud y cariño eterno por su extraordinaria obra social y económica a favor de las grandes mayorías, constituida por los amigos y no amigos del Dr. Calderón Guardia.
Diario Extra 23 junio 2008.

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