Más que doble postulación
Claudio Alpízar Otoya
Lo mejor sería que el elector escogiera a los diputados por distritos electorales pequeños
Politólogo
En estas páginas se ha dado un interesante debate sobre la doble postulación de los candidatos a la presidencia, que en la actualidad también pueden optar a la vez a ser diputados. La mejora del sistema electoral, para tener una representación más acorde con la cantidad de los votos otorgados por los electores a cada candidato a diputado, es una necesidad de nuestro sistema desde décadas atrás. Supongo que el tema en la actualidad lo motiva la preocupación por la inoperancia que caracteriza a nuestra Asamblea Legislativa, a la que muchos deseamos acelerar, para verla tomando decisiones fundamentales. Máxime cuando los diputados se caracterizan por ser gigantes de la discusión, pero enanos en la toma de decisión.
El problema del Congreso no está solamente en la fórmula matemática de definir su integración, sino en el mismo sistema de su selección, esto por cuanto las listas que los partidos políticos presentan, obligan a votar por una nómina de candidatos provinciales –tamaño actual del distrito electoral– que elimina la discrecionalidad del votante para seleccionar a individuos honorables, capaces y comprometidos, pues con su voto avalan toda la lista. Así las cosas, sola la doble postulación permite escoger –en los candidatos presidenciales perdedores– al menos a un diputado en forma directa.
Lo más apropiado sería que el elector escogiera a los diputados por distritos electorales pequeños y definidos por una cantidad determinada de votantes, en vez de esas grandes listas provinciales. Por ejemplo, en el caso de los cantones con pocos electores, se agruparían en diversos distritos electorales de acuerdo a su ubicación geográfica, y los grandes conformarían otros distritos. En ambos casos, el ciudadano tendría la oportunidad de seleccionar diputados que realmente representen a su región y a su interés. También, debería permitirse la reelección continua de los diputados para que sea la comunidad la llamada a evaluarlos y determinar si merecen otra oportunidad, y no el favoritismo partidario que premia servilismo y mediocridad.
Poder de comunidades. Esto les daría más poder a las comunidades. El ciudadano en particular se sentiría más cercano al proceso, pues al reducirse el tamaño del distrito electoral tendría más control y comunicación con sus representantes. Por ejemplo, en el caso de un habitante de Tibás o Guadalupe, ya no votaría por la lista de 20 candidatos de San José, sino que elegiría directamente a uno o dos diputados. Esto obliga a otro cambio para no debilitar el sistema de partidos políticos –tan importante en la democracia– que sería el de elegir otro grupo de diputados “nacionales” de una lista de nombres propuestos por el candidato o el partido; con la idea de mantener una coherencia en las políticas públicas propuestas por el ganador de las elecciones. Aquí se aplicaría el método actual de coeficiente con los cambios requeridos para una justa selección y representación.
Para ello se requiere al menos de un aumento de 57 a 87 diputados en el parlamento, de estos 20 podrían ser de carácter “nacional” y seleccionados tomando en cuenta todos los votos emitidos a nivel nacional; los restantes 67 serían distribuidos en distritos electorales pequeños. Ahora bien, al costarricense le es difícil digerir un aumento de diputados, por el desprestigio que habitualmente gozan. Empero, explicándole la importancia de una mayor participación y representación ciudadana, lo relevante del trabajo en comisiones legislativas, sumado a la oportunidad de obligar a los candidatos a enfrentarse cara a cara con sus electores, seguramente le variaría la percepción.
Así, al momento de votar tendríamos dos listas para diputados: una por distrito electoral regional, con la que se elegiría directamente a uno o dos; y otra lista “nacional” de 20 diputados. Se mantendrían tres papeletas para las elecciones, pues la lógica indica que la de regidores debe presentarse en las elecciones de alcaldes y síndicos.
Como vemos, el asunto va más allá de lo planteado en el tema de la doble postulación, y lo refuerzo con la frase de William Penn, uno de los grandes inspiradores de los principios democráticos, quien afirmaba: “Dejad pensar al pueblo que gobierna y se dejará gobernar”.
periódico La Nación 23 junio 2008.

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