LAS DISCUSIONES (2)
Juan Luis Mendoza
En un escrito anterior me referí ya a las normas que han de regir las discusiones. He aquí otras más.
No discutir sobre lo irremediable. Cabe el sentir un muy comprensible malestar por lo que “pasó”; pero hay que volver cuanto antes a la calma y, sin más lamentos, ponerse a buscar alternativas al problema y gastar en ello las energías. Lo pasado, ya pasó; y lo imposible, dejarlo. Ahora está la solución.
No considerarse un mártir cuando haya que renunciar a algo en bien del otro. Si ella prefiere ir de paseo mientras él ve un partido de fútbol, uno de los dos se ha de sacrificar. En la pareja se dan renuncias y concesiones; pero ambas cosas sin dramatizar las cosas. Según las distintas situaciones por las que discurra la vida en común, el hombre y la mujer habrán de ir alternando en los correspondientes concesiones y renuncias, aceptándolas como lo más natural del mundo y sin echar en cara más natural del mundo y sin echar en cara más adelante el comportamiento ni de uno ni de otro.
Controlar las emociones. Para poder lograrlo, al momento de la discusión, se aconseja mantener una buena respiración, honda y lenta, a la que acompañan ideas positivas y esperanzadoras.
Cuidarse de hacer daño al otro (a). ¿No se trata, en el fondo, de la persona que más se quiere, aunque a veces se olvide un poco? Pues bien, ha de ser el amor el que modere el tono de la voz, la mirada, los gestos, las palabras… todo. El que ama no hace mal a nadie. El “ama” y haz lo que quieras, de san Agustín.
El determinarse a hacer lo que cada quien se haya decidido ha de hacer para su bien y el de la pareja. El problema es de los dos, y la solución también.
Diario Extra 24 mayo 2008.

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