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RESONOCO

01/08/2008 GMT 1

Neruda, pasión por la vida

marfuerte @ 02:35

Amor a sangre y fuego

Por Luis Diego Cascante
Forja

Mucho se ha escrito sobre Pablo Neruda (1904-1973), el poeta del amor humano y cósmico . Neruda divide la historia de la creación -poética- en antes y después de él, a pesar de las críticas literarias que tacharan su poesía de 'hermética'. El mismo Neruda no aceptaba registrarse en teoría alguna: "me niego a masticar teorías". Más allá de los 'ismos', su poesía es una filosofía o canto del amor: del amor inconmensurable, aunque, siendo justos, más bien habría que hablar de sus 'amores inconmensurables'. Neruda siempre estuvo amando, más allá del prejuicio y la decencia, como "el amor de los marineros/ que besan y se van".
Neruda aterriza su poesía: la mujer es la medida y destino del hombre en el vínculo del amor: "Márcame mi camino en tu arco de esperanza/ y soltaré en delirio mi bandada de flechas". Le interesa, entonces, la mujer pero no la convertida en objeto. Le atrae en ella todo lo que es ella, su personalidad completa. "La mujer pone la fascinación, el encantamiento." La mujer es la chispa que desata el incendio. Toda mujer ha de ser amada por sí misma, conforme a un principio de identidad instalado en lo cósmico. Poéticamente el varón y la mujer son iguales: "Para mi corazón basta tu pecho,/ para tu libertad bastan mis alas". Cosmológicamente, en los niveles psicológico, biológico y social, sus papeles son complementarios : el varón no sólo es hombre, sino también el 'hombro' para la mujer.
Por eso, la biografía de Neruda es su poesía. Su poesía funge como memoria de sus pasiones. En ella, el amor ocupa un lugar privilegiado. Tan es así que el amor le sacudía las entrañas hasta arder en agonía y éxtasis: "Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre". El justo medio de Neruda es la intensidad. Como indican Teitelboim y Calderón, "todo lo vivió a fondo"… Neruda se entregó sin reservas al goce y descubrimiento del universo físico e invitó a todos, especialmente al hombre olvidado a acompañarlo: "Sube a nacer, conmigo, hermano". Cuando Eros se desata, el sexo se vuelve imperativo, pues "nos atrapó el placer profundo".
Brota así una voluntad de vida en su radicalidad. La vida es el corazón de todo: sin vida es imposible amar, sentir, etc. Paradójicamente, si somos incapaces de amor erótico, seremos incapaces de salvarnos a nosotros mismos a través de esa fundamental escuela de humanidad que es el amor. Neruda ama lo que lo puede amar, la universalidad del amor es celebrado como un banquete: de manera solidaria y festiva, en la comensalidad y complicidad. Por eso su obra está más cerca del Cantar de los cantares que de movimiento literiario alguno.
Su poesía tiene vida en sí misma porque refleja la vida: "Vivir será primero (…)" En un panerotismo, desestimagmatiza el cuerpo humano, convirtiéndolo en su medida, pero circunscrito en la totalidad de cada ser. El poeta chileno desnuda sin artificio el cuerpo y el mundo. Poetiza desde la transparencia, incardinada en el encuentro primigenio de la materia: clavando su dardo en la realidad que le revela el amor de carne y besos: "Deja que mis dedos corran/ por los caminos de tu cuerpo./ La pasión-sangre, fuego, besos-/ me incendia a llamaradas trémulas/ (…) Es la tempestad de mis sentidos/ doblegando la selva sensible de mis nervios./ Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!/ Es el incendio!" Y en Nuevas odas elementales se lee: "Con casto corazón, con ojos/ puros,/ te celebro, belleza,/ reteniendo la sangre/ para que surja y siga/ la línea, tu contorno,/ para/ que te acuestes a mi oda/ como en tierra de bosques o en espuma,/ en aroma terrestre/ o en música marina."
El panerotismo, en principio, se viste de un materialismo insuficiente para explicar desde sí mismo la riqueza del amor. En virtud de lo cual resulta más conveniente destacar una voluntad de vida -y jamás de poder-. La voluntad de vida asumida en su radicalidad resulta un modo de religiosidad; pero una religiosidad que se muestra como santidad sin Dios, para hacer de los seres humanos de carne y besos dioses en este amor a sangre y fuego. Esta religiosidad religa al hombre con la totalidad del mundo en un abrazo cósmico cargado de humanidad.
El amor a la mujer se unifica con el amor al cosmos, pues todo lo bello es amado en aquel que sostiene la belleza femenina. La mujer es el resplandor primigenio de esa gran luz cósmica. El amor físico es el símbolo más patente del amor cósmico, de ahí que la mística nerudiana sea una "erótica". La vía poética o del corazón es la expresión de lo vital y dinámico.
Pero amar es desesperar por ausencia del ser amado, es tocar la melancolía: "si solamente me tocaras el corazón,/ si solamente pusieras tu boca en mi corazón". Sentimiento que, a la vez, reposa en el simple recuerdo: "Te recuerdo como eras en el último otoño/ Eras la boina gris y el corazón en calma/, nace paulatinamente el recuerdo tormentoso impregnado de la angustia total del poeta:/ Soy el desesperado la palabra sin ecos/ el que lo perdió todo, y el que lo tuvo todo". Es hondo el dolor del amante, pues hiriéndose o siendo heridos la vida se apodera de los amantes, se sienten vivos. El amante queda adscrito de una vez y del todo al ser que ama, como una especie de injerto metafísico, rozando una experiencia abrumadora.
La palabra 'amante' (Cf. La barcarola) es peligrosa. Encarna significados dispares desde lo sublime hasta lo indecente: 'el/la que ama', 'el que está en transe', 'persona sucia o inmoral', etc. Neruda se atreve a reconocer que nuestros sentimientos explícitos o subterráneos son parte de nuestra vida, de un pasado heredado, y a la vez constructor de nuestra evolución personal. Amar y odiar, como fuerza primitiva de nuestra especie, aparecen a ráfagas en el encuentro con la pareja: "Llénate de mí (…)/ Libértame de mí". Así surge la reciprocidad como una de las características de la formación de la pareja. Es conseguir la completa identificación con el otro sexo, y una capacidad empática con el complemento que brinda la persona amada; en la festividad del orgasmo. Sensualmente, pero sin perder la ternura.
La búsqueda de unión y del orgasmo permite la fusión con el otro. Indudablemente, el amor hace a los amantes entender que su situación es el permanente desafío a las leyes del hombre en sociedad, y lo peor -o mejor- es que no puede evitarlo, "no puedo vivir ni contigo ni sin ti" (Marcial).
En este contexto, Neruda sugiere que la sexualidad es la forma básica -y más temprana- de afirmarse en la realidad. El funcionamiento del ser humano está directamente relacionado con el sexo, el cual nos muestra si un individuo, sea hombre o mujer, ha logrado ser libre, independiente y maduro. Por supuesto que la pasión sexual contribuye a la estabilidad del amor, pues el amante percibe el fuerte sentimiento de su individualidad y de la gratitud compartida.
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Conclusivamente, controlar el deseo sexual de los demás es asegurar la esclavitud de todos y todas, a cambio de una libertad contradictoriamente condicionada. Se puede afirmar que, para Neruda, la liberación política, económica, etc., parte de la emancipación sexual. Psíquicamente esto equivale a no encontrar jamás el equilibrio, sin las caprichosas reglas del amor y del alivio sublime del amor consumado.

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NOTAS

Pablo Neruda, Todo del Amor. México, Grupo Editorial Tomo, S.A., 2005. (De este texto está tomada la poesía referida en este breve escrito.)
Cf. Amado Alonso, Poesía y estilo de Pablo Neruda. (Intepretación de una poesía hermética.) Madrid, Gredos Biblioteca Románica Hispánica, 1997. La tesis central del hermetismo de Neruda consiste en proponer como clave para la lectura de su poesía el ensimismamiento/acorazamiento.
Hermosa frase de Antonio Skármeta, El cartero de Neruda. (Ardiente paciencia). Barcelona, Plaza & Janés, 1996. Un comentario al margen -pero fundamental- sobre la opción política del poeta obliga a afirmar que Neruda es poeta del amor a pesar de y no a causa de su comunismo. La respectividad como categoría metafísica brota del encuentro con la amante y, a partir de éste, emergen los demás encuentros. Efectivamente, la angustia se abre desde la experiencia del amor para aspirar a la utopía.
Volodia Teitelboim y Teresa Calderón, "Algo sobre Neruda y el amor", en Revista Cuadernos, No. 22, 1995 (www.fundacionneruda.org).
Sólo así se accede, en un segundo momento, a la utopía nerudiana: la procreación de un futuro más hermoso y justiciero sin prisa, sin pausa, donde el varón y la mujer enarbolarán la bandera del ser y del amar ayer, hoy y siempre. Cuando Neruda dice 'yo', el eco musita 'nosotros'. Aquí es donde aparece la veta whitmaniana: Neruda es antiesclavista y antiimperialista.
Cf. Antonio Campaña, "El amor en la obra nerudiana", en Revista Cuadernos, No. 30, 1997 (www.fundacionneruda.org).
No es el reino de la gracia o justicia, sino el reino de la dicha apacible. Se trata de construir ardientemente "una fraternidad siempre amenazada", en la que el hombre /mujer sea principio de vida y eternidad de la misma.
El cosmos es la expresión de la plenitud. Se insinúa el panteísmo nerudiano: "Como todas las cosas están llenas de mi alma/ emerges de las cosas, llena de alma mía."

Suplemento Forja. Semanario Universidad. 25 junio 2008.

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