Cinco llagas de la Iglesia
Mauricio Víquez Lizano | canino@racsa.co.cr
Los esfuerzos de Rosmini para armonizar a la Iglesia con la modernidad parecían herejías
Presbítero
A propósito de ciertos acontecimientos ocurridos entre nosotros, lo mismo que a causa de la publicación de un Cuaderno CJ titulado¿Qué pasa en la Iglesia? (abril 2008) firmado por X. Alegre, J. Giménez, J. González y J. Rambla, además de un artículo de Comblin del año pasado en la revista Signos de vida acerca de la cuestión de la relación entre Iglesia y poder, he recordado una obra que, en su momento –como su autor, hoy beato de la Iglesia– debió dormir en el cajón de un estudio por “varios años debido a que los tiempos no eran propicios para su publicación”.
Males de la Iglesia. A los 36 años de Antonio Rosmini y en 1833 escribió su célebre obra titulada De las cinco llagas de la Iglesia. Tratado dedicado al clero. En 1849 la obra sería retirada a petición del Santo Oficio, seguida de una nota de su autor a Pío IX indicando la aceptación de la prohibición.
Ahora, ¿qué es lo que decía aquella obra de inicios del siglo XIX? Por todo lo que hoy nos puede decir en nuestro aquí y ahora, vale la pena que nos fijemos. No sin antes recordar unas palabras introductorias del mismo Rosmini: “El meditar sobre los males de la Iglesia no puede ser reprobable cuando quien lo hace es movido por el amor a la misma Iglesia y por la gloria de Dios”.
kSegún Rosmini y en medio de las realidad de su época, la primera de las cinco llagas que él consideraba que renovaban las de Cristo en la cruz lo era la separación entre el pueblo cristiano y el clero, sobre todo en la liturgia. Aquí el actual beato pensaba en lo que miraba en su entorno concreto: unas celebraciones litúrgicas frecuentemente incomprensibles para los fieles y la notoria distancia existente entre el clero y los laicos.
kLa segunda llaga es la insuficiente formación cultural y espiritual del clero. Hoy, muy probablemente la situación no sea tan dramática, como lo señalada por el beato Rosmini; sin embargo, puede ser necesario hoy cierto empeño renovado sobre eso que, en los ambientes de las profesiones liberales, se llama normalmente “formación continua”. Sería muy útil de cara al necesario diálogo fe-cultura tan venido a menos.
kLa tercera llaga es la desunión de los obispos entre ellos, con el clero y con el papa. Muy hijo de su tiempo, Rosmini hablaba de lo que veía. Las circunstancias eran dramáticas ciertamente. Hoy ¿serán otras? En muchos campos puede ser que sí. El autor que comentamos hablaba, expresamente, de falta de fraternidad, del daño que provocaban ciertos servilismos aduladores y del desgaste que generaban algunas discordias baratas. Creo que aún hay mucha tela por ser recortada en estos particulares temas.
kLa cuarta llaga es la injerencia política en el nombramiento de los obispos. Rosmini reivindica la libertad del papa en estos nombramientos, pero pide volver a la práctica antigua de que “el obispo sea un sacerdote sugerido por todos aquellos a los que él tendrá que dirigir y sea por ellos conocido y querido”, lo que significa que todo el clero y el pueblo de una diócesis deberían participar de alguna forma en su nombramiento.
kLa quinta y última llaga anotada por Antonio Rosmini es la riqueza de la Iglesia, o sea, los bienes temporales que esclavizan a los eclesiásticos y la falta de transparencia en su administración.
Renovar la Iglesia. Las ideas de Rosmini sacudieron a la Iglesia y el 14 de abril de 1887 otra vez el Santo Oficio condenó 40 tesis sacadas de sus escritos. Los esfuerzos de Rosmini para renovar a la Iglesia, para armonizar la fe con la razón y la Iglesia con la modernidad, parecían herejías. Fue Juan Pablo II quien subrayó el testimonio de vida de Rosmini: “Nos enseñó cómo se ama a la Iglesia, cómo se trabaja por la Iglesia, cómo se puede y se debe sufrir por la Iglesia”. El 1.° de agosto del 2001 la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) declaró que los escritos de Rosmini no contenían ningún error dogmático y que las interpretaciones contrarias a la fe que se habían hecho de sus escritos, no correspondían con la auténtica postura del autor. Hoy, como se ve, leer con atención a Rosmini nos vendría bien. Hasta hacerle caso, ¿no creen?
periódico La Nación 28 mayo 2008.

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