Columna Enfoque
Jorge Vargas Cullel | jovargas@nacion.co.cr.
Politólogo
Pocas palabras han sido tan victimizadas en los últimos tiempos como la palabra “régimen”. Cuando se quiere denegar la legitimidad de un Gobierno, lo más fácil es transformarlo en un régimen, o sea, la suciedad más asquerosa. Para acentuar el efecto peyorativo, la nueva ortodoxia recomienda que, antes de pronunciar la fatal expresión, se haga un breve silencio, se engole la voz y muy lentamente, por sílabas, se diga “rée-gi-mennnn” (más impacto se logra si la “n” se deja suspendida).
En la emergente jerga política, Hugo Chávez no preside un Gobierno, sino un régimen. Bush tuerce la boca cuando habla del “régimen” de Saddam Hussein en Iraq (y se refiere a la tiranía feudal de Arabia como al “reino” saudí, nótese la respetuosa denominación). Se habla del régimen cubano, pero no del régimen mexicano. En resumen, cuando a un sistema lo tildan de “régimen”, la mano viene mala; prepárese para los tortazos, pues contra “eso” todo vale.
En defensa de la palabra “régimen”, pero no de los sistemas a los que se les ha encajado tal denominación, debe decirse que ese modo de emplearla distorsiona su significado original. El origen de esta palabra deriva del latínregere (“regir”) yregis (“rey”). Refiere a sistemas para gobernar la conducta de las personas. Este significado básico, neutro, puede aplicarse a muchas cosas y, de hecho, así se hace. En economía se habla del “régimen cambiario”; en el mundo diplomático, de los “regímenes internacionales” y en la parla común uno dice: “Estoy a régimen” para indicar que puso orden en el comer. En ciencia política, “régimen” tiene un significado preciso: las reglas que determinan quién y cómo se obtiene el poder político en una sociedad.
“¿Y qué con eso, Vargas, a qué viene esa aburrida disquisición? Si quieren, les rastreo el origen de la palabra “petulancia”... Vieran que no estoy partiendo pelos en el aire. Oigo cada vez más instalada en el debate político costarricense la palabra “régimen”, usada como epíteto. Hay gente que habla del “régimen” de los hermanos Arias. Con ello denotan su desprecio a lo que consideran una dictadura disfrazada. Otros prefieren una caracterización más general: el “régimen neoliberal”. Esto es un cambalache: si “régimen” es Hussein, Chávez o Arias, el neoliberalismo o el comunismo, nada está siendo definido con precisión. Lo mismo da que digan “malo”. Sin embargo, en política, como en la vida, las palabras cuentan y mucho. Si, como debe ser en una democracia, hay interés en desarrollar una eficaz estrategia de oposición al Gobierno y una propuesta alternativa, es indispensable una caracterización cuidadosa de los actores. Una cosa es la cólera y otra el buen pensar.
periódico La Nación 29 mayo 2008.

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