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RESONOCO

05/08/2008 GMT 1

Ángel San Casimiro: Caímos en la trampa, descuidamos la producción interna

marfuerte @ 02:04

JORGE ARAYA ESQUIVEL*

“El libre mercado siempre genera el que unos van a ser muy gananciosos y la gran mayoría van a ser los perdedores”
La Iglesia no se está metiendo en política, sino que trata de ser consecuente con su misión, afirmó el obispo de la Diócesis de Alajuela, Ángel San Casimiro, en entrevista para Página Abierta. El presidente de la Pastoral Social de la Iglesia Católica explicó los objetivos de la “Jornada Nacional por la Alimentación y el Derecho a la Producción de Alimentos”, que la Conferencia Episcopal realizó con las agrupaciones campesinas del país y otras organizaciones sociales el pasado martes 24 de junio.
El encuentro lanzó un llamado al Gobierno para convocar a un diálogo nacional, a fin de construir un programa integral de políticas públicas que le garanticen a la población seguridad alimentaria, acceso a la tierra, financiamiento para producir, insumos agrícolas a precios asequibles e ingresos suficientes para adquirir los alimentos.

¿Cuál fue el motivo de este encuentro de los obispos con los dirigentes campesinos y sociales?
En esta reunión había unos objetivos muy claros: primero, no atacar a nadie. Segundo, reflexionar sobre que es lo que nos ha llevado a que en Costa Rica, como en tantos países, estemos en esta situación tan difícil de la crisis alimentaria. Y tercero, hacer una excitativa respetuosa pero vehemente al Gobierno, para que sea él quien convoque a un diálogo nacional. Un diálogo no para escuchar digan lo que digan y yo tengo ya mi respuesta, sino para escuchar a los diferentes sectores, y entonces reorientar las políticas públicas en lo que pudiera ser una auténtica propuesta para la reactivación del agro y, por consiguiente, para paliar las consecuencias de la crisis.

La celebración de esta jornada de reflexión surgió de una primera reunión en Cáritas Nacional con unos dirigentes campesinos, en la que estuvimos analizando la preocupante situación de la crisis alimentaria. Al darnos cuenta que en Costa Rica todavía estábamos en tiempo de paliar situaciones más difíciles, surgió la idea de tener una reunión con todas las organizaciones agrícolas del país.

Ellos fueron muy claros en expresarnos que la Iglesia es la que debiera convocar por cuanto que, en palabras de ellos, es la institución que más credibilidad tiene en su convocatoria. Y si tenemos que probar esto por los hechos de la reunión del martes, pues creo que no estaban tan equivocados, nunca pensamos que la respuesta iba a ser tan generosa, no se si hubo alguna organización campesina del país que se quedara sin asistir.

¿Por qué la Iglesia está metida en esto? Alguien podría pensar que ustedes están tratando de lavarse la cara tras el escándalo en que se vieron envueltos por acusaciones de negocios financieros ilegales.
Sí, que duda cabe que aquí hay para todas las lecturas que uno quiera hacer. Pero no es esa la razón, la razón es que nosotros debemos ser coherentes con la misión que tenemos encomendada por el mismo Jesús. Esa misión nosotros la visualizamos en la figura del buen pastor. El buen pastor es aquel que acompaña a sus ovejas, el que acompaña a su pueblo.

Esa es la misión nuestra, ir juntamente con el pueblo, y en esto tenemos que ser consecuentes con las opciones que la Iglesia ha tomado siempre, y es el acompañamiento a todo el pueblo de Dios, pero especialmente a la porción del pueblo que mas necesita.

¿Es un viraje? Porque algunos sectores les reprochan un supuesto abandono del compromiso social que la Iglesia tuvo en otras épocas.
En la vida uno tiene que estar revisándose permanentemente, y si quizás en el pasado no hemos acompañado como debiéramos a nuestro pueblo, pues bendito Dios que ha llegado un momento en que hemos dicho: bueno, tenemos que cambiar de actitud y acompañar al pueblo simplemente para decirle somos uno mas con ustedes, y ante una situación tan difícil que afecta a todos, convocar a todas las organizaciones para examinar esto.

¿No cree que los acusarán de intromisión en asuntos políticos que no les corresponden?
Alguien dirá que por qué los obispos se meten en política. Pero si uno revisa la historia de la Iglesia, la historia del cristianismo, así ha pasado siempre, cuando el profeta se mete a denunciar situaciones que están atentando contra la dignidad humana, siempre es malinterpretado, calumniado, insultado y algunas hasta han llegado a la muerte.

San Agustín dice que la política es el arte de hacer bien las cosas. Y yo pregunto a los que puedan criticar que ahora los obispos se meten en política: ¿nosotros estaremos actuando mal metiéndonos en el campo de la política con esta definición, el arte de hacer bien las cosas?
Otra cosa es meterse en política partidista, ahí nosotros no debemos, porque nos debemos a todo el pueblo de Dios, y en el pueblo de Dios hay toda gama de opciones político-partidistas. Pero acompañar para que las cosas se hagan bien, acompañar muchas veces hasta con la denuncia para evitar atropellos o abusos, eso no es meterse en política, es cumplir con el evangelio, es trabajar por ir construyendo poco a poco el reino de Dios, que es un reino de verdad, justicia, amor y solidaridad. En eso los obispos tenemos la obligación de meternos.

¿Qué relación hay entre el partir el pan en la Eucaristía, una vivencia central para el cristiano según la teología, y la realidad actual de la crisis de alimentos?
Cuando hoy día, en el siglo XXI, todavía hay millones de personas que no pueden ver satisfecho el elemental derecho humano que es la alimentación, esto clama al cielo. Y en el continente latinoamericano, que se denomina cristiano, donde muchos nos alimentamos de la palabra de Dios, con la Eucaristía, esto no podemos concebirlo. La Eucaristía tiene sentido no solamente en cuanto a la celebración litúrgica, donde hacemos presente al Señor. La Eucaristía tiene sentido cuando celebramos esa presencia por la fe, pero la hacemos vida a través del amor, ¿con quién?, con los Jesucristos vivientes que somos los seres humanos (…) Yo creo que para nosotros es sumamente importante la cultura de la solidaridad, de la cercanía, de sentir en carne propia que otro ser humano no tenga para comer, eso es consustancial con el ser cristiano.

Pero eso choca con las tendencias políticas y económicas que se han impuesto últimamente en estos países, con el culto al “dios mercado” que ha denunciado el cardenal Oscar Rodríguez, arzobispo de Tegucigalpa.

Precisamente es bueno analizar por qué hemos llegado a esta situación. En Costa Rica desde los años 40 se ideó un Estado fundamentado en la virtud de la solidaridad, y por eso en el campo social despegamos por encima de tantos países, lo que nos hizo un país distinto en educación, salud, garantías laborales…pero a partir de los 80, con la aparición de los famosos PAES (Programas de ajuste estructural de la economía) vamos abriéndonos a un libre mercado que ha privilegiado un tipo de producción, la producción para la exportación.

El gran problema es que el crecimiento económico que generó ese cambio de modelo no redundó en mejor vida para el pueblo costarricense, redundó en mejor vida para unos pocos, y poco a poco fuimos viendo cómo nuestro estado social se fue derrumbando. Naturalmente que hemos llegado a la situación que era previsible y lógica, aunque nunca pensábamos que se nos iba a dar tan rápido.

El libre mercado siempre genera el que unos van a ser muy gananciosos y la gran mayoría van a ser los perdedores. Para comprender esto no hace falta ser muy inteligente, es cuestión de ir a los hogares costarricenses y preguntarles cómo notan su acceso a la alimentación hoy. Es que matemáticamente es imposible que les de el sueldo que ganan para afrontar la vida, es que se han disparado los precios en todo lo que es la alimentación. A consecuencia, sí, ya sabemos, de los energéticos y tal, pero en el fondo creo que por adoptar un sistema de libre mercado descuidamos lo que era el impulso a la producción para el mercado interno. Pensábamos que con lo que nos van a dar por lo que exportamos vamos a comprar los alimentos más baratos que los que producimos aquí, caímos en la trampa y ahora resulta que aquellos para quienes exportamos también andan mal en la alimentación.

Pero aquí no se trata de echar clavos contra nadie, a la Iglesia lo que le interesa es que este pueblo llegue a una plenitud de vida, que es la que Cristo vino a traernos. No me estoy oponiendo a que produzcamos para exportar, Dios guarde, lo que digo es que demos un incentivo muy fuerte a la producción interna, para que los costarricenses podamos ser independientes y soberanos en lo que buenamente podamos en cuanto a la alimentación.

¿Habría que rescatar instituciones como el Consejo Nacional de la Producción?
Efectivamente, ¿por qué no recuperamos el CNP? Pero lo recuperamos no para que sirva de caja chica para unos, lo recuperamos para que regule todo lo que es política agrícola en el país. Yo espero que el Gobierno no nos entienda mal, que no vean lobos donde no los hay. Espero que vean en nosotros los aliados de un país como Costa Rica que simplemente queremos aportar nuestro grano de arena juntamente con los productores, a quienes se les debe escuchar, y con quienes se debe contar como artífices de las políticas agrarias de este país.

De hombres es equivocarnos, pero de hombres es también rectificar, y por eso creo que en Costa Rica estamos a tiempo. Quiero dejar muy claro que a la Iglesia, como jerarquía, lo único que le interesa es acompañar en el discernimiento del mejor de los caminos para que Costa Rica salga adelante.

No hay deseo de protagonismo, o deseo de lavarnos la cara como pueda pensar alguien, para nada, es simplemente el ser consecuentes con un rasgo de nuestro ministerio que creemos es fundamental.

*Periodista.

Suplemento Página Abierta. Diario Extra 1 julio 2008.

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