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RESONOCO

05/08/2008 GMT 1

La sabiduría de Hortaleza

marfuerte @ 02:07

Enrique Gomáriz Moraga

¿Quién se imaginaría que aquel muchacho humilde acabaría convirtiéndose en Luis Aragonés?

Analista político

Apenas había cumplido siete años, cuando mi padre comenzó a llevarme de la mano a presenciar los encuentros del Pinar Club de Fútbol, el equipo local de Hortaleza, por entonces un pueblo al norte de Madrid, que pronto se convertiría en un barrio periférico de la capital en expansión. En el Pinar C. F. jugaba un muchacho flaco y desgarbado, que pronto destacaría por su visión instintiva de campo, sus pases en profundidad y su toque en los tiros libres, pero que apodaban el Plomo por su correr lento y cansino.

Cuando el Plomo jugaba un buen partido, hacía las delicias de los seguidores locales, pero también los desesperaba cuando jugaba mal, algo que sucedía con similar frecuencia. Obviamente, yo prefería que el Plomo jugara bien y que el Pinar ganara, porque así aumentaba la posibilidad de que fuéramos con el equipo a degustar las delicias de Hortaleza: chuletitas de cordero, regadas con un vino semidulce denominado “garnacho”. Para mí, el Plomo acabaría convirtiéndose en todo un símbolo de las vueltas que puede dar la vida. ¿Quién iba a imaginarse que aquel muchacho humilde acabaría convirtiéndose en Luis Aragonés, el sabio de Hortaleza, entrenador de una selección campeona de Europa?

Años duros. Lo cierto es que no todo es casualidad: en los años duros de la España franquista agarrarse con todas sus fuerzas a sus habilidades futbolísticas entregó a Luis la llave maestra de la movilidad social, sobre todo al alcanzar la primera división. Pronto llegarían los años en el Atlético de Madrid, donde fue rebautizado como Zapatones por la pesadez y contundencia de sus botines, sobre todo cuando tiraba a balón parado.

Recuerdo que el joven Plomo tenía un mentor en el presidente del Pinar C. F., conocido como Ángel el Carnicero , cuyo comercio sufría de vez en cuando las cargas de su mecenazgo futbolero. También recuerdo que aquel hombre representaba para mí la imagen de lo secreto: me intrigaba la frecuencia con la que mi padre empezaba a hablar en voz baja con Ángel y otros miembros de la directiva del Club, y me irritaban las evasivas de mi padre cuando yo le hacía preguntas al respecto. Solo bien entrado en la adolescencia pude enterarme a medias del secreto. Aquel siseo tenía razones políticas: el Pinar C. F. de Ángel el Carnicero , se había convertido en un espacio medio espontáneo de republicanos derrotados en la guerra civil, que mantenían las esperanzas de acabar alguna vez con la dictadura.

En ese clima barrial, donde había que tener cuidado de lo que se hablaba, fue madurando Luis Aragonés, que luego militaría en las filas del equipo representativo de la oposición popular, el Atlético de Madrid, sobre todo ante un Real Madrid utilizado hasta la saciedad por el general Franco como estandarte deportivo del régimen. ¿Tendría algún contenido político la insistencia de Luis en que el Atlético era el club de sus amores, cuando rechazaba algún alcance que le hacían desde el Real Madrid?

Espíritu superador. Afortunadamente, la transición democrática fue borrando esas connotaciones que afectaban a los equipos españoles, pero ha sido Luis Aragonés quien ha logrado llevar al fútbol aquel espíritu superador de la reconciliación. Algunos se preguntan si para lograrlo tuvo que adoptar la decisión irrevocable de excluir a un Raúl excesivamente representativo del madridismo tradicional, pero lo cierto es que la selección de Aragonés ha incorporado futbolistas de toda España, tanto si juegan en el fútbol nacional como si lo hacen en el extranjero.

En todo caso, el cambio más radical que ha hecho este hombre de 70 años en el fútbol español ha sido propiamente deportivo: la selección nacional ha dejado de identificarse con la imagen de la furia, para asociarse a la de la técnica y la astucia. Atrás quedó aquel juego marcado por el esfuerzo desesperado (bien simbolizado por Raúl), para dar lugar al disfrute de la creación imaginativa, eso sí, compatible con la disciplina táctica. Es sintomático que sea uno de los “jugones”, Xavi Hernández, quien haya sido elegido como el mejor jugador de la Eurocopa. Luis Aragonés ha sido capaz de conformar un modelo particular, eligiendo a los jugadores para ello, y la victoria que todos celebran de ese sentido de equipo lleva ya su marca indeleble.

Desconfianza y celos. Sin embargo, la trama organizativa de la Federación parece contagiada por las diversas turbulencias que afectan hoy el alma nacional. Tuvieron y tienen desconfianza y celos del sabio de Hortaleza. Por eso lo están dejando marchar. Pese a que los jugadores piden a gritos que se mantenga al menos por los dos siguientes años, hasta el próximo Mundial de Sudáfrica. Algo que se cae de lógico y sensato.

Veremos si la presión de la afición consigue el milagro de que Luis se quede. De momento, aquí, en Hortaleza, en medio de la euforia colectiva, levanto mi copa de “garnacho” a la salud de esas viejas generaciones que vivieron tiempos duros y tuvieron la suficiente sabiduría para superarlos, como Luis el Plomo , Ángel el Carnicero o mi propio padre.
periódico La Nación 1 julio 2008.

Comentarios

Un Comentario »

  1. y ahora que la taurina cerró, dónde tomas garnacho en hortaleza? es el mismo garnacho?
    gracias

    bonifacio barrio hijosa | 02-09-2008 - 11:03:05 GMT 1 #

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