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RESONOCO

07/08/2008 GMT 1

columna CON LA GENTE

marfuerte @ 01:53

UN MAESTRO SUPERIOR
Dr. Oscar Arias Sánchez*
Una vieja leyenda narra las vicisitudes de un héroe que surca la Tierra en busca de un maestro digno de su talento. Después de atravesar improbables aventuras y desafíos, el héroe arriba a la cima de una montaña en que dos ancianos milenarios meditan en silencio. Ambos ancianos se ofrecen para ser sus maestros. Uno de ellos era un hombre intachable, cuyo ejemplo era difícil de seguir e imposible de superar. El segundo de ellos era un hombre común, con quien sería fácil alcanzar la fama y la gloria. El héroe entonces debe elegir entre una vida en que sería siempre comparado con su maestro, o una vida en que podría fácilmente superarlo. Sin dudarlo escoge al primer anciano y pasa su vida sin gloria, a la sombra de su maestro, aprendiendo de su sabiduría e imitando su ejemplo.

¿No somos nosotros como el héroe de esa leyenda? Quienes formamos parte de la Iglesia Católica, ¿no elegimos también a un Maestro cuyo ejemplo es el que más cuesta seguir, pero el que más vale la pena imitar?
Siempre he dado gracias a Dios por haber nacido en el seno de una familia católica. Mi madre, cuya devoción por la Virgen era infinita, me infundió junto con mi padre el apego a los valores cristianos de la compasión, del perdón y de la solidaridad. Valores que he intentado honrar y practicar a lo largo de mi vida, convencido de que, como nos dice el libro de los Hechos de los apóstoles, “mayor felicidad hay en dar que en recibir”.

A veces, sin embargo, extraño la práctica de esos valores en la misma Iglesia Católica de la que formo parte. Conozco demasiados católicos, laicos y clérigos, que obedecen las más estrictas reglas de nuestro credo, salvo el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros. Jesús nos enseñó el don del desprendimiento, de la solidaridad con quienes menos tienen. Hoy, apenas unas horas después del Día de San Pedro y San Pablo, quisiera hacer un llamado a los católicos para retomar la senda de la generosidad, para recordar que nuestro ejemplo es un Maestro que vino al mundo por los pobres, por los enfermos, por los excluidos de la sociedad.

Es justo que reconozcamos que individualmente todos, incluidos los representantes de la Iglesia Católica, podemos hacer mucho más por reducir la pobreza en el país, por reestablecer la paz en nuestras comunidades, por difundir el mensaje de la unidad en todo el territorio nacional. Es justo que reconozcamos que todos, incluidos los representantes de la Iglesia Católica, compartimos una cuota de responsabilidad en cambiar las circunstancias, y no sólo en criticarlas.

Creo que ésa sería la mejor forma de celebrar una fecha cuyo origen es la humildad de dos santos dispuestos a entregar su vida por amor al prójimo y por amor a Cristo, un Maestro superior.

Presidente de la República*
Diario Extra 30 junio 2008.

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