Columna ESAS COSAS RARAS 2
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
Foto: Adriana Araya
Guadalupe Urbina celebró muchas fiestas el pasado 25 de julio, día de la Anexión al Partido de Nicoya, en el Auditorio Nacional, ante un público que, con ansia de verla y escucharla, no dejó espacio libre en las butacas del recinto.
La Lupe de Guanacaste regresó, no solo para esta fecha cívica, sino para reivindicar que lleva la música, el folclore y el arte en las venas, sin necesidad de que alguien encienda las luces de su escenario.
“Hemos hecho grande a la patria”, fue una de sus primeras menciones. Su Sardinal fluía una y otra vez de su verborrea y pensé que este espectáculo tal vez no había sido creado para un regreso sino para un reencuentro con su gente guanacasteca y con aquellos desplazados de su tierra hacia la capital u otras provincias.
¿Cómo sentirme parte de esto? Soy costarricense y para mi Costa Rica es una sola. No soy antes josefina que tica y aquello me parecía un culto a Guanacaste y a Sardinal.
Pero para ser parte de esto, hay que dejarse atrapar. Guadalupe es esencia de folclore guanacasteco. No se llega a esta artista sin antes ser arcilla, no se llega a comprender sus letras y su música sin antes andar descalzo por la pampa que ella describe.
Y entre el acordeón y la marimba, y las voces de Ana Castro y Gladis Chiny, fluyeron en mí memorias.
Una niña vestida de campesina buscando entre las matas de amapola, una de sus flores más hermosas para vestir sus largas trenzas. Una niña que de la mano de un compañero de bigotes falsos y sombrero campesino, bailaba en un acto cívico “Morena de vida te vengo a cantar mis penas a recordarte el día en que vistes el alma mía”. Y los “güipipíaa” encendían de alegría aquellas celebraciones.
“Yo también llevo a Guanacaste en mis venas, y también tengo un Sardinal en el Calle Fallas que me vio crecer. También tengo un Cristo Negro y una comunidad en mis recuerdos”, me dije con orgullo.
Así me envolvió el carisma de esta mujer que por ratos cedía su presencia a “Voces Ancestrales”. No cualquier artista expone su retorno, su espectáculo presentando a un grupo de jóvenes aprendices de su encanto.
El efecto no resultó tan mágico y elocuente. Muchos en el escenario durante mucho tiempo y con técnicas que merecen trabajarse más. Pero la Urbina de andares europeos es noble y quiere dejar herencias. Creo que por eso está aquí entre nosotros, redescubriéndose, tras varios años ausente y otros tantos en silencio.
En buena hora… ¡Tenemos Guadalupe para rato!
periódico La Prensa 1 agosto 2008.

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