Columna Surco
Francisco Barahona R.
Según los cables internacionales, 15 secuestrados colombianos por las FARC han sido liberados por un comando de elite en aquel país entre los cuales se encuentra Ingrid Betancourt, los tres norteamericanos capturados hace varios años y once militares. La noticia es de primera página y así probablemente se destaque en todos los medios de comunicación del mundo hoy jueves; la información nos da gran satisfacción no solo por los secuestrados liberados, sino porque es un triunfo para el actual Gobierno colombiano; no sabemos cuando escribimos esta columna, si hubo muertos en el proceso de liberación, pero más bien parece ser una operación de inteligencia, infiltración y sorpresa cuando todos se movían para cambiarse a un nuevo campamento, aparentemente no hubo derramamiento de sangre.
Sí resulta curioso, por decir lo menos, que el hecho se haya producido el mismo día en que el candidato republicano, el Senador McCain visita Colombia, no creemos que sea mera casualidad, por el contrario, suponemos que la liberación de la secuestrada más ilustre y famosa de ese país, así como otros tres ciudadanos norteamericanos, sea parte de una gran operación dirigida a fortalecer al Presidente Uribe y de carambola, a la candidatura del Republicano en Estados Unidos, de cara a las próximas elecciones y para darle, no solo un reforzamiento a la política norteamericana en apoyo a Colombia, sino además, brindarle un gran acto, de gran valor humano y político que lo refuerce como líder de su país, junto con Bush, en materia de política exterior y de defensa de los derechos humanos: sin duda así será utilizada esta noticia por sus estrategas de cara a la elección presidencial de noviembre.
En todo caso, el hecho reviste gran importancia humanitaria, revela un triunfo para la política oficial colombiana tendiente a acabar con la guerrilla por la vía del enfrentamiento militar, queda en evidencia una debilidad intrínseca de las FARC que pudieron sacar muchos réditos si hubieran liberado a estos rehenes por su propia decisión, tal y como se lo sugirió reiteradamente el Presidente de Venezuela y mucho otros líderes internacionales.
Quizás después del cambio de mando que se produjo en ese grupo insurgente hace pocas semanas, luego de la muerte natural de Tirofijo, su anterior comandante y fundador, no hubo tiempo o voluntad para tomar una decisión oportuna; pero en todo caso, la liberación de estas personas, que además tenían en su mayoría serios problemas de salud por sus prolongados cautiverios, nos debe alegrar a todos y solicitar que se produzca pronto, una solución negociada y en paz de este conflicto que tiene más de 50 años de existencia y que ha sembrado de terror y muerte, no solo en ese país, sino en otros de su entorno latinoamericano. La hora de la insurgencia armada ya pasó y el hoy merece la paz para que nuestros pueblos construyan sus futuros con dignidad y libertad.
periódico La Prensa Libre 3 julio 2008.

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