Engaño político
Gilberto Campos Cruz *
La separación de la diputada Andrea Morales de la fracción legislativa del Partido Acción Ciudadana, de reciente suceso, varios regidores a lo largo del país y algunos síndicos en diferentes distritos que en el transcurso de los primeros dos años de período también abiertamente se han separado de este partido; han hecho que se encienda en el país un debate enarbolando valores como la lealtad, la honestidad, la responsabilidad y el respeto por la voluntad popular, entre otros principios democráticos, queriendo juzgar el comportamiento de la disidencia.
Sin embargo para deliberar sobre este tema, es necesario repasar el método mediante el cual acceden al poder Morales y otros, sin querer endilgarle un liderazgo matrafulero a esta última o sugerir que eventualmente podría tener la capacidad de liderar un grupo que no tienen realmente elementos en común más allá de la forma en la que juzgan enérgica y vehementemente la conducta de los políticos nacionales.
Bien, el sistema de elección de órganos colegiados como en la Asamblea Legislativa, los concejos municipales y los Concejos de distritos, se fundamenta en la manifestación gráfica de la voluntad del elector por una lista de candidatos ordenada, cerrada y bloqueada, identificada por el color y nombre del partido político que la postula. Pese a que se eligen finalmente personas, lo cierto es que el elector estrictamente elige una lista propuesta por un partido político para obtener escaños parlamentarios o municipales. El sistema electoral por lo tanto, establece una obligación tácita de los elegidos con los electores de respetar su voluntad.
El Partido Político por su parte, tiene la obligación de proponer sus candidatos idóneos, aquellos que por una coyuntura en particular, por formación o deformación política, por constancia o por poder, tengan por convicción incorporados a sus actos la filosofía, la ideología y las formas de plantear las soluciones a los problemas nacionales o locales, aquellos “soldados” que en un escenario colegiado serán capaces de representar los intereses y las visiones del partido, con el objetivo de imprimir en sus discusiones la visión de Estado y de mundo que quieren implementar.
Esa idea de gobierno, es la que se transmite a los electores por medio de la propaganda, de los mitines, de la campaña como tal, pero más aún es la idea sobre la cual se cohesiona la existencia misma del partido, su ideología, su filosofía. Es la idea que el elector aprehende, y reproduce en algunos casos, pero que indudablemente manifiesta en su derecho de elegir la opción política que le parece manifiesta con mayor contundencia, las soluciones más idóneas para los problemas públicos.
De la madurez de una organización política, depende que su sistema de elección de candidatos garantice al electorado que los propuestos se apeguen a su visión de la política, de Estado y de comunidad. La simpatía que genere un elector por estos principios compromete a los candidatos ganadores en la contienda a respectar los lineamientos del partido, la idea de país que se quiere y la reproducción de los valores democráticos que profesan.
Partidos jóvenes, emergentes o coyunturales, que aún no han cuajado, están expuestos a que sus candidatos no se crean la idea que da forma al partido, lo cohesiona y lo hace fuerte en el tiempo, y por lo tanto también están expuestos a la disidencia, la separación, o la temida declaratoria de “Independiente”. La separación de una bancada, como ocurre con Andrea Morales, no es nueva, ni propia del PAC, pese a que en estos dos años es este partido el que mayoritariamente adolece de ese fenómeno, en el pasado otros diputados se han separado de sus fracciones y han continuado su actividad concejal o diputadil, pero solamente se encuentran ejemplos entre partidos pequeños, emergentes, jóvenes o nuevos, como se quieran denominar; no se encuentran ejemplos en la historia reciente de declaratorias de “independencias” dentro de los partidos llamados tradicionales.
El Sistema Político, no debería aceptar las declaratorias de “independencia” en ningún espacio colegiado, precisamente por la naturaleza del método de elección, representativa y proporcional basado en listas cerradas y bloqueadas. Por el contrario, ciertamente este tipo de declaratorias, evidencian entre otras cosas, el abandono de los postulados que se ofrecieron al elector para que votara, por lo que convierte en un engaño político, intencional o no, la oferta que se hiciera en tiempo electoral para elegir determinada lista.
Si el sistema electoral, permitiera la elección nominal de los candidatos, otro cantar sería; sin embargo, mientras no sea así, el compromiso de los electos con la oferta electoral y con la cohesión de partido es fundamental. La decisión de separarse implica traicionar la confianza de los ciudadanos en un momento determinado, se constituye en el irrespeto a la manifestación de la voluntad popular en el sistema electoral.
Las soluciones a la disidencia son tantas como creativo sea el político que por estructura, por pensamiento o por personalidad, choque con sus compañeros de fracción o con la dirigencia vertical del partido al que por accidente histórico o por oportunismo pertenezca. Pero de ninguna manera puede la solución que se encuentre traicionar la oferta que se le hizo al electorado para que votara por el mismo partido que le permitió participar en la lista ofrecida al pueblo.
En los electores se encuentra la herramienta necesaria para decidir y elegir partidos políticos con identidad definida e interiorizada por sus miembros, el discernimiento, es el valor democrático que debemos incluir en nuestras escalas en futuras campañas electorales, en las que nos encontraremos con partidos nuevos, partidos fénix, partidos que ofrecerán madurez política con dos o tres años de-formados y unos cuantos reciclados.
* Politólogo
periódico La Prensa Libre 4 julio 2008.

Meneame
del.icio.us