Para entender lo chiquitico…
Johnny Meoño Segura
Politólogo
Hónreme, amigo lector, leyendo con cuidado lo siguiente. Costa Rica, en términos sencillos y lacónicos, es el país que no debía ser, pues no corresponde con el modelo de país solidario y de bienestar configurado en la Constitución Política de 1949... Nos hemos empeñado en dar la espalda a ese modelo país (derechos de los habitantes) y al modelo de Estado (presidencial y centralizado) que podía funcionar mucho mejor con unas pocas normas constitucionales y unas tres leyes superiores sobre dirección y planificación, y presupuestos, para máxima transparencia, eficacia, exigencia y rendición de cuentas.
El resultado neto está a la vista: un deterioro muy marcado en casi todos sus índices de desarrollo. Los partidos políticos, sin excepción alguna, le han dado la espalda a esos preceptos superiores y, en consecuencia, han contribuido a ese deterioro pues han fallado en formar a sus cuadros superiores para ejercer visionaria y lúcidamente el poder al llegar al Gobierno.
Desarticulación. Ello ha estimulado la improvisación, el cortoplacismo y la desarticulación interinstitucional, todo lo cual debió haberse confrontado y revertido a partir de 1974 con la excelente Ley de Planificación Naciona l y, desde 1978, con el gran régimen de dirección gubernativa en la Ley General de la Administración Pública .
En su ausencia, la Ley 4-3 de Juntas Directivas de 1970, la Ley de Presidencias Ejecutivas de 1974 exacerbada por su usurpador reglamento del mismo año, y la creación de “comités políticos informales” para perseguir contrarios también a partir de 1974, hicieron posible la aparición de un régimen de clientelismo político-partidista que, aunado a la muy mala gestión de la cosa pública referida, acabó entronizando todo un escenario de ineficacia y creciente corrupción que no acaba de explotar en todas sus nocivas dimensiones. Desde 1976, Ofiplan denunció esta situación apenas emergente en su Plan Global de Reforma Administrativa… sin lograr el interés de medios, analistas y grupos, requerido para revertir esas fuerzas político-partidistas avasalladoras. Las consecuencias saltan a la vista hoy, en pleno inicio del siglo XXI.
Lo anteriormente escrito es parte de la introducción de nuestro próximo libro editado por el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la UCR. Lo ofrecemos como reacción al buen editorial de La Nación del 21/6 intitulado “Estado solidario” en el que inculpa, en el contexto de las huelgas en Japdeva y el Hospital SJD, a “…dirigentes, gobernantes, analistas, estudiosos, instituciones públicas, partidos políticos y todos aquellos que deberían tener un cierto concepto del interés público…”, pero han hecho siempre, afirma, la vista gorda sobre esos problemas mayores.
Rendir cuentas. Sin embargo, es en este mismo contexto analítico donde no hemos visto aun un solo editorial o reportaje en este u otro medio que emplace al Presidente y a cada uno de sus concretos ministros, para que den cuentas precisas de esos desmanes e ineficacias de los entes autónomos bajo su claro e insoslayable mando político, entre otras situaciones que hemos denunciado durante más de tres décadas (como la improvisación u omisión permanentes en materia precisamente de dirección y planifi- cación, en regionalización y sectorialización como marcos idóneos para una constante y efectiva concertación sociopolítica con la población, sobre la nociva improvisación en materia de gerencia pública y la negligencia misma de los partidos sobre todo esto y, como si no bastara, sobre las ineficaces prácticas “opositoras” en materia de control político legislativo).
Por aquí hay que comenzar para mejorar, ya, aspectos sustanciales del desempeño gubernativo y social: los propios medios de comunicación deberían reconocer ese marco normativo superior que sí ha permitido, todo este tiempo, el excelente gobierno. Contribuirían así a una mejor formación de la opinión pública y de muchísimos analistas, partidos, estudiosos, instituciones y gobernantes, pues harían ver, desde sus influyentes indagaciones e informaciones calificadas, cómo estas improvisaciones en su dimensión ‘macro’, son la causa real de nuestro mal funcionamiento ‘micro’ institucional y social que nos asfixia.
O sea que, en materia de procesos públicos asociados a la compleja institucionalidad creada y a sus erráticos resultados sobre todo problema nacional, hay que entender, primero, el universo total para entonces entender y solucionar lo ‘chiquitico’ que nos agobia día con día. De lo contrario, continuaremos como enanos que alientan engañosas y aletargadoras aspiraciones de gigantes.
periódico La Nación 4 julio 2008.

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