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RESONOCO

19/08/2008 GMT 1

Juana de Arco es colombiana

marfuerte @ 03:44

Abril Gordienko López

Ingrid Betancourt representa las mejores cualidades de la mujer moderna

Abogada

Lucidez, equilibrio, temple, serenidad, compasión, calidez, dulzura, coraje, inteligencia, fe en Dios... Ingrid Betancourt no es perfecta, pero lo fue por varias horas, el día de su liberación y al día siguiente. No dijo una palabra de más, no dijo una palabra de menos; no se victimizó ni se encumbró, aunque sabe que ya no es más aquella candidata conocida solo para sus compatriotas; sabe que es una celebridad –el apoyo de Francia fue determinante para la globalización de su cautiverio y de su nombre–, que su rostro ha paseado por las pantallas del mundo y ha sido colgado en mantas enormes en plazas y salones de cientos de ciudades que quizás ella ni ha pisado. Sabe lo que representa y lo que se espera de ella. En varios círculos internacionales, se especula si será la próxima presidenta de Colombia, si será una especie de embajadora de paz, si escribirá un best seller o filmarán su historia.

Hace muchos año, Ingrid Betancourt se propuso generar un cambio en su maltratado país y lo hizo, si bien por crueles caminos insospechados. Posiblemente, a la larga, su brutal destino provocó más impacto que el que habría producido de otra forma, pero sin robarle un ápice de su brillantez. Ha mostrado al mundo su dimensión de politóloga, su linaje de estadista; no dejó duda de que es un valor para Colombia y para el mundo entero.

Con extraordinaria claridad y sorprendente aplomo, mostró ante los micrófonos planetarios que está al tanto de todo lo que ha ocurrido durante estos años, de que Colombia no es el único país secuestrado por el terrorismo y la guerrilla, que ella no es la única que ha vivido esa tragedia, y con firmeza llamó la atención de los gobernantes sobre la necesidad de la cooperación de muchos países para luchar con efectividad contra esa lacra.

Dimensión humana. Nos mostró también su dimensión humana, de mujer, de cristiana, de hija, madre y esposa. Es ese aspecto el que más me impresionó. Fue al infierno y regresó con una fe más sólida; con un rosario en la mano, sus primeras palabras en libertad fueron de gratitud a Dios. Le saquearon la vida familiar y personal, no pudo enterrar a su padre ni vio crecer a sus hijos, que tuvieron que madurar de golpe y porrazo, y volvió sin rencor; le truncaron sueños e ilusiones, y regresó con esperanza. A nivel profesional, le interrumpieron su exitosa carrera política, y volvió fortalecida.

No importa si Ingrid Betancourt escoge a partir de ahora seguir una vida pública de lucha contra el terrorismo, si llega a ser Presidenta de Colombia o Secretaria General de la ONU, o si más bien decide recogerse pacíficamente en su hogar, para tratar de recuperar el tiempo perdido, de remendar con hilo de seda los huecos que más de seis años de cautiverio mordisquearon al tejido de su existencia.

Hoy, ella es el icono que necesitan las jóvenes contemporáneas para aspirar a más, para dejar de creer que el ideal es parecerse a Paris Hilton o a Britney Spears. Ingrid Betancourt representa las mejores cualidades de la mujer moderna. El tiempo dirá lo que esta asombrosa mujer hará de ahora en adelante, pero lo que ya hizo me basta para admirarla profundamente.
periódico La Nación 5 julio 2008.

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