Librero 2
Nacionalismo de cercanías
Rafael Cuevas M.
Sandino y la intelectualidad...
EUNED (Historia)
Pedidos: 2234-7954
Joaquín Santana
jsantana51@terra.com.mx
En las primeras décadas del siglo XX, una pléyade de intelectuales se dio a la tarea de elaborar y difundir ideas que apostaban por un ideal latinoamericanista. El ensayo del uruguayo José E. Rodó, Ariel (1900) se convirtió rápidamente en su emblema.
Con él, se dolían de la admiración y el seguidismo que despertaba en América Latina el modelo estadounidense, la nordomanía (decían) que se correspondía con un modo de vida no apto para nuestro espíritu latino.
Al mirar el contexto político, es fácil entender esas posiciones. Por un lado, el proyecto de los liberales y de los intelectuales positivistas había logrado construir –con carencias y defectos– los distintos nacionalismos latinoamericanos, pero sus límites aparecían ya con evidencia pues amplios sectores de la población se sentían excluidos. Por otro, nuevas fuerzas sociales y políticas surgían con proyectos distintos: se afianzaba el movimiento obrero moderno, con ideas socialistas y anarquistas.
Recuérdese que en la Rusia de 1917 se produjo la revolución que fundó el primer Estado de obreros y campesinos, y que, en nuestras tierras, entre 1910 y 1917, se llevó a cabo la Revolución Mexicana, movimiento nacionalista y agrario.
En este contexto de fuerte y creciente presencia de los movimientos nacionalistas vinculados a las cada vez más visibles expresiones organizadas de los sectores populares, los Estados Unidos se vuelcan sobre Hispanoamérica hasta convertirse, tras la Primera Guerra Mundial, en la potencia hegemónica, luego de desplazar al Imperio Británico, su principal oponente.
Entonces, no es de extrañar que el nuevo nacionalismo que se define en estas circunstancias tenga un fuerte carácter antiimperialista, ni que, a la nordomanía, se oponga un latinoamericanismo que buscará sus raíces en las ideas de Bolívar, Martí y otros.
Por su cercanía, la cuenca del Caribe se constituirá en un espacio geoetratégicamente vital para el naciente dominio norteamericano. Este se expandirá primero sobre México, cercenándole la mitad de su territorio, y luego sobre las islas del Caribe y Centroamérica. Haití, República Dominicana y Cuba sentirán su presencia militar.
Desde los albores del siglo XX, en Nicaragua ocurrirá un caso similar. Desde el derrocamiento de José Santos Zelaya en 1919, se establecerá un cuasiprotectorado pues la presencia militar norteamericana será constante, con breves intervalos con presidentes impuestos. La razón era: controlar una zona donde podría construirse un canal interoceánico a través del río San Juan y el Gran Lago de Nicaragua, o impedir que otra potencia lo construyese.
Sin embargo, hubo resistencia armada a la presencia norteamericana; por ejemplo, Benjamín Zeledón, en la primera década del siglo XX, y Sandino desde 1927.
Augusto César Sandino (1895-1934) fue un referente de la resistencia nacionalista y latinoamericanista. Hombre de raíz popular, basó su ideario en ideas que circulaban por México y Centroamérica: el nacionalismo de la era de la nacionalización del petróleo mexicano (1938), un liberalismo democrático heredado de su padre, e ideas de corte teosófico.
Sandino no fue un intelectual, pero su resistencia influyó en los intelectuales nacionalistas y antiimperialistas que había en toda América Latina, incluida Costa Rica. Aquí, Joaquín García Monge, Carmen Lyra, Octavio Jiménez y otros crearon un comité de solidaridad con el nicaragüense y escribieron tanto en la revista Sandino (que fundaron) como en el Repertorio Americano .
Sobre todo esto trata el libro de Rafael Cuevas Molina que reseñamos. Llena un vacío de la historiografía centroamericana y abre nuevas perspectivas de trabajo hasta ahora inéditas.
Suplemento Áncora. Periódico La Nación 6 julio 2008

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