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RESONOCO

20/08/2008 GMT 1

Pekín encuentra oro

marfuerte @ 02:49

Edward Friedman | Copyright: Project Syndicate, 2008 www.project-syndicate.org Traducido del inglés por Carlos Manzano.@nacion.com

El régimen chino ha neutralizado el movimiento internacional pro derechos humanos

Edward Friedman es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Wisconsin en Madison y autor de numerosos libros, el más reciente de los cuales es What if China doesn’t Democratize? Implications for War and Peace (“¿Y si China no se democratiza? Consecuencias para la guerra y la paz”)

MADISON (WISCONSIN) – En vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín, muchos activistas y observadores de derechos humanos siguen esperando que el apoyo del Partido Comunista de China a regímenes odiosos, como, por ejemplo, los de Birmania y del Sudán, y su opresión de los budistas tibetanos, los musulmanes uigures y los espiritistas de Falun Gong induzcan a los jefes de Estado democráticos a boicotear los Juegos o a los atletas y los espectadores a manifestarse en nombre de las víctimas. Lo dudo. Es probable que las únicas manifestaciones sean las de celebración del gran número de medallas de oro obtenidas por China.

Nadie debe subestimar la voluntad y las capacidades de China, en particular cuando centra su mente colectiva en un objetivo. China es una superpotencia naciente que ha amasado las mayores reservas de divisas extranjeras del mundo. Ningún Gobierno importante se arriesgará a arrostrar represalias insultando al régimen chino con un boicot o una protesta pública. De hecho, Francia ya ha enviado representantes a Pekín para disculparse por apoyar al Dalái Lama y por las protestas que hubo durante el relevo de la antorcha olímpica en París.

De Seúl a San Francisco, pasando por Sidney, los ciudadanos de las democracias se sintieron irritados al ver que visitantes chinos intimidaban para que guardaran silencio a tibetanos indefensos que pedían derechos mínimos en nombre de sus hermanos en la autoritaria China, pero la realidad es que el régimen chino ha neutralizado en gran medida el movimiento internacional en pro de los derechos humanos. A raíz del terremoto de Sichuan, las críticas a China resultarán aún más atenuadas.

Dando y dando. En 1997, Dinamarca, nación cuya población ha demostrado su compromiso con los derechos humanos, pidió a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra que examinara la larga ejecutoria de violaciones del PC chino. China respondió anulando una misión comercial danesa. Francia entendió el mensaje y los franceses no tardaron en dejar de promover resoluciones relativas a los derechos humanos en China. Después los franceses fueron recompensados con una serie de contratos lucrativos en China.

Sin embargo, los Estados Unidos persistieron y China convenció a sus aliados para que votaran a favor de la expulsión de ese país de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Aunque China es el campeón mundial de la aplicación de la pena capital y del encarcelamiento de activistas, su ejecutoria en materia de derechos humanos ha dejado de ser objeto de un riguroso examen internacional.

Aunque China pregona que concede su ayuda e inversión en África sin exigir nada a cambio, los gobiernos que las aceptan corresponden a China con recursos naturales y capital político. Anulan las relaciones oficiales con Taiwán. Votan para proteger a China de las investigaciones sobre los derechos huma- nos. Acceden a no defender al Dalái Lama, al budismo tibetano y a las víctimas tibetanas en China. Muchas naciones africanas envían un gran porcentaje de su PIB a China todos los años.

Voces audaces. Los europeos consideran que el dinero chino en África está socavando las medidas internacionales para fomentar la gestión idónea de los asuntos públicos y les preocupa que se utilicen los fondos chinos para apuntalar a regímenes autoritarios y corruptos. Desde luego, China tiene mucha liquidez, formula sus peticiones con claridad y hace pocas preguntas y la combinación de esas políticas con su peso económico le ha granjeado seguidores.

Pero algunas voces audaces se han hecho oír. El premio Nobel de Sudáfrica, el obispo Desmond Tutu, ha hablado con toda claridad en pro de los derechos tibetanos y recientemente sindicalistas sudafricanos se negaron a desembarcar armas chinas para el régimen de Robert Mugabe en Zimbabue. El Gobierno de Corea del Sur expresó su desagrado por el modo como visitantes chinos atacaron a manifestantes pacíficos en pro de los derechos humanos cuando la antorcha olímpica pasó por ese país.

Naturalmente, a raíz de la protesta mundial, China ha cedido un poco en relación con el Tíbet y funcionarios chinos se han reunido con representantes del Dalái Lama, pero, como ocurrió con los manifestantes tibetanos en marzo de este año, quien en los Juegos Olímpicos intente llamar la atención sobre la ejecutoria del régimen en materia de derechos humanos recibirá una respuesta rotunda. El Gobierno ha reforzado su sistema de seguridad y ha instalado un sistema ubicuo de cámaras de vigilancia.

Se están denegando los visados a todos cuantos han actuado en nombre de los derechos humanos, con el consiguiente resultado no deseado de perjudicar el comercio internacional en China.

Monopolio del poder. Pero la prioridad de China no es solo la de perpetuar el crecimiento económico, sino la de fomentar el crecimiento sin dejar de proteger su monopolio del poder. El régimen está decidido a demostrar al mundo que China, que vuelve a ser una potencia mundial, puede hacer una escenificación espectacular y que se oiga su voz.

De modo que el mensaje de los Juegos Olímpico es el de que el sistema político de China no solo gestiona diestramente los asuntos internacionales, sino que, además, se debe considerar la “vía china” superior incluso a los sistemas democráticos.

Las implacables medidas adoptadas por el Partido Comunista chino propiciarán sin duda un crecimiento económico continuo, garantizarán la estabilidad política y le granjearán un importante apoyo a escala mundial.

Pero el régimen ha pasado por alto un detalle decisivo en su incesante marcha hacia unos Juegos Olímpicos “logrados”. En realidad, interesa a China llegar a un acuerdo con el Dalái Lama y empezar a cerrar la brecha entre los chinos han y los tibetanos.

Con ello no solo contribuiría a desactivar la disensión en el Tíbet, sino que, además, daría un lustre auténtico a su posición mundial de China y una señal de la adopción madura de decisiones que caracteríza a una verdadera “gran potencia”.
periódico La Nación 6 julio 2008

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