Tristeza olímpica
En el 2005, el director estadounidense Steven Spielberg llevó a la pantalla grande los hechos de sangre que empañaron los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972.
Buena labor. Los actores Mathieu Kassovitz y Eric Bana dan sólidas actuaciones como miembros del comando antiterrorista israelí.
Inti Picado Ovares
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En tiempos de Juegos Olímpicos -como los que precisamente se inauguraron este viernes por la mañana en Pekín- una de las páginas más tristes de la historia olímpica vuelve a la mente de todos nosotros. La que con el tiempo se conocería como “la masacre de Múnich” tuvo lugar en la ciudad de Múnich, el 5 de setiembre de 1972, durante la XX edición de los Juegos Olímpicos de verano. Aquel triste día, un comando de de terroristas palestinos denominado Setiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olímpico de Israel.
Una vez concluidas las 21 horas que duró el secuestro, el saldo era sangriento: once atletas israelíes murieron, además de 5 de sus 8 secuestradores. La televisión llevaría la señal de la tragedia a todo el planeta.
De la realidad al cine
La más reciente de las adaptaciones a la gran pantalla de lo acaecido en Múnich en 1972 data del 2005. Aquel año, el director judío Steven Spielberg presentó al mundo su obra Múnich, un trabajo cargado de coraje y conciencia. Apoyándose en el libro del escritor George Jonas Venganza: la verdadera historia de un equipo antiterrorista israelí, publicado en el año 2000, Spielberg ensambla una historia que lo coloca en el lugar más desafiante de todos, justo en la línea que divide a los israelitas y los palestinos.
Así, somos testigos de lo sucedido en 1972 durante las primeras secuencias de la cinta, para seguir en el resto de la película la cacería humana emprendida por Israel; una especie de ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. Y qué mejor secuencia para mostrar esto que aquella en la que vemos -simultáneamente- las fotos y los nombres de los atletas asesinados y los perpetradores del crimen. Así, el cineasta otea las décadas de ataques y contraataques de ambos bandos, esa espiral sin fin que tiene en vilo a la humanidad desde hace décadas. Nada en Múnich es casual.
“No hay paz al final de esto”, concluye uno de sus personajes; y esa tesis es la que defiende el filme.
Ahora, 36 años después de aquella triste página, el mundo vibrará de nuevo con unos Juegos Olímpicos. Con ello, el espíritu de la tolerancia y el respeto a la libre determinación de los pueblos unirá a la humanidad.
periódico Vuelta en U 8 agosto 2008.

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