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RESONOCO

30/08/2008 GMT 1

Tristeza olí­mpica

marfuerte @ 02:30

En el 2005, el director estadounidense Steven Spielberg llevó a la pantalla grande los hechos de sangre que empañaron los Juegos Olí­mpicos de Múnich en 1972.

Buena labor. Los actores Mathieu Kassovitz y Eric Bana dan sólidas actuaciones como miembros del comando antiterrorista israelí­.
Inti Picado Ovares
ipicado@vueltaenu.co.crEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
En tiempos de Juegos Olí­mpicos -como los que precisamente se inauguraron este viernes por la mañana en Pekí­n- una de las páginas más tristes de la historia olí­mpica vuelve a la mente de todos nosotros. La que con el tiempo se conocerí­a como “la masacre de Múnich” tuvo lugar en la ciudad de Múnich, el 5 de setiembre de 1972, durante la XX edición de los Juegos Olí­mpicos de verano. Aquel triste dí­a, un comando de de terroristas palestinos denominado Setiembre Negro tomó como rehenes a once de los veinte integrantes del equipo olí­mpico de Israel.
Una vez concluidas las 21 horas que duró el secuestro, el saldo era sangriento: once atletas israelí­es murieron, además de 5 de sus 8 secuestradores. La televisión llevarí­a la señal de la tragedia a todo el planeta.
De la realidad al cine
La más reciente de las adaptaciones a la gran pantalla de lo acaecido en Múnich en 1972 data del 2005. Aquel año, el director judí­o Steven Spielberg presentó al mundo su obra Múnich, un trabajo cargado de coraje y conciencia. Apoyándose en el libro del escritor George Jonas Venganza: la verdadera historia de un equipo antiterrorista israelí­, publicado en el año 2000, Spielberg ensambla una historia que lo coloca en el lugar más desafiante de todos, justo en la lí­nea que divide a los israelitas y los palestinos.
Así­, somos testigos de lo sucedido en 1972 durante las primeras secuencias de la cinta, para seguir en el resto de la pelí­cula la cacerí­a humana emprendida por Israel; una especie de ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. Y qué mejor secuencia para mostrar esto que aquella en la que vemos -simultáneamente- las fotos y los nombres de los atletas asesinados y los perpetradores del crimen. Así­, el cineasta otea las décadas de ataques y contraataques de ambos bandos, esa espiral sin fin que tiene en vilo a la humanidad desde hace décadas. Nada en Múnich es casual.
“No hay paz al final de esto”, concluye uno de sus personajes; y esa tesis es la que defiende el filme.
Ahora, 36 años después de aquella triste página, el mundo vibrará de nuevo con unos Juegos Olí­mpicos. Con ello, el espí­ritu de la tolerancia y el respeto a la libre determinación de los pueblos unirá a la humanidad.

periódico Vuelta en U 8 agosto 2008.

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