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RESONOCO

03/09/2008 GMT 1

La Iglesia y los laicos

marfuerte @ 02:41

Enrique Vargas Soto

Las faltas que cometen sacerdotes y laicos no es un mal imputable a toda la Iglesia
Abogado

La Iglesia no está atrasada, si alguien pensara así. La doctrina del “Cristo de la fe y de la historia” es inmutable, no cambia. Somos nosotros los laicos quienes fallamos y no difundimos más y mejor su mensaje de salvación y humanidad, de paz y sentido último del mundo y de la vida.

Con nuestro pobre comportamiento creamos un vacío doctrinal y vivencial que la hace aparecer no tan potente como se quisiera. Si leemos las constituciones, decretos y declaraciones del Concilio Vaticano II de 1965 y las 14 encíclicas de Juan Pablo II más las 2 de Benedicto XVI, resulta excesivo pensar en la necesidad de otra puesta al día, de otro aggiornamento . Este período va de 1979 al 2007. El defecto está en los laicos, que constituimos el grueso de los fieles, no en esa porción minoritaria de la jerarquía. También confunde a algunos creyentes el error de convertir el caso extraordinario en lo común.

Las faltas, por graves y condenables que sean y que puedan cometer algunos sacerdotes y laicos, no es un mal imputable a toda la Iglesia o que ella merezca el repudio general. La conducta de unos pocos no justifica salirse de su redil, abandonarla.

Valores. En otras palabras, la cara externa de la Iglesia, esa forma en que los creyentes vivimos la fe, no impide a nadie la libre y personal apropiación de su cara interna, el conjunto de valores sin mancha ni arruga, siempre a la espera de que los convirtamos en vida y en medio de levantar la temperatura espiritual de la sociedad.

Lo aconsejable es la unidad de vida, la coherencia entre el decir y el hacer, como si se tratara de unir estas dos caras. Otro mal que la afecta es ese frenético afán de libertad, esa falsa autonomía de la persona, su irracional independencia: el sentirse “iluminado” y legitimado para fundar confesiones “cristianas” de todo género.

Esto ha traído un daño sustancial a la Iglesia: su teocentrismo se ve reemplazado por un antropocentrismo. Lo fundado por el Hijo de Dios se cambia y se pone por centro al fundador de la confesión, sobre todo si es extranjero. Y cada grupo se declara verdadero, tal es su confusión. Se sustituye su centro, el eje vital de la Iglesia, y se diluyen sus fundamentos teológicos, filosóficos y culturales.

El auténtico sentimiento religioso es sustituido por un sentimiento mágico o supersticioso, o por falsas doctrinas e ideologías, y se crea un desorbitado subjetivismo moral. La rectitud de conciencia es suplantada por una conciencia relativista o de situación, por una conciencia permisiva.

No se la puede concebir como una institución humana más, sujeta a los vaivenes de la época. Su origen es divino, igual que su protección. Lo confirma la historia. La Iglesia une a la humanidad con la divinidad. Esta deificación del hombre se da por vía de los sacramentos, y con ellos nos nace un nuevo ser.

Riqueza. Pero volvamos al principio: la riqueza de aquellos documentos es impresionante. En ellos se encuentran todos los temas de actualidad: vida humana, familia, trabajo, justicia, solidaridad, desarrollo, libertad, cultura, ciencia, técnica, bioética, economía, amor, verdad, razón, Iglesia, arte, hambre, guerra, ética, ecología, racismo, vida espiritual… Para una mayor información la editorial española EDIBESA ha publicado el libro Encíclicas de Juan Pablo II , quinta edición, Madrid, 2003. También puede consultarse vatican.com en Internet.

Somos los laicos, esa gran mayoría de feligreses, quienes la empobrecemos al no vivir ni difundir con más intensidad estos documentos. Por eso la hacemos aparecer como caminando detrás del pensamiento moderno.

Olvidan que una pléyade de teólogos, pensadores, escritores y santos la protegen y adaptan su mensaje a los tiempos. La Iglesia, creadora de las universidades, no se cansa ni se olvida de enseñar ni de transmitir su esperanza eterna.

Si estudiamos más y mejor las constituciones, decretos y declaraciones del Concilio Vaticano II más las 16 encíclicas del período 1979-2007, y si llenamos vacíos a base de una vida de fe con obras, la Iglesia iluminará al mundo con una luz más potente y será mayor su contribución a la paz y a la humanización de esta abrumadora etapa de la historia.
periódico La Nación 12 julio 2008.

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