Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
Hay una lectura parcialmente equivocada acerca de la baja en la popularidad medida estadísticamente, del gobierno del Dr. Arias Sánchez.
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Luego de la Administración Carazo Odio se fortaleció la figura de quien fuera el presidente anterior, Daniel Oduber Quirós, quien comandó durante muchos años después la cabecera de los hombres más apreciados y respetados del pueblo costarricense. La campaña mediática tan fuerte contra él, apenas empañó su imagen pública poco tiempo antes de su muerte.
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Cuando le consultaron a Oduber a qué se debía esa posición privilegiada tan sostenida por las encuestas, respondió con gran acierto. Don Daniel dijo que se debía a que Carazo había hecho tan mala presidencia, que había engrandecido automáticamente la de él, pues el pueblo recordaba una y otra administración y frente a tal espejo, la admiración se volcaba a su favor.
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Sin duda alguna lo mismo pasó con Arias Sánchez. Cuando el pueblo vio sus primeros meses de administración, con una personalidad, mando, derroteros, decisiones, etc, tan alejados de lo que fue la Administración de Abel Pacheco, el país sintió un shock, un “golpe de vista”, lo que fue totalmente normal sicológicamente hablando, y elevó más allá de lo que se merecía la percepción del gobierno actual. En otras palabras, son factores externos que influyen para crear un espejismo.
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Algo parecido ocurre en el amor. Luego de los fracasos de pareja, uno de los dos inicia otra relación romántica y tiende a comparar el comienzo de esta con el final de la otra, y por supuesto que el pobre ex marido o ex novio aparece en la memoria como el más “chuica” de los seres humanos. Es de ahí de donde nacen las expresiones como: “no sé cómo pude haber estado con …” o “fue un error en mi vida…”
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El ser humano es así. De ahí que la Administración Arias en la realidad, no es hoy ni peor ni mejor de lo que fue a su inicio, pero aquella sensación de tener un gobierno con un “hombre en casa”, con norte, con decisiones, pensante, nos hizo compararlo con aquel pachequista de expresiones cantinflescas, de “sacaditas de tarjetas”, pero vacío en autoridad, en ideas, en imagen, en sinceridad… Y entonces, creímos que habíamos arribado a un nuevo amanecer.
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Pero, no. Para mi gusto, tenemos apenas a un “gobiernito bueno”, ¡pero nada más!
periódico La Prensa Libre 11 agosto 2008.

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