Columna DIGAMOSLO
Walter Hernández Valle
guelo59@hotmail.com
* Ojalá sea cierto aquello de que la vida no es más que una sucesión de ciclos. Como el día y la noche.
Porque eso nos haría alentar la esperanza de que esta etapa que estamos viviendo, llegue pronto a su fin.
* Son ya muchas décadas de vivir en el oscurantismo moral y mental en que nos sumimos cuando abandonamos la práctica de todos los ejemplares valores que nos legaron nuestros antepasados.
* Con la pérdida del respeto por los mayores, del valor de la palabra empeñada, de la vergüenza, de la lealtad y del verdadero amor, se fue carcomiendo la otrora inconmovible base de nuestra sociedad: la familia.
* Entre las celebraciones más comunes y festejadas, se hallaban las bodas de oro, en las que se reunían varias generaciones de una misma familia.
El amor y el respeto de los nietos por sus abuelos, era proverbial. Y su recuerdo ocupa un sitial de honor en el alma de todos aquellos que peinamos canas, sin duda.
* Todo eso fue desapareciendo, lamentablemente. Ahora cuesta encontrar matrimonios que cumplan cinco años de existencia. Muchos, incluso, no llegan ni a su primer año. Lo peor de todo, es que muchas parejas ya no se casan: viven en despreocupado concubinato.
* ¿Con qué autoridad moral van a prohibirle a sus hijas adolescentes irse a convivir con algún individuo que las envuelva en sus artilugios? Porque las mujeres son las que llevan la peor parte en este tipo de “uniones libres”, como eufemísticamente las califican.
* Si procrean hijos, un día de tantos, el hombre hace abandono de ellos y de su madre y ésta es la que debe luchar sola para mantenerlos.
A veces, solo consigue lo necesario para sobrevivir ella y sus desamparados vástagos.
* Pero, esta descomposición social alcanza también a toda la comunidad, al país. O a los países, pues tal situación se registra en muchas de las naciones del mundo hoy en día.
* Así, vemos proliferar por todas partes los actos de corrupción.
El mal uso de los recursos públicos y privados. La falta de transparencia en los actos de quienes están más obligados a desempeñarse con honradez y cristalinidad.
La ingratitud, la deslealtad, el compadrazgo y la desvergüenza campean por doquier.
* Ojalá, repito, termine pronto este abominable ciclo y venga otro totalmente opuesto, como un Renacimiento moral de la Humanidad. Algo así como el Ave Fénix...
* Digámoslo: Siempre hay un mañana.
periódico La Prensa Libre 15 julio 2008.

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