La Costa Rica que veo
•Los siglos coloniales
Alberto Cañas
Como no había gran riqueza ni aborígenes que explotar, ya que hemos visto que se escondieron por Talamanca y otras regiones norteñas, los españoles que aquí llegaron, más que conquistadores, fueron colonos.Y existe la hipótesis de que en buena parte eran individuos interesados, por decirlo de algún modo, en desaparecer. Judíos, se ha pensado. Algunos han dicho que quizá delincuentes.
Lo cierto es que a Costa Rica se llegaba por el norte, por vía terreste, y que los españoles pasaban primero por Guatemala, porque aquí no había donde atracar un barco en el Atlántico; lo cierto es también que los recién llegados se esmeraron en poblar de primera la vertiente del Pacífico (entre las dos en que una cordillera divide a Costa Rica); que las primeras instalaciones portuarias las construyeron en la costa del Golfo de Nicoya y que Costa Rica no tuvo puerto en el Caribe sino hasta que, durante la dictadura de Tomás Guardia (1870-1882) se construyó el puerto de Limón, donde estuvo el Cariari que Colón visitó.
Quienes en los años postreros del período colonial querían llegar a este país por el Caribe sin pasar por Guatemala, desembarcaban en San Juan del Norte, llamado más tarde Bluefields (Nicaragua), y se internaban desde allí por distintas rutas semi-fluviales y, pasando por Sarapiquí, hasta llegar a la región habitada de Costa Rica, en cuya vertiente atlántica sólo existía una aldea importante: Cartago, capital de la provincia, y en algún momento un poblacho llamado Turrialba (Torre Blanca, nombre sobre cuyo origen hay varias teorías más bien leyendas).
Tan aislados de la Corona vivieron estos colonos, que cuando en España declinó, hasta desaparecer, el trato personal de “vos”, para ser sustituido por el trato de “tú”, los habitantes de Costa Rica no se enteraron, y siguieron hablando de vos (como ocurrió también en el Río de la Plata, otra plaza colonial prácticamente abandonada por la Corona española).
Costa Rica fue el extremo sur de la Capitanía General de Guatemala, y durante casi tres siglos sus habitantes vivieron principalmente de la cría de caballos y su venta (totalmente ilegal y por lo tanto clandestina y contrabandística) en Veragua (hoy Panamá), a donde llegaban por veredas paralelas a la costa del Pacífico (que se presume serían las mismas transitadas por los revolucionarios que en 1918 se alzaron contra el gobierno tiránico de Federico Tinoco). También cabe apuntar que la vertiente del Pacífico es más seca que la muy húmeda del Atlántico y, por lo tanto, más sana y más atractiva para viajar por ella y hasta para vivir.
En Costa Rica se vivía en pobreza extrema. Existe un curioso documento, en el cual algunos enemigos suyos acusan al Gobernador español de que su familia no acude regularmente a misa los domingos, a lo cual el Gobernador contestó que, siendo padre de muchos hijos, no tiene ropa dominical adecuada para todos, de suerte que los turna en el uso de la ropa y en la asistencia a la misa. El puesto de Gobernador no debe de haber sido muy atractivo, y el último de ellos, significativamente, no fue un español sino un criollo; Juan Manuel de Cañas (sin parentesco alguno con el autor de estas líneas, pero antecesor en línea recta del prócer Ricardo Moreno Cañas).
En todo caso, quien quiera saber cómo se vivía en Costa Rica en 1821 cuando sobrevino la independencia de España, no tiene más que indagar si en este país existe alguna edificación que recuerde el poder político de la colonia. Y encontrará que sólo dos iglesias importantes (la de Nicoya y la que en 1821 estaban construyendo en Heredia) y una muy pequeña (en Orosi, acaso una ermita entonces) nos quedan de ese período. No existen manifestaciones físicas del poderío político español. Tampoco referencias, recuerdos o tradiciones que digan que alguna vez existieron.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 26 agosto 2008.

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