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RESONOCO

06/09/2008 GMT 1

Un Óscar para la prensa

marfuerte @ 18:50

Enrique Tovar

periodista

En una democracia como la de Costa Rica, siempre habrá pugna entre la prensa y quien gobierne. En una sociedad en libertad, como la de Costa Rica, siempre habrá contradicción, o aflorarán constantemente los cuestionamientos.

La misión de un buen presidente es gobernar lo mejor posible, especialmente procurar el bienestar de la mayoría de la población y crear más oportunidades para todos.

Misión de la prensa. La misión de los buenos periodistas es hurgar, husmear, dudar, averiguar, preguntar, fiscalizar. Para los gobernantes, sean excelsos o no, la buena prensa siempre será un dolor de cabeza, porque la misión de quienes ejercen el periodismo en una democracia es ser incómoda ante el poder. Aunque se equivoque, o a veces se exceda, la prensa no puede ser complaciente con quienes gobiernan. La transparencia así lo exige. La democracia así lo impone.

Da la casualidad de que en estos momentos Costa Rica tiene un excelente presidente y goza de una muy buena prensa, averiguadora y recelosa de los políticos.

Da la casualidad de que en una época aciaga como la que nos toca sufrir, y luego de pésimos gobiernos, al frente de los destinos del país está precisamente un hombre dotado de capacidad como Óscar Arias Sánchez, quien aparte de ir dándole oxígeno o respiración asistida a un Estado colapsado, debe afrontar nefastos embates mundiales, como la crisis alimentaria y los galopantes aumentos del precio del petróleo.

Aparte de eso, nuestro presidente debe lidiar con una Asamblea Legislativa cuya característica principal es entrabar, aunque hay que reconocer que la actual legislatura –en medio del obstruccionismo– ha aprobado buenas leyes y ha guardado un apreciable nivel de eficiencia y decencia, especialmente si se la compara con períodos anteriores.

El señor Presidente debe ver cómo aligera proyectos, cómo consigue recursos para echar a andar o fortalecer iniciativas. Es en un terreno de arenas movedizas donde tiene que desempeñarse o desde el cual darle aliento a sus acciones. Muchas veces deberá guardar silencio para no echar a perder una negociación en beneficio del país, o deberá disimular al máximo una acción emprendida para que se cuaje lo mejor posible. Eso es parte de su ejercicio político, de su actuación como gobernante, de su trabajo de estadista.

Sin concesiones. Sin embargo, para la prensa las cosas son diferentes. Está obligada a averiguar, a escarbar, a contarlo todo, sin concesiones de ninguna clase. Esto, por supuesto, puede ser irritante para cualquier gobernante, por más sereno o ecuánime que sea.

En este cuadrilátero o escenario, entre el poder político y la prensa se vienen desenvolviendo el buen presidente Óscar Arias Sánchez y los acuciosos periodistas. La pugna va a seguir. Cuando ya Arias Sánchez no esté gobernando, vendrán otros u otras –que podrían ser Laura Chinchilla, Johnny Araya, Otto Guevara, Ottón Solís–… Y en nuestra democracia habrá de continuar, irremediablemente, ese saludable pugilato.

Por de pronto, la prensa tiene su Óscar.
periódico La Nación 16 julio 2008.

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